Monográfico sobre Sarajevo, en el nº 03

En el número 03 de “EV” realizamos un monográfico sobre la situación en la capital bosnia más de 20 años después del final de la guerra de los Balcanes. Publicamso diversos contenidos, entre ellos una amplia entrevista con el periodista de Radio Sarajevo afincado desde hace años en Catalunya y que vivió la guerra en primera persona. Representó un cambio brusco, drástico en su vida y la de sus familiares.

A continuación, reproducimos un fragmento de la entrevista que mantuvimos.

En un artículo del pasado verano hablaba de la guerra de los Balcanes mediante expresiones como: “Eso escapaba a cualquier lógica”. ¿A qué se refería?
En ese texto, editado justo el día del vigésimo aniversario de la masacre de Srebreniça, me refería a lo ocurrido en ese pueblo bosnio. En el manuscrito de mi nuevo libro tengo un capítulo sobre ese crimen que convirtió esa pequeña ciudad en el símbolo de la guerra de Bosnia. Para escribirlo tuve que leer documentos, testimonios, opiniones y análisis. Así, al final, encontré las respuestas a (casi) todas las preguntas, excepto a una: ¿por qué?
Se escapa a la lógica que después de entrar en la zona protegida, separar a los niños y a las mujeres, empezaran a matar sistemáticamente a todos los hombres. No encuentro ni sentido ni lógica – militar, estratégica o política – para tal decisión. Podían intercambiar los prisioneros, incluso chantajear a los bosnios y a la comunidad internacional. Pero, los mataron. ¿Se trataba de una locura, de la maldad en estado puro o de la intención de, una vez por todas, “limpiar” el territorio, establecer nuevas fronteras e imposibilitar la vida común para siempre? Mi lógica no es capaz de entenderlo ni asumirlo.
Pero, la guerra en general se escapa a toda lógica. Después de tantas barbaridades, de tanta sangre, sufrimiento y destrucción en el nombre de los “intereses nacionales supremos”, la gente en toda la región vive peor que antes. Incluidos, Eslovenia y Croacia: países a los que pensábamos que les “había tocado la lotería” entrando en la UE. Según todos los parámetros, ellos también viven por debajo del nivel que tenían en la ex-Yugoslavia.
Y también, fuera de cualquier lógica, vemos como el nacionalismo beligerante y fundamentalista de nuevo crece en Serbia y Croacia – los países “étnicamente limpios”, o sea mononacionales -.

 

¿Cómo se comprende o intenta todo lo sucedido allí durante el conflicto?
Como una manipulación y un engaño a la gente normal. Mandaban los intereses tanto dentro de la región como a nivel europeo y mundial. Hay que regresar al año 1989: la caída del Muro de Berlín no representaba sólo la derrota de la Unión Soviética sino el derrumbamiento de una ideología que en los países del Este fue como una religión. En el caso de la ex-Yugoslavia esta ideología mantenía unidos pueblos con diferentes religiones, culturas… hasta las lenguas. Derrumbar el comunismo (aunque en Yugoslavia era muy suave) sin ofrecer a los pueblos una salida y ayudas en su transición democrática podía (y lo hizo) provocar el caos.
Parece que fuera y dentro del país hubo fuerzas interesadas en destruir Yugoslavia. En el caos y las aguas turbulentas siempre aparecen todo tipo de criminales y manipuladores, psicópatas y paranoicos. Pero esa fue la ‘solución’ que ofrecieron los nacionalistas y los clérigos de todos los pueblos. Empezó la manipulación y la propaganda bélica se instaló. Y se alimentó el miedo hacia los ‘otros’; hasta ayer vecinos, colegas y amigos. Cuando los líderes empezaron a materializar sus planes, la gente ya había sido suficientemente intoxicada y preparada para luchar e, incluso, para cometer barbaridades. Prevalecía el mencionado ‘interés nacional’, lo que quería decir que “el objetivo justificaba los medios”. Por eso tanta crueldad, la limpieza étnica y los crímenes hasta llegar al genocidio.

Sobre el papel de la comunidad internacional, ¿ha encontrado alguna respuesta al por qué de su actuación?
Desde el primer día fui muy crítico sobre el papel de la comunidad internacional, antes y durante la guerra. Actuaron tarde y mal. Ya he dicho algo sobre el abandono de los países socialistas y comunistas, después de la caída del Muro de Berlín. Después de la muerte del mariscal Tito, con tantos pueblos, lenguas y religiones y con la crisis identitaria, la situación en la ex-Yugoslavia era explosiva.
La crisis económica agravó la frustración. Los líderes occidentales lo sabían, pero, igualmente, no tomaron medidas. En el peor periodo de su historia (un año antes de la guerra) la deuda externa del país no llegaba a los 14.000 millones de dólares. Quiere decir que el precio que podría haber cambiado el curso de la crisis política y, quizás, impedir o frenar la devastadora guerra en Yugoslavia, fue el equivalente al del rescate de un pequeño banco en la crisis española. ¿Por qué el mundo no quiso intervenir antes del estallido de la violencia? ¿Por qué las fuerzas internacionales no tenían el mandato de intervenir y prevenir las masacres? ¿Por qué se impuso el embargo de armas al lado más débil? ¿Por qué se forzó el Tratado de Dayton cuando el ejército bosnio había empezado a preparar la ofensiva para liberar el país?
Últimamente se desvelan algunos secretos y salen a la luz testimonios que aseguran que los líderes occidentales no quisieron apagar la crisis porque Yugoslavia, socialista y relativamente próspera, no les interesaba sino todo lo contrario: preferían atomizar el país y, de este modo, controlar los estados que nacieran de sus cenizas (un escenario deseado por los neoliberales de Europa y de Estados Unidos). En Bosnia, los dichos documentos y testimonios también desvelan el miedo a que un “país unido, de mayoría de ciudadanos musulmanes, pudiera convertirse en un país islámico y fundamentalista” (como dijo el mismo Bill Clinton en una entrevista). El Tratado de Dayton y la constitución impuesta a Bosnia, lo confirman.
Con la conferencia y el Tratado de Dayton, los occidentales acabaron la guerra pero, al mismo tiempo, muchos piensan que, expresamente, dividieron el país e hicieron de Bosnia un estado ingobernable, insostenible y sentenciado a su desaparición.