Castillo de Javier, cuna del misionero navarro «universal»

Castillo de Javier, cuna del misionero navarro «universal»

No es especialmente imponente pero tiene un peso histórico, místico y para Navarra determinante. En este Castillo, cercano a la población de Sangüesa, las foces de Lumbier y Arbayún y en el límite entre esa parte del país y Aragón, nació el patrón de Navarra, de alta cuna o cuna acomodada que daría con el tiempo paso a un misionero descrito por Turismo de Navarra como «uno de los más universales de la historia»: San Francisco Javier.

El Castillo, originalmente una torre de señales y del homenaje que con el tiempo se fue fortificando y ampliando para albergar a la familia, jornaleros, etc., data del siglo X y por entonces, en vasco, se conocía como «Esabierre» (casa nueva), situada estratégicamente entre los reinos de Navarra y de Aragón. A finales del siglo XIX la duquesa de Villahermoso y condesa de Javier lo restauró y en la actualidad destaca por mantener el puente levadizo, las saeteras o troneras. Pero, sobre todo, por la zona de la Sala Grande, la parte del castillo ocupada por la familia, donde hacían vida y donde se localizaban el oratorio, la capilla de San Miguel y, en especial, la habitación que ocupó Francisco desde que nació en abril de 1506 y hasta su marcha a París en 1525. Diríamos que el aura de dicha figura es el que marca la experiencia y que hace que la experiencia tenga un cariz especial.

El Castillo es resultado de la suma de espacios a la Torre del Homenaje original.

Su padre, doctor por Bolonia y consejero de los reyes Juan y Catalina de Navarra, disfrutó de buena posición hasta la derrota del reino en 1516 y las imposiciones del cardenal Cisneros que llevaron a la familia a una situación delicada. De ahí que Francisco, casi como gran esperanza de recuperación para la familia, marchara hacia la universidad más importante de Europa, en la capital francesa. Una decisión, un viaje y una experiencia que cambiarían su vida por completo. Allí coincidió en el colegio mayor y habitación con San Ignacio de Loyola. Ambos cuajaron una relación que los llevaría a fundar la Compañía de Jesús en 1538 y, en el caso de Francisco, a un viaje evangelizador hacia India y Asia del que ya no volvería.

Misión evangelizadora en India y sudeste asiático

Se fue por encargo del embajador de Portugal en Roma -que le había pedido a Ignacio enviar compañeros a India-, desde Lisboa y previa parada -larga, de cerca de medio año- en Mozambique. Francisco llegó a Goa en 1542, con 36 años. Desde ese momento y durante cerca de una década se movió por la zona, incluso estando cerca de dos años, entre 1549 y 1551, en Japón. Murió en diciembre de 1552, en la isla de Sancián, a los 46 años, de una grave fiebre, esperando poder entrar a China, donde por entonces el acceso de los extranjeros estaba pohibido incluso con pena de muerte. Sus restos fueron trasladados a Goa, donde reposan en la Iglesia del Buen Jesús. Él y San Ignacio fueron canonizados en marzo de 1622.

Toda la vida de Francisco, así como las partes del castillo pueden seguirse ampliamente mediante audioguia -también visita guiada-, muy completa y muy amena. Además, en la parte final de la visita, una serie de dioramas repasan la trayectoria del santo. Anexa, se encuentra la Basílica, que se construyó donde antiguamente la familia había erigido el Palacio Nuevo. Y, muy relacionado, las «Javieradas», término vinculado al santo, son peregrinaciones que se celebran regularmente hasta el castillo. La primera se organizó por la Diputación Foral de Navarra en marzo de 1886 en agradecimiento por no sufrir una epidemia de cólera; aunque la oficial, que reunió a 5.000 personas, data de 1940 y estuvo dirigida por la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz.

Antiguas caballerizas del Castillo, hoy museízadas y con obras y objetos de interés.

Una visita, la del Castillo, que se hace en cerca de hora u hora y media, con toda una serie de servicios alrededor (de comida, por supuesto) y que permite una aproximación a un personaje cuya vida, sin duda, se escapa por mucho de lo que por entonces podría considerarse como ordinaria. La caída en desgracia de su familia tras una batalla entre reinos lo llevó hacia una ciudad y unas casualidades que desembocaron en una mística y un sinfín ingente, muy probablemente, de aventuras que tuvieron en buena medida inicio y fin en Goa. // (T) (L)

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