Lago di Braies, un imprescindible en toda visita a las Dolomitas

Lago di Braies, un imprescindible en toda visita a las Dolomitas

Es uno de esos destinos con un protagonismo y presencia en redes que me atrevería a decir que probablemente se encuentre entre los lagos más famosos, sin duda, del planeta. La estampa con la casita a los pies del lago y el poderoso e imponente macizo de Croda del Becco de 2.810 metros de altitud al fondo es una de esas imágenes que genera envidia sana y unas irrefrenables ganas de visitarlo. De ahí y del auge y deseo por visitar y estar en la naturaleza, acelerado desde la pandemia, que sobre todo en verano sea uno de esos destinos concurridos, con lo que hay que reservar antes de acudir. En julio y agosto y puede que en otros meses también el acceso hasta sus aguas solo se puede hacer en bici o autobús lanzadera, si bien la zona de aparcamiento habilitada se encuentra también muy cerca y no hay ningún problema en este sentido para llegar a sus inmediaciones. Bolzano, que es una de las ciudades de la región más próximas y conocidas, se encuentra a unos 90 kilómetros. La población más cercana al lago es la aldea de Ferrara.

Volviendo al terreno de las fotografías, algunas de las que acumulan más likes son verdaderas maravillas con unas luces difíciles de encontrar, de tonos cálidos y que conforman unos cuadros llenos de matices y una delicadeza majestuosa. El añadido de las barcas o la pericia en la composición añadiendo unas botas sobre el embarcadero o una mirada perdida hacia las aguas del Lago di Braies, de 1200 metros de largo por 400 de ancho y una profundidad que puede llegar hasta los 35 metros de fondo, son el aderezo perfecto para un cuadro natural que ya de por sí es realmente espectacular. Turquesa es uno de los tonos dominantes, junto al reflejo en muchos momentos del día de los picos que circundan un lago, que no es glaciar, sinó que se formó por un corrimiento de tierras sobre el río Braies que creó una presa natural. Por supuesto, sobre dicho origen, hay también leyendas que hablan de pastores, joyas o piezas de oro y dioses pero esa ya es otra historia.

Alrededor puede hacerse un pequeño recorrido que se completa en más o menos una hora a ritmo tranquilo, con mesas y bancos en algunos puntos para sentarse, comer y disfrutar de las vistas. Los volúmenes de gente incluso en las fechas más concurridas son moderados y no incomodan dentro del escenario del Parque Natural Fanes-Senes-Braies. En todo momento y alzando la vista, impone la altura de los picos por encima de los dos mil metros fácilmente y es que el lago ya se sitúa sobre los 1.490 metros. En sus orillas o hasta pocos metros, abundan los árboles y sobre todo abetos y algunas pequeñas playas que dan bastante juego ya sea para hacerse unos selfies o para los más atrevidos incluso para meterse algo aunque no mucho. Incluso en verano la temperatura no sube por norma de los 15 grados y en invierno puede helarse con cierta frecuencia. ¡Qué espectáculo debe ser también esa misma estampa en los meses de más frío, aunque -a poder ser- con algo de sol sobre nuestras cabezas!

No fue nuestro caso, por cierto. Durante el rato que estuvimos, que no fue poco -lo disfrutamos y estuvimos sobre unas tres horas- el tiempo fue cambiante. La presencia de nubes, incluso estando en verano, fue recurrente; algo que, en cualquier caso, tampoco es extraño en un destino de montaña de la embergadura y grandiosidad de las Dolomitas italianas. Para los amantes de la pantalla, parece que algunas escenas de la serie de Terence Hill «A un paso del cielo» se rodaron en sus orillas. Y por lo que se refiere a las fotos, os invito a echarle un vistazo en el perfil de IG (@ev_revista).// (T) (E)



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