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Casi 70 años de conflicto árabe-israelí

¿REALMENTE ISRAEL ESTÁ PENSANDO EN LA SOLUCIÓN DE UN SOLO ESTADO PARA EL CONFLICTO CON PALESTINA?

Donald Trump en la reunión con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, mantenida en febrero de 2017 aseguró o dejó entrever la posibilidad de contemplar como posible solución al conflicto entre israelíes y palestinos la creación de un único estado que, según han publicado diversos medios, podría suponer la anexión de facto de Cisjordania y la creación de un ‘mini-estado’ en esa región que concentraría 2,5 millones de habitantes.

Esa pequeña Cisjordania palestina estaría además -como lo está ahora- separada, sin continuidad territorial de la otra parte que constituye Palestina, la Franja de Gaza, de apenas 40 kilómetros de longitud por una amplitud que oscila entre los 12 y 6 kilómetros y que se ve en una situación humanitaria complicada, sobre todo agravada por el bloqueo por mar, tierra y aire israelí que sufre desde hace varios años. Una solución, en cualquier caso, que no cuenta con el aval de la mayoría de la comunidad internacional, partidaria de la solución de dos estados, con el añadido o dificultad del estatuto o consideración de Jerusalén.

Declaraciones de Trump
Asimismo, las declaraciones de Trump, realizadas a finales de 2017, en que anunciaba el traslado de la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén tampoco han ayudado demasiado a apaciguar las aguas y traer a las partes negociadoras a la mesa, tras la ruptura entre ambas vivida en 2014. La visita de Mike Pence este pasado enero al Muro de las Lamentaciones y la Knesset –parlamento israelí-, convirtiéndose en el primer vicepresidente norteamericano en pisar la cámara israelí, tampoco han contribuido demasiado o por lo menos no lo han hecho en el sentido más esperanzador para el conflicto.

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El conflicto, que dura ya cerca de 70 años, parece lejos de solucionarse

La diplomacia palestina boicoteó la gira de Pence como represalia a las declaraciones sobre el traslado de la embajada de Estados Unidos, que despertó amplias expresiones de contrariedad y rabia en muchos estados árabes. También, entre los palestinos que amenazaron con la declaración de una tercera Intifada, que hasta el momento parece que no se ha acabado por desplegar –aunque sí hubo enfrentamientos durante varias semanas y muertos por ambas partes-. En mayo de 2017, Trump se había entrevistado con el presidente palestino Mahmud Abbas, ofreciéndose como posible “mediador o facilitador” en las negociaciones de paz.

Más de 50 años de conflicto
Las raíces del conflicto, de todos modos, se remontan a la creación del propio estado de Israel en mayo de 1948 cuando, tras la marcha de las fuerzas británicas que habían administrado Palestina mediante un protectorado desde comienzos de los años veinte hasta aquella fecha, se disparó el conflicto entre ambas partes. David Ben Gurion declaró el estado de Israel, de hecho, un día antes que expirara el mandato británico. La ONU, que había estado trabajando en la solución de la creación de un estado judío como respuesta al desastre y sentimiento de culpa que representaron los campos de concentración y el holocausto, sumado a los esfuerzos realizados por el movimiento sionista desde finales del siglo XIX, eran partidarios de la creación de dos estados: uno israelí y otro palestino.


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El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de la ONU aprobó un plan para la partición de Palestina, recomendando la creación de un estado árabe independiente y uno judío, y un régimen especial para Jerusalén. Según dicho informe, elaborado por el Comité Especial de las Naciones Unidas sobre Palestina (UNSCOP, por sus siglas en inglés), el territorio palestino incluía “Galilea Occidental, la región montañosa de Samaria y Judea –con la exclusión de la ciudad de Jerusalén-, y la llanura costera de Isdud hasta la frontera egipcia”. Tras el inicio de los choques con una alianza de países árabes, en desacuerdo con la propuesta de Naciones Unidas –por representar una pérdida sensible de territorio que no se correspondía con el peso demográfico y territorial que por entonces ostentaba la población palestina-, Palestina perdió el 50% del espacio propuesto por el plan planteado por la ONU.

Israel, después de la firma del armisticio de 1949 con Egipto, Siria, Líbano, Jordania e Irak, vio como sus fronteras se ampliaban notablemente, erigiéndose de facto desde ese momento en las nuevas fronteras entre ambos países, conocidas como “Línea Verde” y que se verían alteradas nuevamente después de la Guerra de los Seis Días de junio de 1967.


