“La situación en Sarajevo sigue siendo grave más de 25 años después del fin de la guerra de los Balcanes”

Han pasado más de 25 años desde el final de la guerra de los Balcanes que encendió todas las alarmas en Europa a comienzos de los noventa después de un periodo relativamente amplio de paz en el Viejo Continente tras el final de la Segunda Guerra Mundial y las tensiones de la Guerra Fría. En uno de nuestros primeros número de “EV”, dedicado a Sarajevo, entrevistamos al periodista de Radio Sarajevo, que hoy vive en Catalunya, Boban Minic, y que durante aquel periodo lo vivió en primera persona. Aquí reproducimos un primer fragmento de aquella conversación.


En un artículo hablaba de la guerra de los Balcanes mediante expresiones como: “Eso escapaba a cualquier lógica”. ¿A qué se refería?
En ese texto, editado justo el día del vigésimo aniversario de la masacre de Srebreniça, me refería a lo ocurrido en ese pueblo bosnio. En el manuscrito de mi nuevo libro tengo un capítulo sobre ese crimen que convirtió esa pequeña ciudad en el símbolo de la guerra de Bosnia. Para escribirlo tuve que leer documentos, testimonios, opiniones y análisis. Así, al final, encontré las respuestas a (casi) todas las preguntas, excepto a una: ¿por qué?
Se escapa a la lógica que después de entrar en la zona protegida, separar a los niños y a las mujeres, empezaran a matar sistemáticamente a todos los hombres. No encuentro ni sentido ni lógica – militar, estratégica o política – para tal decisión. Podían intercambiar los prisioneros, incluso chantajear a los bosnios y a la comunidad internacional. Pero, los mataron. ¿Se trataba de una locura, de la maldad en estado puro o de la intención de, una vez por todas, “limpiar” el territorio, establecer nuevas fronteras e imposibilitar la vida común para siempre? Mi lógica no es capaz de entenderlo ni asumirlo.
Pero, la guerra en general se escapa a toda lógica. Después de tantas barbaridades, de tanta sangre, sufrimiento y destrucción en el nombre de los “intereses nacionales supremos”, la gente en toda la región vive peor que antes. Incluidos, Eslovenia y Croacia: países a los que pensábamos que les “había tocado la lotería” entrando en la UE. Según todos los parámetros, ellos también viven por debajo del nivel que tenían en la ex-Yugoslavia.
Y también, fuera de cualquier lógica, vemos como el nacionalismo beligerante y fundamentalista de nuevo crece en Serbia y Croacia – los países “étnicamente limpios”, o sea mononacionales -.

Imagen de un hospital a las afueras de Sarajevo, tomada en la Semana Santa de 2008.

¿Cómo se comprende o intenta todo lo sucedido allí durante el conflicto?
Como una manipulación y un engaño a la gente normal. Mandaban los intereses tanto dentro de la región como a nivel europeo y mundial. Hay que regresar al año 1989: la caída del Muro de Berlín no representaba sólo la derrota de la Unión Soviética sino el derrumbamiento de una ideología que en los países del Este fue como una religión. En el caso de la ex-Yugoslavia esta ideología mantenía unidos pueblos con diferentes religiones, culturas… hasta las lenguas. Derrumbar el comunismo (aunque en Yugoslavia era muy suave) sin ofrecer a los pueblos una salida y ayudas en su transición democrática podía (y lo hizo) provocar el caos.
Parece que fuera y dentro del país hubo fuerzas interesadas en destruir Yugoslavia. En el caos y las aguas turbulentas siempre aparecen todo tipo de criminales y manipuladores, psicópatas y paranoicos. Pero esa fue la ‘solución’ que ofrecieron los nacionalistas y los clérigos de todos los pueblos. Empezó la manipulación y la propaganda bélica se instaló. Y se alimentó el miedo hacia los ‘otros’; hasta ayer vecinos, colegas y amigos. Cuando los líderes empezaron a materializar sus planes, la gente ya había sido suficientemente intoxicada y preparada para luchar e, incluso, para cometer barbaridades. Prevalecía el mencionado ‘interés nacional’, lo que quería decir que “el objetivo justificaba los medios”. Por eso tanta crueldad, la limpieza étnica y los crímenes hasta llegar al genocidio.

