Tenía un ojo que lo hacía único: miembro de las generaciones que le dieron un giro al documentalismo español, que dejó el corsé del fotoperiodismo o reporterismo más estricto limitado por la realidad e incluyó en los encuadres el arte, la ironía, la sugerencia o la abstracción, Masats es uno de esos fotógrafos dotados por una varita con una visión muy personal que hoy acumularía, cientos, miles de seguidores en redes con sus fotos en blanco y negro que describen una época, la de este libro editado entre La Fábrica y el ministerio de Cultura, muy especial. En él viaja en el tiempo a una España de los años cincuenta o sesenta, cronólogicamente no tan distante pero que desde la perspectiva actual parece otro mundo. Las nuevas tecnologías y las transformaciones fulgurantes y muy aceleradas de las últimas décadas -más aún en el último lustro y más que lo van a hacer en los años venideros- hacen de estas imágenes un recuerdo por recuperar y que nos humaniza: nos devuelve a unos ritmos distintos y a unas relaciones que, con todas sus contradicciones y miles de matices, puede que fueran pese a los miedos del momento y en el ámbito más cotidiano y menos político más auténticas.
Por supuesto, son fotos en muchos momentos llenas de clichés sobre la iglesia, el poder, el estamento militar, los toros… Aparece una España muy folclórica pero que hibrida con la transformación en ciernes, con el desarrollismo urbanístico y las influencias de un turismo incipiente y muy atraído por la particularidad y exotismo patrio. Masats recoge infinidad de escenas de ese tipo, que combina con una lucidez asombrosa e inteligente. Desvía el objetivo de lo que sucede enfrente y se fija en los márgenes y en personajes o elementos inertes muy concretos para a través de sus ojos, expresión, rostro, unas manos, un pie, un cable, el surtidor de una gasolinera o una farola sintetizar un instante, un momento, una época y un espacio en un instante con un mensaje y una intención. Es un maestro de la composición, de la geometría y del juego con las capas, que sabe mediante sobre todo el uso del 35 y 50 mm incluir en el encuadre los elementos suficientes y necesarios para que la imagen sea francamente rica y que nos invite a hacernos preguntas. Nos seducen y nos llaman a querer saber más.
Nacido en 1931 en Caldes de Montbui, su llegada a la fotografía se produce durante la ‘mili’ por aburrimiento y a través de una revista ilustrada. De ahí surge una pasión sin fin que lo llevará primero a retratar las Ramblas de Barcelona y más tarde, ya con vocación profesional, a trasladarse a Madrid donde ejercerá como fotógrafo a tiempo completo, con encargos para distintos medios y encuadrándose en agrupaciones de referencia como la almeriense AFAC o él mismo siendo parte fundadora de La Palangana. En los años cincuenta y sesenta es una de sus épocas de mayor producción y éxito con trabajos sobre el boxeo, los Sanfermines o la vida y tradiciones en Castilla la Vieja. Alguno de esos trabajos se concretan en fotolibros hoy entre los más importantes de la fotografía española de siempre. Después, pasa durante casi 18 años a la televisión y el documentalismo cinematográfico, para en los años ochenta volver a la imagen fija y ver reconocida su aportación con el Premio Nacional de Fotografía en 2004. Veinte años más tarde, en 2024, murió en Madrid.
En «Visit Spain» hay algunas de sus fotos icónicas como la del cura haciendo de portero o la de una mujer mayor encalando la fachada de su casa, pero hay un montón más que valen mucho la pena descubrir y dedicarles un buen rato a observar, analizar y puede que con suerte aprender algo y que no sería poco: un maestro, al que sucederían otros cogiendo la obra de Masats como camino e inspiración. // (T) (Lb)
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