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“Mi familia es un ejemplo del sufrimiento causado por la guerra”

Slavko Mitric, cocinero croato-bosnio es uno de los protagonistas del próximo número de EV que dedicamos a “Sarajevo, veinte años después del final de la guerra”. Durante la guerra era apenas un niño de seis años que no entendía demasiado todo lo que estaba pasando pero que tuvo que vivir experiencias y ver escenas duras o muy duras para todo individuo; y más para un niño. En los peores momentos  del conflicto apenas podía ir al colegio y tenía que permanecer, junto a su madre y dos hermanos, escondido en el sótano de su edificio durante varios días seguidos para evitar ser alcanzado por alguno de los obuses que caían sobre su ciudad, Bugojno, en los bombardeos que sufrió durante aquellos largos meses. La convivencia entre comunidades “se vio afectada” y la escazez de todo tipo de cosas (“aunque sin llegar a pasar hambre”, según explica) se convirtió en norma.

Años después, con la guerra terminada, viajó dos veranos, gracias a los contactos de su iglesia, a Valencia para ser acogido durante algunos meses por una familia. Aquello le marcó hasta tal punto que, tiempo más tarde, y ya viviendo en Chicago (a donde emigró en 1999 junto con toda la familia), quiso recuperar el contacto con aquellos padres ‘adoptivos’. Esto le llevó a visitar varias veces España en esta última década y a conocer, también, Barcelona, gracias a un amigo catalán hecho en Estados Unidos. Hoy vive en la capital catalana desde hace algo más de un año y ha abierto un restaurante (Can Cirera) de auténtica comida balcánica (y muy buena, podemos decirlo de buena tinta) ayudado económicamente por uno de sus hermanos,  que vive en Nueva York. Su relato, por momentos, muy emotivo es el testimonio de una familia sacudida por los efectos de la guerra y su afán por seguir adelante.

A continuación reproducimos un fragmento de la entrevista que mantuvimos y que podrá leerse en toda su integridad en la versión en papel que publicaremos este comienzo de 2016:

¿Cuándo y por qué viene a Barcelona?
Hace poquito más de un año. Y la razón es un poco larga pero surge a raíz de un amigo catalán conocido en Chicago. Mucho antes, cuando yo tenía diez y once años vine a Valencia dos veranos fruto de la colaboración entre la iglesia católica de mi ciudad y una organización española. Pasé dos estancias, en 1998 y 1999, con una familia que acogía niños que habían pasado por la guerra. Aquella familia me trató como si fuera su propio hijo y guardo muy buen recuerdo de todo aquello y mantengo el contacto y afecto por ellos.
En 1999 toda mi familia salimos de Bosnia hacia Estados Unidos donde estuve quince años: desde 1999 hasta el año pasado, en Chicago.

¿Cómo fue esa experiencia?
Pasé quince años: desde los 12 hasta los 27 años. Vivíamos en una ciudad de 45.000 habitantes en la periferia de Chicago en una zona donde había muchos refugiados de múltiples conflictos como Vietnam, distintas partes de África o la propia Bosnia. Vivíamos en unos edificios llenos de inmigrantes.
Representó un cambio grande, un estilo de vida muy distinto, y hubo que acostumbrarse. Costó un poco. La ciudad era aparentemente grande pero parecía un pueblo y ofrecía pocas cosas a los jóvenes. Fuimos los cinco: con mis dos padres y dos hermanos (los dos mayores). Yo soy el pequeño.

Antes comentaba que había vivido la guerra, ¿qué recuerdos tiene de aquello?
En mi ciudad, Bugojno, en Bosnia central, sentimos la guerra más profunda. Todo empezó a comienzos de los noventa y yo nací en 1986, así que por entonces era bastante pequeño. Con cinco o seis año vi cosas complicadas de explicar, duras. Sufrimos al comienzo muchos bombardeos desde las montañas.

Para un niño sería especialmente delicado…
Bueno, era distinto para mí que, por ejemplo, para mis hermanos que eran más mayores que yo. Cuando yo tenía 7 años el mediano tenía 12 y el mayor 17 y esas ya eran edades, sobre todo, en este último caso, que te permitían comprender algo más todo lo que estaba pasando. Para mí era distinto: me adaptaba como buenamente podía a esa forma de vida sin comprender demasiado nada de todo aquello. Lo vives como viene y haces caso de lo que dicen los padres y los adultos. Más tarde, conforme te vas haciendo mayor, vas interpretando todo lo que sucedió.

¿Hoy, cómo ve aquel conflicto?
Se puede analizar todo lo que queramos y reflexionar sobre ello pero lo triste es que afectara a tantas personas, a tantas familias destrozadas, tanta gente que tuvo que huir… Mi familia es un ejemplo perfecto del sufrimiento causado por la guerra aunque también de las ganas por seguir hacia adelante. Hoy estamos muy unidos pero, por entonces, nuestras vidas cambiaron radicalmente. Tuvimos que aguantar muchas cosas y acabar marchando en 1999 para buscar una nueva vida.