Población entre 70.000 y 80.000 habitantes, Ouarzazate es un punto estratégico entre el Atlas, el desierto de Erg Chebbi, valles agrícolas, las Gargantas del Todra y Dades o Marrakech. Un emplazamiento que le permitió durante el protectorado francés de la primera parte del siglo XX tener cierto peso político y militar o que durante el siglo XIX y también parte del siguiente contara entre sus casas con una especial y señalada, propiedad de la familia Glaouri, de gran influencia en el sur de Marruecos. La casa en cuestión, kasbah de Taouirt, es uno de los grandes atractivos de esta población, interesante desde fuera por sus paredes de adobe, estructura amurallada, torres almenadas, patios interiores o pasillos laberínticos. Su interior, austero, no es tan potente, si bien todavía quedan reminiscencias que conservan parte del encanto que probablemente ofreciera tiempo atrás. La visita se puede hacer con guía; y probablemente esa sea una buena fórmula para exprimir la experiencia -y que no hicimos- (ver fotos en la galería).
Cerca, prácticamente delante, se localiza otro de los lugares por los que vale la pena hacer parada en esta ciudad, centro logístico recomendado por todo lo anteriormente comentado y que permite a cortas o no excesivas distancias acercarse a espacios naturales y urbanos llamativos. El lugar en cuestión son los Estudios de cine Atlas, visitables y entre los más importantes de todo el conjunto de África, según leemos. Entre sus decorados, se puede pasar de una sala de audiencias o imperial de corte griego, romano o persa, a las celdas desvencijadas de tiempos pretéritos o viajar en el tiempo al Egipto de los faraones. La magia del cine cobra todo su sentido en estos estudios, fundados en los años ochenta y que a su vez facilitan a las productoras escenarios naturales colosales, extremos y accesibles. La combinación con los decorados y una buena estrategia comercial han hecho que por sus salas hayan pasado producciones de presupuestos muy diversos pero que incluyen películas como Gladiator, La Momia, Prince of Persia o escenas de la serie Juego de Tronos.
Mismas cintas que también pasaron por otro de los grandes atractivos de toda esta zona, a unos 30 kilómetros de Ouarzazate y Patrimonio de la UNESCO como «muestra de la arquitectura marroquí presahariana» como es Aït ben Haddou. Este pueblo, ksar, que equivale a «población fortificada», es espectacular y da para cine que ni pintado. Normal que haya generado tanto interés y encajado con muchos films y los ojos creativos de sus directores de arte o fotografía. Una buena edición redondea un lugar ya de por sí pintoresco y con personalidad. De ahí que se haya convertido en un potente polo de atracción turística y que hoy, por contra, en lo que es la parte más interesante del pueblo, la mayoría de tiendas estén enfocadas al visitante. Aún así, vale la pena cruzar el puente que atraviesa sobra las aguas de un río y que existe desde no hace tanto tiempo.
Luego, tras dejar una enorme piedra, de tamaño descomunal (mirar galería de fotos) se sube hasta lo alto, donde hay una especie de granero y unas buenas vistas sobre toda la zona. Buen momento también, por supuesto, para captar algunas instantáneas y para dejarse imbuir de la atmósfera de este singular lugar. Todas sus calles y rincones, en cualquier caso, merecen mucho la pena. Hecho el descanso, en nuestro caso, fue momento de iniciar la vuelta, descenso hacia el coche y hacia Marrakech: unas cuantas horas aún por delante entre un tráfico bastante tranquilo aunque con alguna que otra sorpresa para cerrar una semana muy completa y con mucho de todo. Un viaje recomendable, sin duda alguna. // (T) (E)


























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