Todas las entradas por lamevabcn

El Muro de Berlín se ha convertido en un gran reclamo turístico

Por extraño o paradójico que pueda parecer o sonar, el Muro de Berlín es hoy uno de los espacios más visitados de la capital alemana y uno de los grandes reclamos turísticos. Reclamo, en cualquier caso, hacia el que los visitantes se acercan con la actitud, consideración y respeto acorde a su naturaleza y a lo que representó. En nuestra revista sobre Berlín le dedicamos un artículo específico para recuperar su historia y también para conocer lo que hoy significa.

(A continuación puede leerse un extracto del artículo que publicamos en el próximo número de “EV” sobre la capital germana).


Símbolo destacado de la Guerra Fría, el Muro de Berlín es hoy uno de los grandes reclamos turísticos de la capital germana. Miles de personas se acercan cada año para conocer más de cerca la realidad que rodeó al Muro durante las cerca de tres décadas que estuvo en pie, desde comienzos de los años sesenta hasta finales de los ochenta, dividiendo calles, barrios pero sobre todo alejando a familias, compañeros de trabajo y amigos.

Parece paradójico que una instalación que no hace tanto causó tanto dolor y angustia, hoy se haya transformado en un foco tan potente de atracción alrededor del cual incluso estudiantes disfrazados de soldados norteamericanos banalizan lo que por entonces tuvo una naturaleza esencialmente trágica y dolorosa. Fue motivo de repulsa tanto por parte de buena parte de los propios ciudadanos alemanes como del conjunto de la comunidad occidental.
Su construcción cogió a todo el mundo por sorpresa. Se produjo de madrugada un día del mes de agosto de 1961. Inicialmente constó de un simple alambre de espino que ya desde ese mismo momento fundacional fue infranqueable. Dividió calles, partió o resquebrajó los itinerarios de un sinfín de transportes públicos, alejó a muchos trabajadores de sus oficinas o lugares de labor, así como a familias que quedaron a ambos lados de la línea trazada aquellos días de verano y que con los años se fue sofisticando hasta convertirse en una frontera de más de un centenar de quilómetros (43 en la propia ciudad), con 300 torres de vigilancia, doble muro (oriental y occidental), con una parte interior llena de obstáculos, perros y patrullas de policía recorriendo su perímetro interior y un apelativo indicativo de su temida naturaleza como “franja de la muerte”.

Tramo del Muro de Berlín, muy cerca del Checkpoint Charlie, en la capital alemana.

De hecho el primer muerto tardó muy poco en llegar, apenas once días. El 24 de agosto se registraba la primera víctima, que moría como consecuencia de los disparos al tratar de pasar al otro lado a nado cruzando un canal de unos 40 metros de ancho. Se llamaba Günter Litfin, de 24 años y sastre de profesión. Desde 2003 una exposición organizada por su hermano Jürgen le rinde homenaje cerca de una antigua torre de control en Kieler Strasse, nº 2. Otra de las víctimas fue Peter Fechter, de 18 años. Murió desangrado tras recibir una ráfaga de tiros. Un monumento recuerda su historia muy cerca del ‘popular’ y muy visitado Checkpoint Charlie. En torno a 250 personas perdieron la vida tratando de cruzar el Muro de Berlín, ya fuera por accidente, suicidándose al ser descubiertas o como consecuencia de los disparos de los guardias de vigilancia. Y alrededor de 75.000 fueron detenidas al tratar de franquearlo. Lo curioso es que apenas dos meses antes de su construcción el presidente de la República Democrática Alemana (RDA, soviética), Walter Ulrich, había negado cualquier interés o deseo en su construcción. La realidad, obviamente demostró que no era así. Detrás del edificio del Reichstag, en la orilla sur del río Spree el “Monumento de las Cruces Blancas” recuerda a las personas que perdieron la vida mientras el Muro estuvo en funcionamiento. También puede visitarse la “Ventana del recuerdo”, conmemorativa de todo aquello, con las fotografías y nombres de las personas que perecieron tratando de sortearlo (…)

  • En próximos artículos complementaremos este texto, que podrá leerse íntegramente en la versión en papel, que también podrá comprarse en esta web.

