Can Culleretes, el restaurante más antiguo de Catalunya (2a parte). Descubre toda su historia.

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A continuación reproducimos la segunda parte de la entrevista que mantuvimos con las responsables del restaurante Can Culleretes, de Barcelona, en el Gótico, considerado por el Récord Guinness como el más antiguo de Catalunya. Una historia muy interesante, llena de momentos buenos pero también otros bastante más complicados (en la web, dentro de la sección de “Entrevistas”, tenéis también la primera entrega).


¿Cuándo puede decirse que el restaurante empieza a ir bien?
Pues igual tras esos 8 o 10 años cuando prácticamente no se hacía ningún día de fiesta ni vacaciones. El personal, lógicamente, sí tenía su día.

¿Esta crisis actual les ha afectado?
La crisis nos ha afectado a todos pero afortunadamente a nosotros no tanto. Sí, sobre todo, por las noches. Hemos tenido suerte de los turistas y, pese a las críticas, hay que recordar que Barcelona es una ciudad turística. No nos equivoquemos. Muchos restaurantes de esta zona y también de la Barceloneta destacan que tenemos suerte, por las noches, de los turistas porque si no el panorama sería otro.

¿La causa se debe sobre todo a la crisis actual?
Bueno, ya antes se decía que el barrio se había deteriorado, que si había muchos robos… Ahora todo esto es muy distinto, las cosas están muy controladas y es difícil ver un tirón de bolso. Antes, hace sobre unos diez años, era un continuo y ahora ya no. Ahora estamos como en todas partes. El turismo ha sido importante para nosotros. Barcelona está de moda. Nosotros, que no nos publicitamos, vivimos mucho del boca-oreja. Al mediodía, entre semana, hacemos unos menús que están muy bien de precio y que hacen que venga mucha gente que trabaja en la zona.

¿Han hecho siempre menús?
No, antes no lo hacíamos. Hará sobre unos quince años que lo hacemos: cuando vimos que las cosas se complicaban un poco. Hemos puesto de nuestra parte para atraer a más tipos de gente. Hay veces que voy a sitios en los que veo que no hacen menús y pienso que, igual, se están equivocando pero, bueno, cada uno hace en su casa lo que quiere, claro. Es cierto que con los menús llenas mucho pero haces poca caja. Pero esa persona que un día te viene de menú, tal vez otro vaya a la carta. Quién sabe… y eso es también muy importante.

Antes comentaba que no se publicitan pero obtener el Récord Guinness como el restaurante más antiguo de Catalunya seguro que ha ayudado, ¿no?
El Récord Guinness nos lo mandaron ellos. Nosotros ni lo sabíamos. No nos publicitamos aunque salimos en algunos medios (como en este caso), así como en algunos espacios de Internet.

¿Cuándo se produce la distinción del Guinness?
Pues hace muchos años porque entonces mi padre todavía estaba en plena vorágine. Fue en 1988. Fue muy curioso porque nos lo mandaron y nosotros no sabíamos nada. Mi padre dijo de enmarcarlo aunque creía que tendríamos que devolverlo cuando nos vinieran a pedir dinero por la distinción. Fue una sorpresa, totalmente inesperado. Y, por supuesto, que ha ayudado. Hace mucha gracia ser el restaurante más antiguo de Catalunya y el segundo de toda España. Es importante. Ahora, además, con las redes sociales e Internet, en los buscadores, esto todavía se sabe mucho más que antes, cuando mucha gente lo desconocía.

¿Cuántas personas de la familia trabajan hoy por hoy en el restaurante?
Tres generaciones de la familia: mi hermana y mi cuñado, yo y antes mi marido (ahora soy viuda), los dos hijos de mi hermana y un hijo y una hija míos. Entre familia y trabajadores, tenemos una plantilla de treinta personas.

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¿Qué tipo de cocina ofrecen?
Cocina tradicional catalana y de mercado, a la que intentamos aportar también nuestra visión.

¿Destacaría algún plato en particular?
Lo que destaca siempre la gente son los canalones. Ahora, además, al hacer los 230 años del restaurante y haber salido en muchos sitios, ha habido muchas personas hablando de nuestros canelones. Nos salen muy buenos y los hacemos siguiendo la receta de toda la vida aunque cada uno tiene su forma. A nosotros nos salen unos canelos muy suaves.

¿Qué otros platos les salen especialmente bien?
Pues por ejemplo el bacalao, cochinillo a la catalana o muchos guisos tradicionales como el cibet de jabalí, el jarrete de ternera con robellones…

También hacen un postre especial como el “Sísquet” o el “menú 1786”.
Sí, el postre lo hizo mi sobrino y el nombre viene del abuelo, mi padre, que siempre se había hecho llamar Sisco. El menú que comenta lleva bacalao, canelones de espinacas, ensalada de queso de cabra, gambas, entrecot, el jabalí que lo gastamos mucho… Un menú, la verdad, apetecible.

