1 etapa EV: entrevistas Guernica

Guernica, 80 años después de los bombardeos de 1937

En el próximo número de la revista “EV” (que sale este septiembre), hacemos un repaso del bombardeo de 1937 durante la Guerra Civil española sobre la población de Guernica, que dio más tarde pie al célebre cuadro de Picasso y que convirtió ese pueblo vasco en símbolo internacional desde entonces y hasta la actualidad de la lucha por la paz. El bombardeo se produjo un lunes, día de mercado, y aunque las tropas ‘nacionales’ (de Franco) quisieron inicialmente justificarlo bajo la voluntad de cortar la retirada de las tropas republicanas destruyendo un pequeño puente de unos 15 metros de largo, la realidad es que tras las tres horas de destrucción (pocas veces vistas hasta la fecha sobre población civil y por parte de la aviación), el puente seguía en su sitio pero el 70% del pueblo ardía. En un reportaje emitido por la La Sexta este verano se explicaba cómo la estrategia de la Legión Cóndor alemana ideó un plan, tristemente de alta eficacia, conformado de varias fases. La primera quería destruir los tejados de las casas para en una segunda oleada dejar caer en el interior de los inmuebles bombas incendiarias que hicieran arder todo lo que fuera susceptible de hacerlo. Desgraciadamente tuvieron éxito y se produjo, en palabras de algunos testigos que padecieron el bombardeo, muchos fuegos de gran impacto sobre las estructuras de las casas. La estampa, que más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial se reproduciría en muchos otros puntos de Europa, fue desoladora.

(A continuación reproducimos un fragmento del artículo que publicamos)

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Fueron cerca de 3 horas, desde las cuatro de la tarde hasta las siete, las que marcaron para siempre la historia de Guernica. Era lunes, día de mercado, la Guerra Civil iba ya camino de su primer año de contienda ese 26 de abril cuando aparecieron los primeros aviones alemanes de la Legión Cóndor en el horizonte. Lo que seguiría sería una operación muy bien diseñada y con un único objetivo: destruir completamente la ciudad. O por lo menos reducirla a su mínima expresión, ocasionando unos daños materiales raras veces observados hasta la fecha.

El número de víctimas presenta oscilaciones muy considerables. Desde los más de 1.600 (1645) y 889 heridos hechos públicos apenas unos pocos días después del ataque por el gobierno vasco hasta otros historiadores que cifran los muertos en algo más de un centenar. Entre 200 y 250 es una cantidad que muchos expertos dan por buena aunque parece muy difícil de verificar dados los ingentes esfuerzos de las tropas franquistas por eliminar pruebas, papeles o registros en los días posteriores. Incluso, trataron de negar la autoría del ataque, esencialmente llevado a cabo por la aviación germana y con apoyo italiano, atribuyéndoselo a las fuerzas gubernamentales o, en sus propias palabras, “a los rojos comunistas”. De hecho, tendrían que pasar muchos años hasta que la Dictadura reconociese estar detrás del bombardeo sobre Guernica. Durante la guerra se jugó a la desinformación pero con poco acierto. La presencia de periodistas internacionales durante aquellas fechas en Bilbao y en la región hizo que la noticia apareciera en muchos rotativos extranjeros desacreditando la versión ofrecida por los nacionales. Se señala especialmente a un periodista, George Steer, que trabajaba para The New York Times, y que fue quien señaló por ejemplo que las bombas que habían caído sobre Guernica eran alemanas.

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El propósito fue arrasar el pueblo
La intención, el objetivo, que motivó tal bombardeo parece difícil de comprender. No se trataba de un lugar estratégico a nivel militar, se enfocara por donde se enfocara pese a contar con cierta industria armamentística –y que tradicionalmente ha sido parte del tejido productivo de la ciudad- o que se arguyera que la intención era cortar la retirada a las tropas republicanas. Para ello, aseguran, querían derribar un puente situado en la parte este de la ciudad, de apenas unos 15 metros de longitud y que parece harto improbable que la mejor forma de destruirlo fuera mediante el uso intensivo de aviación, cazas y bombas explosivas e incendiarias. Además, tras el ataque, precisamente el puente siguió estando en su mismo sitio y siendo transitable. Por el contrario, el 70% de las casas quedaron destrozadas. Los niveles de destrucción fueron espeluznantes, un anticipo de imágenes que más tarde se verían durante la Segunda Guerra Mundial, protagonizadas por las fuerzas alemanas y aliadas. En un reportaje emitido este verano en el canal de TV La Sexta se enumeraban varias de las etapas en que se dividió el ataque: la primera, según apuntaban, buscaba mediante el uso de bombas explosivas destruir los tejados de las casas. La segunda, mediante el uso de artefactos incendiarios una vez las casas y los edificios estaban desprovistos de los tejados, era hacer arder los interiores de las estructuras, hechas en muchos casos de madera. Y el nivel de eficacia de esta estrategia tan bien planificada fue muy elevado. Detrás se encontraba un militar germano, teniente coronel, ingeniero, y de apellido conocido entre el estamento castrense alemán. Su nombre era Wolfram von Richtofen, primo de Manfred von Richtofen, más conocido por sus gestas como aviador durante la Primera Guerra Mundial como “el barón rojo” (…)

(Puede leerse el artículo completo en el número 07 de la revista “EV”)

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