También te pueden interesar:

Berlín, “La Isla de los Museos”

En el número 10, viajamos a Berlín: una ciudad con una historia reciente convulsa

Berlín, “La Isla de los Museos”

Berlín ofrece concentrados en una parte bastante céntrica de la ciudad cinco museos en los que se conoce como “Isla de los Museos”, una de las mayores concentraciones de arte y piezas arqueológicas más extraordinarias y destacadas del mundo. Sobresale el Museo de Pérgamo pero el conjunto reúne cada año a cerca de tres millones de visitantes. En nuestro próximo número dedicamos un artículo a repasar estas grandes e interesantes maravillas. Aquí os dejamos un extracto.


Bajando desde la Parisier Platz donde se encuentra la Puerta de Brandeburgo y a través de la avenida Under der Linden, se llega a lo que para algunos es uno de los mayores atractivos de Berlín y una de las concentraciones museísticas y de arte más destacadas del mundo. Dejando a la izquierda, un poco antes de llegar, la catedral de Berlín -que merece la pena visitar tanto por su aspecto exterior como por su interior, francamente interesantes-, se llega a la que se conoce como la Isla de los Museos o en alemán Museumsinsel. Se trata de un complejo que aglutina cinco museos y que se construyó entre mediados del siglo XIX y comienzos del siglo XX, en sintonía con lo que también se estaba haciendo por entonces en otras capitales europeas. De hecho, la voluntad de construir museos convirtiendo colecciones reales particulares en públicas es algo que dio pie a la aparición del Louvre en París, el British Museum en Londres o el Museo del Prado en Madrid.

La muestra de arte o piezas correspondientes a los periodos babilonio, etrusco, barroco, romano, árabe… son espectaculares.

En el caso de Berlín el primer museo que se construyó, en 1830, fue el Altes Museum o Museo Antiguo. Las colecciones de los cinco engloban un periodo amplísimo. La obra más antigua que puede encontrarse data del año 700.000 a.C. y la más moderna es un trozo de alambre de espino que correspondía a una parte del Muro de Berlín. El museo que más visitantes tiene es el de Pérgamo, con cerca de 2 millones de personas anuales; y, en conjunto, esa cifra asciende hasta alrededor de los tres millones.
Algunas de sus piezas más famosas son las máscaras de la reina egipcia Nefertiti, la puerta de Ishtar que daba acceso a la ciudad de Babilonia o grandes cuadros de maestros franceses impresionistas como Cézanne o Monet, entre otras. El arte renacentista, romano, griego, barroco, etrusco… todos tienen cierta o gran profusión de espacio y protagonismo en esta parte de la capital alemana.
El primer museo, el Altes Museum, es de corte neoclásico y recuerda al Panteón de Atenas. De entre toda su colección de piezas, joyas, esculturas y otros elementos destaca la escultura de bronce “Joven rezando”, de tamaño natural, esculpida en Rodas y que data aproximadamente del año 300 a.C. La trajo a Berlín el elector Federico el Grande en 1747 y es tal su belleza y factura que tanto Napoleón primero como Stalin más tarde se la llevaron como botín de guerra a París y Moscú, tras sus victorias a comienzos del siglo XIX sobre Prusia y el final de la Segunda Guerra Mundial respectivamente. En ambos casos se consiguió recuperarla y es por ello que hoy se exhibe en la capital germana. De entre lo mucho que puede verse destaca también la colección de arte griego y romano, con bustos de César y Cleopatra incluidos, o la colección de arte etrusco, una de las más importantes del mundo fuera de Italia.

Imagen del exterior del Neue Museum, cuya pieza o piezas más conocidas son una serie de máscaras de la reina egipcia Nefertiti.

La máscara de Nefertiti
Cruzando y a una distancia muy corta –de hecho todos los museos están muy cerca el uno del otro, incluso en varios casos, uno enfrente del otro-, se puede acceder al Neue Museum o Museo Nuevo. Éste, junto con el de Pérgamo, es el más conocido. Su imagen más reconocida y popular es la de la máscara de Nefertiti. Una de ellas es la más popular -es la que aparece en mucha de la documentación e información relativa a este museo- pero lo cierto es que no solo hay una máscara sino diversas inspiradas o que recrean el rostro de una reina considerada o tomada como canon universal de la belleza femenina. Todas son espectaulares. Como anécdota, en el momento de nuestra visita estaba prohibida la toma de fotografías en esa parte del museo y también justo en la siguiente. La máscara más conocida data de 1340 a.C. y es obra de Tutmosis, escultor de la corte. Se encontró en muy buen estado de conservación durante una expedición arqueológica alemana a Armena, ciudad que mandó construir el rey Akenatón, marido de Nefertiti.

