(L) El Monasterio de Poblet, «Patrimonio de la Humanidad» desde 1981

(L) El Monasterio de Poblet, «Patrimonio de la Humanidad» desde 1981

El Monasterio de Poblet es uno de los más conocidos de Catalunya; de hecho, probablemente sea el más conocido por delante de otros también dentro de la «Ruta del Císter», interesantes pero no a ese nivel, como el de Santa Maria de Vallbona de les Monges o el de Santes Creus -éste último, también muy recomendable y que pudimos visitar durante aquellos días-. En el caso de Poblet, llegamos con el tiempo justo para dar una vuelta completa, ver mucho de lo que hay por visitar y salir prácticamente cuando ya echaban la llave y el cierre a todo el recinto.

La entrada, espectacular, con un amplio patio y dos torres. A uno de sus costados se encuentra la que en siglos atrás fue y actuó como residencia real. Sus torres y relieves decorados en las fachadas son potentes, vigorosas en un caso, y trabajadas y delicadas en el otro.

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Franqueamos la puerta de acceso ante un espacio sobre el que ya habíamos oído hablar y leído bastante. Su fama y prestigio la preceden y no es ningún secreto a estas alturas. Del interior del monasterio, destacan entre muchos espacios, el claustro: harmonioso, bello. Y, la iglesia. Ésta guarda las sepulturas de un amplio número de monarcas y también de alguna reina. Entre sus nombres, solo por citar algunos, se encuentran las sepulturas de Jaume I el Conquistador, Pere III el Ceremonioso, Martín I el Humano, Fernando I de Antequera, Alfonso IV el Magnánimo o Beatriz de Aragón. Sobre el conjunto, el gran escritor catalán, Josep Pla, dejó escrito en 1980 en la “Guía fundamentada y popular del Monasterio de Poblet”: “Todo es limpio y pulido y tiene una naturalidad elegante. No hay nada vulgar, ni adocenado, ni extraño. Todo es orden y paz».

Poco más que añadir a esa descripción, tan pulcra y precisa. En esa misma década, la UNESCO lo declaró «Patrimonio de la Humanidad» y lo justificó del siguiente modo: «Situada en Catalunya, esta abadía cistercense, una de las más grandes y más completas del mundo, rodea su iglesia, construída en el siglo XII. Unida a una residencia real fortificada, guardiana del panteón de los reyes de Catalunya y Aragón, impresiona por su majestuosa severidad”.

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Terminamos nuestra visita con una vuelta por su parte museística, instalada en estancias de los siglos XIV y XV, en la parte final del recorrido y que también guarda cierto interés, tanto histórico como artístico. Un complemento más a un gran espacio religioso, que vivió en el pasado grandes momentos, que fue centro de poder de primer orden y que hoy conserva con solemnidad parte sustancial de aquel pasado.


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