Castro Urdiales: Roma y el Cantábrico como identidades

Castro Urdiales: Roma y el Cantábrico como identidades

Está francamente muy cerca de Bilbao y de Vizcaya, a apenas unos 30 kilómetros, y es uno de los primeros pueblos al este que uno se encuentra en la costa de Cantabria: un pueblo que merece sí o sí una parada con calma para disfrutar de su paseo marítimo, de espacios como la iglesia gótica de Santa María de la Asunción, su castillo-faro medieval o su casco histórico de origen romano, que no medieval como a veces se cree. Un lugar con carácter, marcado lógicamente por el mar y todo lo relacionado con él, que durante la segunda mitad del siglo XX vio como su cercanía estrechaba lazos con el País Vasco. De hecho, su población se duplica o incluso triplica en verano en parte por la proliferación de segundas residencias de familias venidas a más del norte industrial. Durante el año, el número de habitantes se mueve sobre los 35.000.

Su origen, por lo tanto, se remonta al siglo I dC, bajo dominio del emperador Vespasiano, que estableció en Castro Urdiales una colonia marítima y de las más importantes del norte peninsular. Su nombre fue el de Flaviobriga, que vendría a traducirse como «la fortaleza de los Flavios» (familia a la que pertenecía el emperador). Y de hecho, según parece, debajo todavía hoy del casco antiguo se encuentran restos de aquella antigua colonia fundacional.

Por supuesto, antes ya había asentamientos a medio camino entre Cantabria y el País Vasco, o mezcla de ambos territorios y sus habitantes. Tras la caída del Imperio, vive un repunte en el siglo XII cuando recibe carta de «villa» de parte del rey Alfonso VIII que revitaliza el comercio y atrae población; y los siglos XVI a XVIII son los de la pesca y el comercio marítimo con el atún, la sardina y la industria conservera con un peso notable. El XIX vendría marcado por la potente industria minera de Vizcaya y el XX y XXI por el auge del sector servicios y turismo. Un rápido repaso histórico con especial protagonismo para el mar y sus aguas. Y es que los romanos ya se fijaron en ella precisamente por su orografía natural favorable como puerto protegido, que facilitaba las conexiones atlánticas o el comercio de un mineral muy valorado entonces: el hierro.

3 imprescindibles para visitar

Casco antiguo al margen, que merece la pena y que siempre debe tener un lugar en cualquier itinerario de viajes, son interesantes en Castro Urdiales la que se considera una de las iglesias góticas más importantes y destacadas de la costa cantábrica como es la de Santa María de la Asunción, que con el puerto a sus pies conforma una postal muy reconocible de esta localidad. Es del siglo XIII y es fracamente llamativa. A nosotros, por supuesto, nos encantó.

Otro de los imprescindibles es un puente (de Santa Ana) que erróneamente siempre se ha creído o popularmente pensado que era romano cuando en realidad es medieval pero que llama mucho la atención, sea o no de hace casi dos mil años. Subir y cruzar por él es casi obligación y un recorrido muy natural y lógico cuando se pasea por toda la parte portuaria. Conecta o lleva hacia la iglesia anteriormente mencionada. Y el tercero de los lugares, también muy cercano, es el Castillo-Faro de Santa Ana, también originariamente medieval y que desde 1853 cambió de funciones para ser menos imponente en el ideario colectivo pero más útil sobre todo para las embarcaciones.

Acabamos este pequeño repaso con mención a dos de sus playas urbanas, las de Ostende y Bazomar, y sobre todo a su gastronomía, donde destacan las rabas pero no solo: anchoas, sardinas, bonito, percebes… Un amplio abanico que hará las delicias de cualquiera y que pueden encontrarse en muchos de sus múltiples establecimientos, numerosos y con personalidad, sobre todo, en la parte del centro. // (T) (L)

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