(En próximos artículos complementaremos esta información, que podrá leerse íntegramente en el número de la revista “EV” dedicado a Berlín)


También te puede interesar:

En el número 10, viajamos a Berlín: una ciudad con una historia reciente convulsa

El Muro de Berlín

En el número 10, viajamos a Berlín: una ciudad con una historia reciente convulsa

En el número 10 de “EV, escapadas y viajes”, recorremos las calles de Berlín. Lo haremos descubriendo algunos de sus principales atractivos y, por supuesto, también profundizando en temas sensibles como lo que representó y todavía significa el Muro de Berlín o la huella y memoria del nazismo, muy presente en la capital germana.

Aquí os dejamos un extracto de uno de los artículos sobre algunos de los lugares más llamativos de esta ciudad alemana:


Al poco de llegar a una de las estaciones de transporte más importantes, modernas y espectaculares de Berlín como es la de Heuphahnhof, el edificio del Reichstag se divisa o intuye a una distancia relativamente cercana. Una construcción que contrasta con muchos de los edificios próximos y también con la zona, abierta, diáfana que lo rodea.

El edificio del Parlamento es una construcción mastodóntica, imponente, de corte clásico, que ha vivido a lo largo de su historia hechos cruciales para la historia del país. Construido a finales del siglo XIX, recibe anualmente cerca de 3 millones de visitantes. La razón se encuentra además de en el aspecto de la propia fachada, que se ha respetado y que es de corte renacentista italiano con elementos barrocos, en la cúpula obra del arquitecto Norman Foster, acristalada, que se levanta sobre la azotea ofreciendo unas vistas espectaculares y construida sobre la sala de plenarios en lo que podría ser una especie de recuerdo hacia la apertura y transparencia que deberían guiar la gestión del gobierno. En el jardín, enfrente, han actuado artistas como Pink Floyd, David Bowie o Michael Jackson. El pórtico principal, sustentado sobre seis poderosas columnas corintias está coronado por la inscripción Dem deutschen volke (“Al pueblo alemán”).

Reichstag, edificio del Parlamento alemán. Ha vivido momentos muy complicados durante el pasado siglo

En 1919 desde una de sus ventanas un diputado anunció el final de la monarquía y el comienzo de la República de Weimar. En 1933 Hitler aprovechó un incendio del edificio, supuestamente atribuido a un complot (dudoso) comunista, para desarrollar una serie de políticas autoritarias y restrictivas de libertades que llevarían a lo que después fue el III Reich, la Segunda Guerra Mundial y los campos de concentración. Precisamente al final de esa contienda vería ondear desde lo alto de su fachada la bandera de la Unión Soviética tras la entrada y victoria del Ejército Rojo.

Durante la Guerra Fría, el Gobierno de la parte correspondiente a la Alemania Federal se trasladó a la ciudad de Bonn. El Reichstag no volvería a ser sede del Parlamento hasta algunos años después del comienzo de la reunificación comenzada a comienzos de los 90. Y tardó un poco: fue en 1999. El edificio, hoy, es de los más llamativos de la capital germana. Sobre el césped que hay delante es habitual ver a familias, jóvenes, parejas o amigos disfrutando, sobre todo en verano, de su tiempo libre en un espacio muy agradable.

La Puerta de Brandeburgo
No muy lejos de allí, a unos diez minutos más o menos a pie, se encuentra otro de los puntos más emblemáticos de Berlín. Se trata de la Puerta de Brandeburgo. Inspirada en la Acrópolis griega de Atenas, se terminó en 1791. Napoléon expolió la Cuádriga que corona este arco de triunfo en 1808 tras la victoria sobre Prusia, aunque ésta consiguió recuperarla años más tarde de París, en 1815. La Cuádriga representa a la diosa de la Victoria tirada por cuatro portentosos caballos. La Puerta domina la Parisier Platz, fuertemente afectada por los efectos de la Segunda Guerra Mundial.

