(L) El refugio de Linza, en Huesca, y la cascada del Cubo, en la Selva de Irati

(L) El refugio de Linza, en Huesca, y la cascada del Cubo, en la Selva de Irati

Otoño es una época preciosa, cuando los bosques se llenan de colores amarillos, ocres, marrones, naranjas, tonos rojizos… Son solo unas pocas semanas -y que no coinciden de la misma forma ni en la mismas fechas en todos los lugares- pero encontrar uno de esos paisajes con ese cariz es una verdadera maravilla para la vista y para los sentidos. Nos permite reconectar con la naturaleza y, en parte aunque eso va a gustos, con una de sus caras de mayor belleza. ¡Qué tendrán ese tipo de experiencias que nos encandilan y que tienen algo casi espiritual, místico!

En el caso del titular de este artículo se trata de dos parajes cercanos aunque no exactamente en el mismo punto: el refugio de Linza se encuentra en el valle de Ansó dentro del Parque Natural de los Valles Occidentales, en Huesca, y en el caso de la cascada es uno de los puntos más pintorescos y espectaculares de la Selva de Irati, en el valle de Salazar y próxima a Ochagavia, pueblo de montaña considerado por National Geographic como uno de los más bonitos del país para visitar en otoño. Razones le sobran,

En ambos casos, un común denominador: unos hayedos fabulosos y de los más interesantes y llamativos de Europa, a la altura, sin duda de los mejores. Desde el refugio, límitrofe en la comarca de la Jacetania, entre Huesca y Navarra y en la parte noroccidental de los Pirineos Aragoneses, sale un pequeño sendero, de apenas algo más de 600 metros, para todos los públicos, con un pequeño desnivel de apenas una veintena de metros y que discurre paralelo al barranco de Petrachema. Se realiza sobre pistas de esquí nórdico y se cubre -ida y vuelta- en unos 40 minutos como mucho. Se empieza desde la zona de aparcamiento del propio refugio, al que se llega desde el pueblo de Ansó dirección a Zuriza, pasado su camping y hasta el punto de inicio de la caminata. De entre la fauna y según señalan desde propio Parque, destacan la rana pirenaica, el urogallo, quebrantahuesos o, sobre todo, el oso pardo.

De entre toda la zona, de gran belleza e imponente, sobresale de entre las montañas la Peña Ezcaurre, de más de dos mil metros (2.045 m.), que se alza imponente y majestuosa. Todo el recorrido en coche permite disfrutar de unas vistas y parajes preciosos. Bella y armoniosa experiencia.

Cascada del Cubo

En el caso de la Cascada del Cubo, se llega desde el pueblo de Ochagavia y desde el refugio de Irati (Casas de Irati), también desde la zona de aparcamiento en un recorrido cómodo aunque algo más largo, cubriendo una distancia en total en cualquier caso inferior a los tres kilómetros. El paseo, sin duda, vale mucho la pena. Y la época más señalada -aunque también crítica por recibir importantes volúmenes de visitantes- es en otoño. Fiestas y fines de semana, no recomendados.

La Cascada, en esas fechas, suele bajar con mucha agua. Acercarse, con prudencia, es toda una experiencia sobre la magnificencia y fuerza -también belleza- de la naturaleza y, en contraposición, sobre nuestra propia menudencia. De camino, la pista, muy transitable, nos permite disfrutar a un lado de elevadas hayas y al otro, del río Urbeltza. La combinación de ambas experiencias, muy complementarias y poco exigentes, es sin duda recomendable, a la que sumar el factor humano y urbano de pobaciones como Ansó o la propia Ochagavía anteriormente mencionada, que aportan componentes histórica, tradición y son vestigiosos de una realidad rural que se desvanece . //


(Más fotos sobre esta experiencia y bonitos lugares en el perfil de IG: @ev_revista)



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