Es todavía minoritaria, experiencial, aunque creciendo: la aventura del desierto en Marruecos atrae cada año a decenas de miles de personas, que no son nada o muy poco en comparación con los más de 17 millones de visitantes que registra el país y que sobre todo se concentran en ciudades com Tánger, Fez o Marrakech o en la costa y durante todo el año (descartado o muy poco recomendable en verano). De todos modos, las dunas, la arena, sobre todo en la zona de Erg Chebbi y Merzouga, en el suroeste del país y cerca de la frontera con Argelia, cada vez tiene más tirón. Normal, teniendo en cuenta la atracción, capacidad de seducción de un entorno mítico y místico: especial. Y que gracias a los muchos avances vividos hace que la experiencia en el desierto ya haga tiempo que es cómoda y muy agradable: apta para muchos públicos, con tiendas que pueden incluir luz eléctrica, baño o agua caliente. Prácticamente trasladar una habitación de hotel al desierto.
Nosotros llegamos desde las Gargantas del Dades y de Todra en una jornada completa y siguiendo un itinerario desde Marrakech muy habitual, variado aunque exigente. Son muchas horas de coche y hay que estar atento. Al llegar, propuesta de quads o 4×4: experiencias típicas que a nosotros no nos decían mucho. Optamos por el paquete básico, excursión en dromedario, corta, aunque de una hora más o menos hasta lo alto de una de las dunas más imponentes desde donde nosotros acampábamos. Nos supo mal por nuestro peso y por el esfuerzo del animal, pero superadas esas primeras resistencias, el recorrido valió mucho la pena. Bonitas e infinitas vistas de arena y más arena de mil matices. Las crestas podían llegar hasta los 150 metros de alto en un entorno acotado de unos ocho kilémetros de ancho por casi una treintena de longitud. Una eternidad, imaginamos, en el pasado y una prueba de supervivencia para muchas caravanas que por ahí cruzaron desde o hacia el África subsahariana.
Dromedarios: hasta 10 días sin beber
Curiosa la mirada de los dromedarios (de una joroba, que no dos de los camellos), aparentemente bondadosa y que merecen mención aparte: curtidos, pueden superar los 400 quilos de peso, medir hasta dos metros, vivir más de carenta años y estar más de siete días e incluso hasta diez sin beber agua. De hacerlo, pueden ingerir 100 litros (incluso salobre) en poco tiempo, que no acumulan en su joroba, donde lo que almacenan es grasa (energía). Y pueden aguantar oscilaciones térmicas entre -5 grados y hasta 45 positivos. Por cierto, pueden no ser tan tranquilos sino temperamentales, si bien nosotros no lo vimos. Según leemos, en las clásicas caravanas, podían recorrer sobre los treinta kilómetros de distancia diarios. Se valoraban, y aún lo hacen aunque también para el turismo, por su carne, piel y leche. Además, tienen una gran memoria, capaces de recordar rutas y lugares. Normal que por todo lo comentado fueran cruciales durante gran parte de la historia en la región.
Tras la excursión, dos momentos destacados: no el de la cena, que no estuvo mal, pero sí los del atardecer y amanecer. Llama la atención cómo puede descender tanto el termómetro y la calma, silencio absoluto, en un paraje excepcional, límite, como es el de este tipo de naturaleza y que nosotros vivimos, eso sí, de forma muy controlada. Al levantarse, antes de las seis de la mañana de ese mes de abril, sorpresa: el cielo estaba nublado. Contraste grande en un entorno donde las lluvias no son muy frecuentes. Y vivencia compartida. todos, sin excepción, quisimos disfrutar de la salida del sol y ver cómo, poco a poco, iba bañando con sus rayos esas dunas infinitas a la vista de tonos ocres.
Tras el desierto, pequeña parada en el pueblo cercano de Merzouga, de unos 5.000 habitantes, antes enfocado a la agricultura y ganadería y punto de cruce de las caravanas y hoy sobre todo al turismo, de casas de adobe, sencillo y característico del paisaje de Marruecos, con esos tonos pálidos, suaves y alegres. Buen complemento, en cualquier caso al desierto, y punto y seguido en nuestro recorrido de vuelta, en este caso, dirección a Ouarzazate y sus famosos estudios -y museo- de cine. // (T) (E)


































Deja un comentario