Uno de los edificios que antes se reconstruyeron fue el hotel Adlon, originariamente de 1907 y que pasaba por entonces por ser el más lujoso de la ciudad. En la reconstrucción se buscó fidelidad respecto al primer edificio y sigue siendo uno de los preferidos para alojarse de los más adinerados. Desde una de sus ventanas el cantante Michael Jackson protagonizó una de las anécdotas más curiosas pero también temerarias que se han visto en sus estancias al mostrar a la prensa su hijo sacándolo por la ventana. También en este plaza se encuentra la Academia de las Artes (Academie der Künste), fundada en 1696 por el margrave de Brandeburgo y primer rey de Prusia, Federico I, y que es una de las instituciones culturales más antiguas de Berlín. Es fácilmente reconocible por su fachada de cristal. (…)


(Podéis leer el artículo completo en la versión en papel, que publicaremos este mes de junio)

 

La Basílica de la Natividad de Belén, lugar del supuesto nacimiento de Jesús

Desde el siglo II d.C. la Basílica de la Natividad de Belén se ubica en el lugar donde se cree que nació Jesús. Y la gruta en particular señala el lugar concreto donde la tradición marca que se produjo el alumbramiento.

La construcción de la actual iglesia, como ya pasara con la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, fue obra del primer emperador romano de confesión cristiana, Constantino, con el reseñable apoyo e insistencia de su madre, Elena. La fecha que se da por válida para la construcción es el año 339 d.C. De aquel periodo apenas se conserva una pequeña parte descubierta en una excavación -ya entonces bajo dominio británico- en 1939 y que corresponde a un mosaico del suelo original, a un metro por debajo del actual, ricamente decorado y muy vistoso. El suelo general de la nave principal es de piedra y corresponde a la época de las Cruzadas. Es de apariencia bastante sencilla y como el resto de la iglesia recomienda su restauración. Aún así la mayoría de la actual basílica corresponde al siglo VI, reconstruida por Justiniano en época bizantina.

Durante su larga historia –se considera la iglesia cristiana en uso más antigua del mundo, con cerca de 1700 años de vida- ha pasado por momentos difíciles como la destrucción ocurrida durante la rebelión samaritana de 525 d.C. -y que exigió de la reconstrucción posterior- pero también de episodios casi milagrosos como que fuera respetada por los persas en el siglo VII –cuando no fue la norma con muchas otras iglesias y edificios cristianos de la región- al encontrarse con un mosaico que recreaba la llegada de los Tres Reyes Magos a Belén portando una indumentaria que les era muy familiar. Según la tradición, se cree que esa fue la razón por la que no la destruyeron.

basílica de la natividad
Restos del suelo original, mosaico del siglo IV

Durante las Cruzadas se restauró la basílica notablemente aportando iconografía, mosaicos y pinturas a paredes y columnas para volver a caer en un periodo de dejadez y decrepitud bajo el dominio del imperio otomano, que se extendió desde 1580 hasta prácticamente el final de la Primera Guerra Mundial, aunque preservando el “Status Quo” que había otorgado la gestión de este espacio sagrado a las iglesias griega ortodoxa, armenia ortodoxa y católica (Orden de los Franciscanos). De hecho, dicho “Status Quo” se reforzó en el Tratado de Berlín de 1878, que estableció que se hicieran las cosas en el interior de la basílica “como se venían haciendo hasta entonces”. En otras palabras, que nada cambiara. Trasladado a la gestión cotidiana del centro, que cada una de las distintas confesiones siguiera encargándose de lo que venía haciendo hasta la fecha en ámbitos como gestión de pasillos, uso de armarios, colocación y limpieza de tapices, etc. La modificación en alguna de esas costumbres y especialmente que una de las confesiones se encargara de la mejora de alguno de los ámbitos de la basílica, sobre todo mediante la aportación de financiación, podría comportar cambios en dicho reparto.

