(E) En Atenas, dos de los mayores e importantes museos de arte clásico

(E) En Atenas, dos de los mayores e importantes museos de arte clásico

Antes, precisamente de referirnos a dos de los museos más importantes del mundo en arte clásico y que se encuentran -como no podía ser de otro modo- en la capital griega, hacemos una visita y repaso a otros espacios que no se encuentran tampoco demasiado lejos de la Acrópolis ni del centro de la ciudad y que pueden cubrirse a pie, siempre que no importe caminar un poco (cosa a plantearse, especialmente si se visita en verano cuando el sol aprieta).

Empezamos por la plaza Syntagma, donde se localiza el edificio del Parlamento y donde se encuentra también parte de la ciudad moderna y de los edificios arquitectónicamente más llamativo, de grandes dimensiones. El Parlamento se ubicó en un antiguo palacio real, que funcionó como tal hasta 1935. Delante, destaca el cambio de la Guardia Republicana, vestida con atuendos característicos y peculiares y que hace las delicias de los turistas. Bonito e interesante momento para inmortalizar con la cámara o el móvil y que se repite a las horas en punto. El horario, en cualquier caso, más llamativo, cuando esta ceremonia se oficia acompañada de una banda musical – y que, recordemos, están apostados también en custodia al monumeno al «Soldado desconocido»– es el domingo a las 11 h, cuando dicha parafernalia adquiere mayores proporciones.

Cerca, se encuentra el Jardín Nacional: un espacio verde donde esconderse a descansar y disfrutar algo de la sombra, hacer un alto en el viaje para recuperar fuerzas y hacerlo en un lugar que destaca por algunos de sus patios, plantas exóticas y bustos de poetas contemporáneos. No muy lejos, se encuentran dos puntos que también vale la pena incluir en el itinerario. Uno es el Templo a Zeus, que se empezó en el siglo VI aC y que lo terminó el emperador romano Adriano en el año 132 de nuestra era. Cerca de 700 años para acabar un lugar de culto que se cree que albergó dos esculturas de gran tamaño (de las que poco se sabe, pero que podrían estar dedicadas al propio Zeus, y de menor tamaño, al emperador Adriano). En su época de mayor esplendor, dicho templo contaba con 104 columnas corintias, de 17 metros de alto por dos de ancho, y de las cuales en la actualidad se conservan una quincena. En uno sus costados se encuentra la Puerta de Adriano (especi de ‘arco de triunfo’), que pudo ser un regalo de la población ateniense al emperador.

Al lado, a pocos metros se erige el Estadio Olímpico, que se construyó e inauguró con los primeros Juegos de la era moderna en 1876 y que se ubicó donde se localizaba el antiguo, que databa de 330 aC y donde Adriano mucho tiempo atrás se trajo a sus gladiadores y animales salvajes. La construcción actual tiene capacidad para unos 70.000 espectadores, una longitud de 132 metros y forma de ‘U’, como el original. Dentro puede visitarse una pequeña exposición sobre el movimiento olímpico, que contiene todos los carteles de las ediciones de los JJOO celebradas hasta la fecha.

En la misma zona, a un máximo de 10 minutos a pie y a unos 300 metros de la Acrópolis, se encuentra el Museo del mismo nombre, que ya en los años setenta se creía que quedaba pequeño (estaba en el interior de la Acrópolis) y se planteó la construcción de un nuevo edificio cerca, que se abrió al público en 2009. Tiene tres plantas, con 14.000 metros cuadrados de exposición dedicados a un amplísimo repaso a la historia del mundo griego. Destacan infinidad de esculturas, máscaras, bustos, monedas… Debajo, por cierto, durante su construcción -que se demoró más de los previsto-, se descubrió un yacimiento arqueológico de los siglos IV a VI dC, que se ha conservado, puede visitarse y que dota a esta construcción de un aspecto arquitectónico distinguido también por su diseño y juego con materiales como el hormigón, vidrio y mármol. Desde su interior, hay puntos desde los que se divisa, a poca distancia, el Partenón.

Y siguiendo con museos, a una distancia esta vez algo mayor -a unos 25 minutos a pie, a un ritmo tampoco excesivamente cansino- está el Museo Arqueológico Nacional, que si bien puede que no tenga el nombre del de la Acrópolis, no le va demasiado a la zaga en cuanto a volumen y calidad de piezas y de revisión del mundo clásico griego. Es, verdaderamente, espectacular. No es de extrañar que ambos estén considerados entre los más importantes en este ámbito del mundo. En el Arqueológico, la fachada, ‘muy griega’, no deja entrever el valor de su interior. Su pieza más destacada es una máscara funeraria de oro de un rey egeo y que podría ser de Agamenón, fechada en el siglo XVI aC. También, esculturas a Apolo, Poseidón, la «Cabeza de un filósofo» (s. III aC) o «El hombre de Delos» (año 100 aC), solo por citar algunas de las muchísimas piezas que se encuentran en sus salas y que suponen el repaso a más de 7.000 años de historia clásica.

Acabamos este recorrido por Atenas subiendo a lo alto del monte Likavetos, al que se puede acceder a pie o mediante un teleférico que cubre una distancia de unos 280 metros de longitud. Un trayecto que se hace corto pero que ahorra una subida apreciable. Desde arriba, las vistas sobre la ciudad, la Acrópolis y los grandes monumentos de la capital griega valen mucho la pena. Hay terrazas para reposar y disfrutar de las vistas, algo que se puede hacer después de echarle un rápido vistazo a una capilla del siglo XIX dedicada a San Jorge.

Atenas puede verse en un par de días, más o menos intensos, para seguir el viaje por Grecia y dsfrutando de lo mucho que hay por ver en este país mediterráneo de extensa y variopinta historia.


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