Justo el año pasado (2025) se cumplieron 100 años de la orden real por la que Alfonso XIII autorizaba y ampliaba el cambio de nombre -a petición del propio municipio- del pueblo aragonés de Sos, que desde ese momento incorporó como apellidos «Del Rey Católico» en referencia al nacimiento en 1452 de Fernando II de Aragón y V de Castilla, comúnmente conocido como «el Católico» y uno de los monarcas más importantes de la historia de España. Es recordado, sobre todo, por establecer las bases políticas de la futura España con la unión dinástica con Isabel I de Castilla, por haber terminado con el proceso de Reconquista en 1492 o por haber apoyado la aventura de Colón que desembocó en el descubrimiento de América (Inquisición o expulsión de judíos a parte: luces y sombras).
Su nacimiento, en cualquier caso, en el pueblo no fue fortuito aunque tampoco parece que tuviera mucha extensión en el tiempo -con pocas o escasas visitas posteriores- si bien fue un hito para esta localidad de la provincia de Zaragoza, límitrofe con Navarra, tierra de frontera y control territorial, destacada durante la Reconquista y parte de la comarca de las Cinco Villas, todas ellas distinguidas con privilegios reales fruto de su valor estratégico clave y que les permitió en la época prosperar por su valor político, militar y comercial. Las Cinco Villas, por cierto, las conforman junto a Sos los municipios de Ejea de los Caballeros, Uncastillo, Sádaba y Tauste (todas ellas interesantes por sus conjuntos medievales, patrimonio románico con seis iglesias en el caso de la segunda o por una torre mudéjar en el último de la serie).
En Sos del Rey Católico, el palacio de los Sada, lugar exacto donde la reina Juana Enriquez de Aragón dio a luz al infante, hay una exposición que recuerda aquel acontecimiento sucedido en un contexto histórico en disputa entre Aragón y Navarra y por el que la monarca aragonesa buscó refugio en una plaza leal a su casa, fortificada (entre los siglos XI y XIV) y bien protegida y que pertenecía al reino de Aragón de Ramiro I desde 1044. Tal era la naturaleza de este pueblo hoy de apenas unos 600 habitantes, de calles empedradas, plazas porticadas o casas con escudos nobiliarios: todo muy bien conservado y que hace que destaque por su naturaleza esencialmente medieval.
Entre «Los pueblos más bonitos de España»
La muralla, con sus miradores, explica en buena medida su valor, con amplias panorámicas sobre toda esta zona del noroeste de Aragón, que cuenta con accesos imponentes como el Portal de Zaragoza. Se aparca fuera y se entra a pie, con buenas indicaciones que permiten orientarse por la antigua judería, casco histórico y llegar sin pérdida -o prácticamente, el pueblo es pequeño y se puede visitar cómodamente en una mañana o tarde- a la plaza del Ayuntamiento. Ésta, porticada, es el centro neurálgico y un lugar ideal y habitual de los vecinos para comer o tomar algo. Hay un par de restaurantes o bares en la zona. Además, cerca se encuentra otro de los lugares de mayor interés de la villa: la iglesia de San Esteban, del siglo XI, románica, y que destaca también por su cripta.
En sus alrededores hay un par o tres de figuras -esculturas, de cierto interés- que recuerdan otro de los sucesos llamativos de esta localidad incluida en la red de «Los pueblos más bonitos de España», como fue a mediados de los años ochenta la filmación de la película de Berlanga ambientada en los años treinta y la Guerra Civil, «La vaquilla». Grabación en la que participaron como figurantes vecinos de Sos del rey Católico y que contribuyó a popularizar su nombre como destino de turismo cultural e histórico. De hecho, en 1968 fue declarado Patrimonio Histórico-artístico, dando un impulso a una población que perdió fuelle entre los siglos XVI y XIX, pero que lo ha ido recuperando desde la segunda mitad del siglo XX en parte gracias al turismo y a su patrimonio medieval. // (T) (L)
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