Esta forma de gestión, que alguno experto académico internacional ha tildado de “poco madura” se ha traducido en negociaciones eternas que han derivado en un estado muy mejorable del aspecto actual del complejo, que además de la Basílica de la Natividad cuenta con tres conventos (el armenio es del siglo XII y los otros dos, griego ortodoxo y franciscano, de entre los siglos XIX y XX), además del claustro de San Jerónimo y la iglesia de Santa Caterina de Alejandría.
Por su estado y después que la UNESCO alertara sobre el mismo en 2012, se acometieron algunas reformas al año siguiente, sobre todo del techo que era el que más urgentemente requería de intervenciones. El proyecto contó con cerca de 2,5 millones de euros aportados por la Autoridad Nacional Palestina, empresarios y donaciones particulares, además de fondos de países como Francia, Rusia, Hungría, El Vaticano y Grecia. También España, que según publicaba El País, aportó “100.000 euros” procedentes de la Obra Pía de Jerusalén, gestionada por el ministerio de Exteriores y la Conferencia Episcopal. El cónsul general entonces, Juan José Escobar, recordaba que la relación de España con la Basílica de la Natividad de Belén se remonta “al siglo XIV”.

_DSC3792_b
Cuadros colgados en el interior de la gruta donde supuestamente nació Jesús

Restauración urgente
Los trabajos, que se prolongaron durante un periodo de alrededor de nueve meses, eran imprescindibles tras los efectos causados por factores diversos como la falta de mantenimiento, la filtración de aguas en las paredes pero también por la contaminación de las pequeñas factorías cercanas a la ciudad, la presión ejercida por el crecimiento rodado en la zona, un aparcamiento inadecuado o el incremento del turismo y de visitantes. Estos fueron algunos de los motivos que expuso la UNESCO para aconsejar su restauración pero que no evitó que incluyera meses más tarde a la Basílica dentro de su lista de Patrimonio Universal de la Humanidad así como una Ruta de Peregrinación, que se puede seguir por la propia ciudad de Belén y que recorre los pasos realizados por José y María durante su llegada a esta zona procedentes de Nazaret.

El proyecto total de restauración, que debería ser integral, podría rondar unas necesidades financieras en torno a los 50 millones de euros. Un comité asesor adjunto al Gobierno palestino, también corresponsable de la gestión de todo este espacio que abarca una zona de 12.000 metros cuadrados, espera que se pueda ir concretando en un futuro cercano. A los factores causantes de la degradación de la actual Basílica también se atribuyeron los posibles desperfectos causados por un episodio ocurrido en 2002 y que llamó la atención internacional. Varios palestinos armados buscaron refugio en la Natividad y vivieron un asedio de 39 días por parte de las autoridades israelíes, que hicieron uso de botes de humo para reducirlos.

(Puede leerse el artículo completo en la versión en papel de la revista, publicada este mes de marzo y disponible en el Fnac de Plaza de Catalunya en Barcelona o contactar con nosotros en: revistaev@gmail.com)


También te puede interesar:

Jerusalén, repasamos la historia de la Ciudad Santa

Belenismo, ¿desde cuándo montamos el Belén por Navidad?

Casi 70 años de conflicto árabe-israelí

Belenismo, ¿desde cuándo montamos el Belén por Navidad?

Concretar el comienzo del belenismo como expresión religiosa y popular no es fácil, como sí lo es más o menos la celebración abierta o tolerada cristiana y que se sitúa con el edicto de paz del emperador romano Constantino, en el año 313 d.C.

En cualquier caso sí está contrastado que existen desde el alumbramiento o desde el desarrollo primitivo del cristianismo, inicialmente perseguido y por lo tanto clandestino, expresiones en catacumbas mediante grabados, dibujos o incluso esculturas que hacen mención al nacimiento de Jesús pero que no pueden ser entendidas como el pesebre tal y como lo conocemos actualmente.

De lugares más o menos escondidos y expresiones con una clara voluntad casi pedagógica o de transmisión de aquel episodio se salta a representaciones con igual finalidad en claustros, capiteles, portadas de iglesias, etc. durante los siglos posteriores.
San Francisco de Asís en 1223 es el primero que pide permiso al Papa Honorio II para una recreación viviente del pesebre en el bosque de Greccio, en la Toscana italiana, y es por ello que está considerado como el primer belenista y patrón de las asociaciones dedicadas a tal fin. Algunos años más tarde, en 1290, se produce el primer belén figurista, que puede considerarse como tal y que es obra de Arnolfo di Cambio con su “Adoración de Magos”, que hoy se conserva en Santa María la Mayor de Roma. En Praga, algunos siglos más tarde, se localiza el primer belén de uso familiar, propiedad de la duquesa de Arnalfi y compuesto de 107 piezas.

_DSC3832
Escena del pesebre en la iglesia conocida como “Cueva de la Leche”, en Belén.

