Marrakech (II): Tumbas Saadíes, Palacio de la Bahía y Jardines Majorelle

Marrakech (II): Tumbas Saadíes, Palacio de la Bahía y Jardines Majorelle

Después de repasar espacios emblemáticos e imprescindibles de Marrakech como la medina, el zoco, la plaza de Jamaa el Fna o la mezquita Kutubía, quedan todavía algunos lugares francamente interesantes y que guardan historias curiosas y llamativas. Uno de ellos, sin duda, son las Tumbas Saadíes que estuvieron escondidas durante cerca de 200 años hasta que unas fotos aéreas durante el protectorado francés las descubrió en 1917. Las había sellado la dinastía alauita en el siglo XVII -se accedía mediante un pasadizo secreto- justo después de la caída de los saadíes que gobernaron la ciudad durante los siglos XVI y XVII y que precisamente, en buena lógica por el nombre de las Tumbas, las hicieron construir.

Inicialmente fue el sultán Ahmed al-Mansur quien mandó levantarlas a finales del siglo XVI, cuya sepultura se encuentra en una de las salas más conocidas de este complejo -desde hace tiempo abierto al público y muestra del delicado y elegante arte decorativo árabe- de Las Doce Columnas. Otro de los espacios también entre los más destacados es la de Los Tres Nichos. En total, incluídos sirvientes y miembros de la corte, cuenta con un centenar de tumbas, si bien sobre unas sesenta corresponden a la familia gobernante. Su aspecto, hay que reconocerlo y como también pasa en otros espacios tanto de esta ciudad como del conjunto del país, es ejemplo de la delicadeza artística y gusto pot materiales nobles como el mármol o la madera que también están presentes en otro de los espacios más significativos de la ciudad: el Palacio de la Bahía.

Palacio de la Bahía

Éste, de finales del s. XIX, no fue construído por orden de ningún sultán pero sí de su visir que, en vida suya y sobre todo de su hijo, fue una de las residencias más importantes de la ciudad. El segundo, casi más importante que el primero, fue Bou Ahmed. Con él, todo el complejo adquirió su mayor esplendor, con más de 150 habitaciones, ocho hectáreas de extensión, patios, jardines, ornamentación suntuosa llena de mosaicos geométricos de gran belleza (algunos de ellos conocidos como «zellige») y una distribución poco intuitiva pero que incluía entre otros, las habitaciones del harén. Éste tiene, por supuesto, su importancia ya que el nombre del palacios se traduce por «la hermosa» o «brillante» en referencia a alguna de las esposas del visir. Durante el protectorado galo sirvió como aposentos del residente general.

Jardines Majorelle

Y acabamos este pequeño periplo por esta apasionante ciudad, de historia milenaria y enclavamiento fundamental en las rutas comerciales por la región, con los Jardines Majorelle: vinculados al modista Yves Saint Laurent que los adquirió en los años ochenta junto a su pareja Pierre Bergé y donde se encuentran sus cenizas y un memorial a su figura tras su muerte en 2007. El modista los adquirió cuando se barajaba la posibilidad de derruirlos y construir un hotel. Su origen y de ahí el nombre se encuentra en un artista francés que se estableció en los años veinte y adquirió su propiedad. Tardó casi 40 años en darles forma. Después, Ives Saint Laurent fue quien se encargó de su restauración y, según leemos, la propia ciudad de Marrakech tuvo un peso importante en su vida. De su primera etapa quedan, por ejemplo, aspectos y conceptos como el ‘azul majorelle’, intenso, muy especial y de influencia de la cultura y el arte árabe.

Cuenta con unas 300 especies vegetales venidas de los cinco continentes: plantas tropicales, cactús, palmeras, buganvillas, nenúfares… También varios estanques… Y zonas de descanso, restaurante, baños o una tienda. Se recomienda o esa fue nuestra experiencia, ir temprano para evitar largas colas -que se producen- y cierta tolerancia y calma ya que dentro el volumen de visitantes es considerable aunque no exagerado. Marrakech: una ciudad intensa que abordar con energía y mucha curiosidad. // (T) (E)




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