Sobre el papel de la comunidad internacional, ¿ha encontrado alguna respuesta al por qué de su actuación?
Desde el primer día fui muy crítico sobre el papel de la comunidad internacional, antes y durante la guerra. Actuaron tarde y mal. Ya he dicho algo sobre el abandono de los países socialistas y comunistas, después de la caída del Muro de Berlín. Después de la muerte del mariscal Tito, con tantos pueblos, lenguas y religiones y con la crisis identitaria, la situación en la ex-Yugoslavia era explosiva.
La crisis económica agravó la frustración. Los líderes occidentales lo sabían, pero, igualmente, no tomaron medidas. En el peor periodo de su historia (un año antes de la guerra) la deuda externa del país no llegaba a los 14.000 millones de dólares. Quiere decir que el precio que podría haber cambiado el curso de la crisis política y, quizás, impedir o frenar la devastadora guerra en Yugoslavia, fue el equivalente al del rescate de un pequeño banco en la crisis española. ¿Por qué el mundo no quiso intervenir antes del estallido de la violencia? ¿Por qué las fuerzas internacionales no tenían el mandato de intervenir y prevenir las masacres? ¿Por qué se impuso el embargo de armas al lado más débil? ¿Por qué se forzó el Tratado de Dayton cuando el ejército bosnio había empezado a preparar la ofensiva para liberar el país?
Últimamente se desvelan algunos secretos y salen a la luz testimonios que aseguran que los líderes occidentales no quisieron apagar la crisis porque Yugoslavia, socialista y relativamente próspera, no les interesaba sino todo lo contrario: preferían atomizar el país y, de este modo, controlar los estados que nacieran de sus cenizas (un escenario deseado por los neoliberales de Europa y de Estados Unidos). En Bosnia, los dichos documentos y testimonios también desvelan el miedo a que un “país unido, de mayoría de ciudadanos musulmanes, pudiera convertirse en un país islámico y fundamentalista” (como dijo el mismo Bill Clinton en una entrevista). El Tratado de Dayton y la constitución impuesta a Bosnia, lo confirman.
Con la conferencia y el Tratado de Dayton, los occidentales acabaron la guerra pero, al mismo tiempo, muchos piensan que, expresamente, dividieron el país e hicieron de Bosnia un estado ingobernable, insostenible y sentenciado a su desaparición.

¿Cuál fue su experiencia de la guerra como periodista de Radio Sarajevo?
No es fácil responder en unas palabras a esta pregunta. Escribí un libro sobre ello y en 240 páginas no pude expresar todo lo vivido y sentido durante la guerra y el asedio de Sarajevo. Fue una experiencia traumática. No se trataba sólo de vivir en peligro constante y de ser cada día el objetivo de los francotiradores, morteros, tanques o cañones; o de criar a los niños sin poder ofrecerles un mínimo de seguridad, comida o medicamentos; se trataba, también, de impotencia o rabia al ver que la gente ‘efímera’, sin ningún valor humano o intelectual (porque en las guerras triunfan los violentos, las personas sin escrúpulos o los demagogos), se convierten en los amos tu vida, deciden tu futuro… En 1993, uno de ellos estaba a punto de destrozar por completo mi vida y la vida de mi familia. Era una sensación frustrante.
Trabajar en la radio lo complicaba todo. Físicamente fue muy duro: llegar al enorme edificio de la RTV por las calles bombardeadas; trabajar sin luz, sin aire, sin calefacción, sin agua ni comida; con guardias de hasta 40 horas seguidas; la imposibilidad de comprobar las noticias; la presión de los paramilitares, etc. provocaban dificultades y despertaban dudas. A menudo, entre amigos, nos preguntábamos cuál era nuestro verdadero papel en la radio. Pero saber que para la gente escondida en los refugios y sótanos éramos la única posibilidad de recibir alguna noticia del mundo exterior (o, como solíamos decir “abrir la ventana”); o, en la incomunicación total, ofrecer alguna noticia sobre los familiares del “otro lado” o exiliados a lo largo del planeta, nos daba el ánimo para continuar.
Alguien dijo que, debido a aquellas circunstancias, la radio en la guerra de Bosnia vivió momentos estelares y que nunca en toda la Historia una radio tuvo tanta importancia para los oyentes. Si fue así, me enorgullece haber participado de ello y haber sido testigo directo de aquellos momentos históricos.

¿Es por todo esto que afirmó en una entrevista que “volver a Sarajevo es cada vez una alegría y una pesadilla”?
Por eso y por muchas cosas más. Siempre estoy feliz de volver. Sarajevo no es sólo mi ciudad natal, es también el escenario de los momentos más bonitos de mi vida. Yo siempre he estado enamorado de esa ciudad. La conocía mejor que nadie de mis amigos. A menudo subía las colinas para verla desde otra perspectiva y conocerla mejor. Leía leyendas e historias de su pasado, visitaba los museos… Ademas vivía bien, tenía amigos, toda mi familia estaba cerca… Sarajevo es, todavía, una de las ciudades más peculiares del mundo. Esta diversidad en un espacio reducido no existe en otro punto del planeta.
”Pesadilla” lo digo por los recuerdos de los tres últimos años vividos en la ciudad. La vida cotidiana era como una ruleta rusa. La destrucción fue masiva. Las pérdidas de familiares, amigos y vecinos fueron casi diarias. Al visitar Sarajevo, me invaden todos esos recuerdos. Por eso, cada viaje es una alegría pero también una pesadilla.


(En un próximo artículo publicaremos la segunda parte de esta entrevista, aparecida en su momento en uno de nuestros primeros números de “EV”).