El ambiente del siglo XVI con la lucha entre la Iglesia y la Reforma llevará a un estímulo de este tipo de expresiones que superan estrictamente su significado religioso y empiezan a adquirir una dimensión también cultural y más popular. Destacan las escuelas de Nápoles pero aparecen también especializaciones regionales en España (en Madrid y en el Levante) pero también germánicas, francesas o incluso iberoaméricanas.


Toda la información sobre los lugares más sagrados del cristianismo de Jerusalén y Belén en el número 09 en papel de la revista “EV, escapadas y viajes”, ya  a la venta en el Fnac de Plaza de Catalunya de Barcelona o por email a: revistaev@gmail.com


Las piezas, de barro o madera, amplían su abanico de posibilidades, que se extiende a gremios y profesiones, actividades o personajes muy variados, como mendigos, lavanderos, carniceros, etc. Los movimientos, como la Revolución Francesa de 1789, contrarias a la Iglesia, hacen que los pesebres entren también en las casas. En 1885 nace la primera Asociación Pesebrista del mundo.

Hoy el belenismo es celebrado como una tradición popular pero también por su valor artístico, encontrando espacio en muchos museos del mundo como el Museo Nacional Bávaro de Múnich, el de Cluny, en París, o el Museo de Viena, entre muchos otros. //


También te pueden interesar:

Jerusalén, repasamos la historia de la Ciudad Santa

¿Qué sabemos de los Reyes Magos? ¿De verdad eran tres o eran reyes?

La Iglesia del Santo Sepulcro, el lugar más sagrado del cristianismo

Jerusalén, repasamos la historia de la Ciudad Santa

Jerusalén, la ciudad santa por antonomasia, central para judíos, cristianos y musulmanes, presenta una historia milenaria, convulsa y trascendental para entender gran parte de la historia de la Humanidad. Y sobre todo, es crucial para entender el desarrollo de la civilización occidental, aunque sus efectos e implicaciones llegaron de forma más o menos directa con el paso de las décadas y de los siglos a prácticamente cualquier rincón del planeta.

Las primeras referencias sobre la ciudad se remontan a la Biblia, al Antiguo Testamento, donde se habla de tribus hebraicas en esa parte del mundo sobre el año 1000 a.C. cuando gracias a la inteligencia, bondad y ambición de un pastor, David, llegaron a unificarse y dieron lugar a la fundación de Jerusalén como su capital. Luego, su hijo, Salomón, construyó el Templo en honor a su religión, a su Dios, que albergaba la Santa Alianza, un cofre de madera que guardaba las Tablas de la Ley dictadas por el Omnipotente a Moisés.

Con la muerte de éste, el reino de David se dividió en dos: Israel al norte y Judá al sur (éste, con capital en Jerusalén). División que los debilitó y que los dejó a merced de las grandes potencias regionales de la época: por un lado, Egipto, y por el otro, las distintas civilizaciones que se fueron alternando como grandes dominadoras del área mesopotámica. Nos situamos sobre el año 720 a.C. cuando el reino de Israel es conquistado por los asirios y sobe el año 586 a.C. cuando los babilonios del conocido Nabucodonosor conquistan Judá. Con esta última conquista se produce el primer y más recordado exilio judío. La aristocracia es hecha presa por los babilonios y trasladada fuera de sus tierras y el Templo de Salomón es destruido.

_DSC3561_b
Dos religiosos judíos ultraortodoxos, delante del Muro de las Lamentaciones, en Jerusalén

Desde aquel episodio se conoce a los habitantes de Judá como judíos y es de aquella época la primera nostalgia de aquel pueblo de la “ciudad de David, la capital perdida” y el juramento de pensar en ella “todos los días de la vida”. De hecho, como explica en un artículo el especialista francés Vincent Lemire, también de aquel entonces procede la costumbre en las bodas judías, en el momento en que se rompe un vaso, de pronunciar la promesa: “Si yo te olvido, Jerusalén, que mi mano derecha se seque”.