Y el “Sisquet”, ¿qué lleva?
Pues son unas galletas artesanales con helado de vainilla bourbon y encima le echamos chocolate caliente y un granillo de avellana. Nuestros postres, ya sean de pastelería o helados, se hacen en un 90% en casa. Tenemos una pastelera y los hace ella. Otro de los mejores postres que hacemos, sin duda, es nuestra crema catalana. Normalmente la hace mi hijo pero ahora está de baja (en el momento de hacer la entrevista) y la hace otra persona, que la hace muy bien pero se nota que es algo distinta. Cada persona tiene su toque particular.

La decoración del restaurante, siendo tan antiguo, es uno de sus grandes atractivos también.
Sí, por supuesto. Dos de los salones son originales, de hace más de dos siglos, de 1786. Paredes y bigas, algunas (otras las tuvimos que cambiar) son originales de aquella época. Y, algunas de las cerámicas. Otras partes del restaurante también tienen su historia, tienen casi 125 años de antigüedad.

¿Y el resto del espacio de cuándo es?
El resto fueron ampliaciones que hizo mi padre. Uno de los salones y la cocina eran entonces, antes de 1958, parte de otro restaurante (al lado del nuestro). Los cogimos, primero, de alquiler y después, de propiedad. De hecho, nosotros aquí entramos de alquiler porque esto era una donación a “La Caixa de Pensions” y no nos lo permitieron comprar. Fue en los años ochenta cuando ya lo pudimos hacer y también compramos el otro. El altillo y un comedor pequeño que hay dentro eran antes parte de una tienda de la calle Boquería. Era el almacén que mi padre cambió por un coche, un 600. Aquel señor no tenía coche y le hacía ilusión.

Y, de entre los cuadros y fotografías que tienen colgados, ¿cuáles destacaría?
Los cuadros son todos del mismo autor. De entre las fotografías, todas son de gente que ha venido al restaurante: hay muchas del mundo de la ópera, como Plácido Domingo o cantantes importantes de aquí como Josep Bros. También está Mario Cabré, torero muy conocido de la época, que era como una especie de hermano para mi padre. Entonces era muy importante, incluso tuvo un affaire con Ava Gardner, que Frank Sinatra -que tenía que casarse con ella- tuvo que venir a buscarla. Hablamos de los años sesenta. En los setenta es cuando me casé yo y Mario fue testigo de mi boda. Para nosotros, de entre todos los que han venido y de los que tenemos una foto en el restaurante es el más importante y entrañable.
También venía por aquí Àngel Ferran, que era un escritor muy conocido, Sempronio, el violinista Costa… Y gente de ahora, como Amaral, el actor Jordi Sánchez… En aquella época cuando venían les pedíamos que nos mandaran una foto firmada. Ahora, aunque no nos la manden, ya se la hacemos nosotros. Con las nuevas tecnologías es más fácil. Mantenemos la costumbre de seguir colgando las fotos de los clientes conocidos que vienen.

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¿Cuántas fotos tienen colgadas?
Ay, pues no lo sé pero debe haber sobre unas cien. En una de ellas tenemos a la señora Ferrussola con Núria Feliu. Y es que también hay fotos de gente de la política. De hecho, en los años sesenta y setenta, durante el Franquismo, teníamos un grupo que se reunía en el salón de arriba, se llamaban la “Peña Santa María”, eran gente comprometida de izquierdas, también de Convergència… Estaba el doctor Trueta. Se reunían una vez al mes y nosotros no sabíamos cuántos eran porque siempre era un ‘homenaje’. Antes, si eran más de veinte personas, se tenía que pedir permiso a la policía pero nosotros nunca tuvimos ningún problema y eso que sabían perfectamente lo que pasaba. Poníamos excusas y a veces incluso los propios miembros de la policía te aconsejaban que pusieras otro pretexto porque dicha persona ya habíamos puesto que hacía años el mes pasado. Podrían haber mandado a una persona para que escuchara los parlamentos pero no la mandaron nunca. Una vez nos dijeron que reserváramos dos salones porque iba a venir una persona importante que acababa de salir de la cárcel: era Jordi Pujol. Y se llenó. Aquello fue sobre el año 1964 o 1965.

Dicen también que hay una anécdota con la mesa número 13.
Sí, bueno, es que esta mesa estaba en un rincón que, con los cambios en el interior, acabó por desaparecer. Y por no cambiar la numeración de todas las mesas, pues sencillamente la trece la eliminamos. No es por superstición sinó por practicidad. Mantenemos la misma numeración de las mesas desde que entramos en el año 1958. Empezamos por la uno y hasta la 44 y sin contar las de arriba. Y ha habido más cambios: tenemos dos mesas once (de dentro y de fuera) y ha desaparecido la cinco.

También habían tenido habitaciones…
Sí, cuando vino mi padre había habitaciones que teníamos en la finca del lado. Fue pensión durante bastantes años. Era bastante sencilla y la tuvimos abierta hasta el año 1975.

De cara al futuro…
Nosotros, como lo tenemos de propiedad, tenemos mucha suerte y las subidas de los alquileres no nos afectan. Las generaciones que nos siguen, ya vamos por la tercera, quieren continuar con el proyecto. //


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