La Torre de TV de Stuttgart, referente y modelo mundial para muchas otras

Se tardó unos veinte meses en construir a comienzos de los años cincuenta del pasado siglo. Inicialmente no era el proyecto original, que se transformó y adecuó al modelo actual por intervención de una gran figura del momento y gran constructor de puentes e ingeniero estructural, el profesor Fritz Leonhardt, que no solo la concibió como torre sino también con fines turísticos y espacio de restauración. Hoy, sin duda, la Torre de TV es uno de los espacios más interesantes de visitar de Stuttgart más de sesenta años después.

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Para el Mundial de Suiza de 1954 mucha de la población de la región estaba ávida por conseguir un televisor y poder seguir el torneo pero los problemas de recepción de la señal eran todavía notorios y reservados para unos pocos. Las retransmisiones de la televisión alemana habían comenzado en 1952 pero entonces solo unos 4.000 receptores de TV estaban preparados o, mejor dicho, se habían vendido ya que en aquella época la situación de la red y las economías domésticas en Alemania no estaban para muchas alegrías. Dos años después, para el Mundial, los precios habían bajado y la situación financiera de muchos hogares mejorado. A pesar de ello la repeción de la señal era deficiente. El Mundial se lo perdió mucha gente pero fue el último (por lo menos, por esa razón). La Torre de TV de Stuttgart, construída sobre el monte Bopser de 483 metros, se inauguró el 5 de febrero de 1956.

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Medía 217 metros de alto y desde su inauguración fue considerada y cogida como modelo para posteriores torres de TV como las de Frankfurt o Dortmund en la propia Alemania o mucho más lejos, en lugares como Johannesburgo, en Sudáfrica, o Wuhan, en China. Cuenta con dos plataformas de observación a 150 metros. La segunda, de un diámetro algo menor y pensada para la tranquilidad de los más pequeños ya que dispone de barandillas de 1,30 metros de alto. Lo cierto -y lo decimos por experiencia- es que en la segunda uno se siente más cómodo para acercarse a los extremos que en la inferior.

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Algo más por debajo se encuentra la zona de restauración, otro de los objetivos de la Torre, con unas vistas -como también desde las plataformas- espectaculares y obviamente de 360 grados sobre la ciudad de Stuttgart, los viñedos del valle del Neckar, de los campos de Suabia o la Selva Negra. Por cierto, el ascensor, como es habitual en este tipo de estructuras, sube a velocidad de vértigo. En un suspiro te plantas arriba a 4 metros por segundo. Y con plena seguridad (o esa impresión da). Es también, cabe decirlo, un lugar muy romántico en el que no es nada extraño ver parejas abrazadas disfrutando de las vistas o en el restaurante (que también nos pareció que no era particularmente caro ni elitista). //