El primer exilio
Aquel primer exilio, en cualquier caso, no fue muy largo, duró 50 años cuando el persa Ciro conquistó Babilonia y permitió a todos aquellos que quisieran volver a Judá y a Jerusalén. Con esa vuelta comenzó la reconstrucción del Templo. En el siglo IV a.C. cayó bajo el poder de Alejandro Magno y se convirtió en una provincia más de su gran imperio. Y ya cerca de Nuestra Era se produjo la ocupación y dominación romana, que tuvo lugar sobre el año 60 a.C. Algunos años más tarde, Herodes, al servicio del imperio romano, gobernó. Lo hizo de forma autoritaria, como “un tirano” o así se le describe en el Nuevo Testamento pero también se destaca de él su faceta como gran constructor en Jerusalén. Entre sus obras se señala, por ejemplo, el embellecimiento y ampliación del viejo Templo que “rivaliza con los monumentos más espectaculares de Egipto”.


Toda la información sobre los lugares más sagrados del cristianismo de Jerusalén y Belén en el número 09 en papel de la revista “EV, escapadas y viajes”, ya  a la venta en el Fnac de Plaza de Catalunya de Barcelona o por email a: revistaev@gmail.com


Las relaciones y enfrentamientos con los romanos cada vez van a peor y acaban derivando en el año 70 d.C. en una reacción visceral romana que aplasta cualquier atisbo de rebelión y destruyen Jerusalén. Y también el Templo. Varias décadas más tarde, sobre el año 135 d.C. la vieja capital se transforma en una ciudad romana dedicada al dios Júpiter, llamada Aelia Capitolina. Los judíos son perseguidos y expulsados, y se produce la diáspora. El Templo queda reducido a su mínimo expresión, del que sólo se conserva el muro occidental, también conocido hoy en día como el Muro de las Lamentaciones.

_DSC3580
Fachada de la Iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén.

De Jesús a Mahoma
Durante todo este último periodo aparece la figura de Jesús, un judío ejecutado por las fuerzas romanas sobre el año 30 d.C y que para ellos, según apunta Lemire, era un “agitador judío más, como tantos otros”. Para los judíos, tampoco era una figura que contara con demasiadas simpatías, considerado como un “impostor”, que “osó presentarse como el Mesías, el elegido del Señor”. En cualquier caso, las enseñanzas y el mensaje de Jesús, no sólo circunscrito a judíos sino a todo aquel dispuesto a escucharlo y asumirlo como propio, se extendió desde Jerusalén y Judá, al resto de Oriente Próximo, Egipto y buena parte del Imperio Romano –aunque de forma clandestina en este último caso y en algunos otros, ya que el cristianismo fue perseguido por chocar con las creencias del momento-.

Fue en el Edicto de Tolerancia de Milán cuando el emperador romano Constantino en 313 d.C. hizo de ésta la religión oficial del imperio. Su madre, la emperatriz Elena, tuvo, parece, un papel fundamental en todo ello. A ella se atribuye el descubrimiento de la ‘Verdadera Cruz’ y fue ella una de las grandes impulsoras del descubrimiento y excavaciones en la zona de la colina de Gólgota (donde fue crucificado Jesús) y del área cercana donde se excavó la supuesta tumba donde reposó el cuerpo de Jesús antes de resucitar. Sobre toda esa zona es donde se construyó la Iglesia del Santo Sepulcro en el siglo IV. Fue tal la importancia de Constantino y de Elena que muchos de los concilios celebrados en aquella época para dilucidar misterios como el de la Trinidad, la Virginidad de María o la naturaleza de Cristo se produjeron en ciudades cercanas a Constantinopla, donde vivía el emperador. Jerusalén, como el lugar de la muerte de Jesús adquirió, por lo tanto, una significación grande y especial.


También te pueden interesar:

Casi 70 años de conflicto árabe-israelí

La Iglesia del Santo Sepulcro, el lugar más sagrado del cristianismo

Casi 70 años de conflicto árabe-israelí

¿REALMENTE ISRAEL ESTÁ PENSANDO EN LA SOLUCIÓN DE UN SOLO ESTADO PARA EL CONFLICTO CON PALESTINA?

Donald Trump en la reunión con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, mantenida en febrero de 2017 aseguró o dejó entrever la posibilidad de contemplar como posible solución al conflicto entre israelíes y palestinos la creación de un único estado que, según han publicado diversos medios, podría suponer la anexión de facto de Cisjordania y la creación de un ‘mini-estado’ en esa región que concentraría 2,5 millones de habitantes.

