Es una excursión algo exigente, aunque nada que cualquier persona acostumbrada a caminar por la montaña no sea capaz de aguantar ni de culminar sin demasiados esfuerzos. Y las vistas, desde lo alto de esta cima por encima de los dos mil metros, valen mucho la pena. Hacerlo en un día despejado y en unas horas de luz agradable -a nuestro entender- es también recomendable. La naturaleza, prados y flores se tiñen de unos tonos ocres y dorados de gran belleza. Es, sin duda, una bonita y agradable experiencia a realizar -subida y bajada- en un tiempo orientativo no superior a las tres horas (como máximo).

Dice la leyenda, según la mitología vasca, que el monte Ori, según leemos, es morada de Mari, diosa de los genios de la naturaleza, y de Basajaun, genio que eligió el interior de los bosques para expresar su bondad (y, de vez en cuando, también su parte más oscura). El camino empieza, en su versión más corta, desde el alto de Larrau, limítrofe con Francia, en la frontera, y donde hay una zona de aparcamiento. Hasta allí se llega por la carretera de Ochagavía, que se deja atrás. El desvío hasta Larrau, queda a la izquierda y se encuentra, más o menos a unos 15 minutos en coche del pueblo. La carretera, hasta arriba, serpentea algo aunque es tolerable para cualquier que no se maree en exceso.
Antes de coger el camino a pie, las vistas ya desde ese punto merecen un alto y dedicarle algunos instantes. Después es ya turno para empezar la subida, que por momentos es algo empinada. Atentos también a la niebla, que mejor evitar y que además quita de mucha sentido la experiencia ya que la visibilidad (uno de los mayores atractivos de este recorrido hasta el pico de Ori) es una de las principales razones por las que realizar el ascenso. Se dice que en días despejados, las vistas pueden llegar a alcanzar el mar Cantábrico o la población de Pau, en el país vecino.

La primera parte de la ascensión es sencilla aunque en un tramo, ya pasada una media hora, se complica algo. Hay una cuerda en una zona rocosa que facilita la tarea. En cualquier caso, en ese punto, algo de prudencia siempre vale la pena. La vertiente navarra es algo más suave mientras la francesa se caracteriza por ser más abrupta. Todo el recorrido, en general, hasta arriba, a 2.017 metros, el primer dos mil de los pirineos occidentales, se cubre en una hora y media (máximo, dos). En la parte más alta, nos encontramos con caballos comiendo, relajados. Sorprenden también las muchas nubes a baja altura que se divisan desde arriba, en dirección a la zona de Belagua, en el valle de Roncal.
El Ori se encuentra en el valle de Salazar, como su punto más alto, y con poblaciones de gran reconocimiento por su singularidad y aspecto como la propia Ochagavía (que hay portales de viajes que señalan como «una de las poblaciones más bonitas de España en otoño»). Ezcároz o Esparza. O destinos naturales tan destacados como la Selva de Irati, espectacular y muy demandada entre los meses de octubre y noviembre, especialmente en fines de semana y festivos (y si se puede, mejor evitar para visitar entre semana).
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