Esa pequeña Cisjordania palestina estaría además -como lo está ahora- separada, sin continuidad territorial de la otra parte que constituye Palestina, la Franja de Gaza, de apenas 40 kilómetros de longitud por una amplitud que oscila entre los 12 y 6 kilómetros y que se ve en una situación humanitaria complicada, sobre todo agravada por el bloqueo por mar, tierra y aire israelí que sufre desde hace varios años. Una solución, en cualquier caso, que no cuenta con el aval de la mayoría de la comunidad internacional, partidaria de la solución de dos estados, con el añadido o dificultad del estatuto o consideración de Jerusalén.

Declaraciones de Trump
Asimismo, las declaraciones de Trump, realizadas a finales de 2017, en que anunciaba el traslado de la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén tampoco han ayudado demasiado a apaciguar las aguas y traer a las partes negociadoras a la mesa, tras la ruptura entre ambas vivida en 2014. La visita de Mike Pence este pasado enero al Muro de las Lamentaciones y la Knesset –parlamento israelí-, convirtiéndose en el primer vicepresidente norteamericano en pisar la cámara israelí, tampoco han contribuido demasiado o por lo menos no lo han hecho en el sentido más esperanzador para el conflicto.

_DSC3851_b
El conflicto, que dura ya cerca de 70 años, parece lejos de solucionarse

La diplomacia palestina boicoteó la gira de Pence como represalia a las declaraciones sobre el traslado de la embajada de Estados Unidos, que despertó amplias expresiones de contrariedad y rabia en muchos estados árabes. También, entre los palestinos que amenazaron con la declaración de una tercera Intifada, que hasta el momento parece que no se ha acabado por desplegar –aunque sí hubo enfrentamientos durante varias semanas y muertos por ambas partes-. En mayo de 2017, Trump se había entrevistado con el presidente palestino Mahmud Abbas, ofreciéndose como posible “mediador o facilitador” en las negociaciones de paz.

Más de 50 años de conflicto
Las raíces del conflicto, de todos modos, se remontan a la creación del propio estado de Israel en mayo de 1948 cuando, tras la marcha de las fuerzas británicas que habían administrado Palestina mediante un protectorado desde comienzos de los años veinte hasta aquella fecha, se disparó el conflicto entre ambas partes. David Ben Gurion declaró el estado de Israel, de hecho, un día antes que expirara el mandato británico. La ONU, que había estado trabajando en la solución de la creación de un estado judío como respuesta al desastre y sentimiento de culpa que representaron los campos de concentración y el holocausto, sumado a los esfuerzos realizados por el movimiento sionista desde finales del siglo XIX, eran partidarios de la creación de dos estados: uno israelí y otro palestino.


Toda la información sobre los lugares más sagrados del cristianismo de Jerusalén y Belén en el número 09 en papel de la revista “EV, escapadas y viajes”, ya  a la venta en el Fnac de Plaza de Catalunya de Barcelona o por email a: revistaev@gmail.com


El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de la ONU aprobó un plan para la partición de Palestina, recomendando la creación de un estado árabe independiente y uno judío, y un régimen especial para Jerusalén. Según dicho informe, elaborado por el Comité Especial de las Naciones Unidas sobre Palestina (UNSCOP, por sus siglas en inglés), el territorio palestino incluía “Galilea Occidental, la región montañosa de Samaria y Judea –con la exclusión de la ciudad de Jerusalén-, y la llanura costera de Isdud hasta la frontera egipcia”. Tras el inicio de los choques con una alianza de países árabes, en desacuerdo con la propuesta de Naciones Unidas –por representar una pérdida sensible de territorio que no se correspondía con el peso demográfico y territorial que por entonces ostentaba la población palestina-, Palestina perdió el 50% del espacio propuesto por el plan planteado por la ONU.

Israel, después de la firma del armisticio de 1949 con Egipto, Siria, Líbano, Jordania e Irak, vio como sus fronteras se ampliaban notablemente, erigiéndose de facto desde ese momento en las nuevas fronteras entre ambos países, conocidas como “Línea Verde” y que se verían alteradas nuevamente después de la Guerra de los Seis Días de junio de 1967.


También os puede interesar:

La Iglesia del Santo Sepulcro, el lugar más sagrado del cristianismo

¿Qué sabemos de los Reyes Magos? ¿De verdad eran tres o eran reyes?