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¿Qué pasó en la guerra de los Balcanes y cuál es hoy la situación?

Prácticamente no se habla de lo que está sucediendo en los últimos años en los Balcanes. Apenas alguna corta nota informativa con motivo de unas elecciones celebradas en uno de esos países pero poca cosa más. La situación, según los expertos, hoy por hoy es bastante más alarmante sobre la radicalización de determinados partidos y grupos de lo que uno pudiera pensar. De la guerra de los Balcanes de los años noventa, y muy especialmente de uno de sus peores episodios, el cerco sobre la capital bosnia de Sarajevo, este 2017  hace ya 25 años de su inicio.

Nosotros, en la revista “EV” dedicamos un número monográfico (el nº 03) en el que publicamos varias entrevistas con personas y testimonios que nos dieron una visión más profunda, cercana y detallada de lo que representó y lo que hoy está pasando. Una de esas personas fue el periodista de Radio Sarajevo, establecido en Catalunya y que saca nuevo libro “La vida y la muerte de Yugoslavia”, Boban Minic. Estas eran algunas de sus respuestas:

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En un artículo que publicó hablaba de la guerra de los Balcanes mediante expresiones como: “Eso escapaba a cualquier lógica”. ¿A qué se refería?
En ese texto, editado justo el día del vigésimo aniversario de la masacre de Srebreniça, me refería a lo ocurrido en ese pueblo bosnio. En el manuscrito de mi nuevo libro tengo un capítulo sobre ese crimen que convirtió esa pequeña ciudad en el símbolo de la guerra de Bosnia. Para escribirlo tuve que leer documentos, testimonios, opiniones y análisis. Así, al final, encontré las respuestas a (casi) todas las preguntas, excepto a una: ¿por qué?
Se escapa a la lógica que después de entrar en la zona protegida, separar a los niños y a las mujeres, empezaran a matar sistemáticamente a todos los hombres. No encuentro ni sentido ni lógica – militar, estratégica o política – para tal decisión. Podían intercambiar los prisioneros, incluso chantajear a los bosnios y a la comunidad internacional. Pero, los mataron. ¿Se trataba de una locura, de la maldad en estado puro o de la intención de, una vez por todas, “limpiar” el territorio, establecer nuevas fronteras e imposibilitar la vida común para siempre? Mi lógica no es capaz de entenderlo ni asumirlo.
Pero, la guerra en general se escapa a toda lógica. Después de tantas barbaridades, de tanta sangre, sufrimiento y destrucción en el nombre de los “intereses nacionales supremos”, la gente en toda la región vive peor que antes. Incluidos, Eslovenia y Croacia: países a los que pensábamos que les “había tocado la lotería” entrando en la UE. Según todos los parámetros, ellos también viven por debajo del nivel que tenían en la ex-Yugoslavia.
Y también, fuera de cualquier lógica, vemos como el nacionalismo beligerante y fundamentalista de nuevo crece en Serbia y Croacia – los países “étnicamente limpios”, o sea mononacionales -.

¿Cómo se comprende o intenta todo lo sucedido allí durante el conflicto?
Como una manipulación y un engaño a la gente normal. Mandaban los intereses tanto dentro de la región como a nivel europeo y mundial. Hay que regresar al año 1989: la caída del Muro de Berlín no representaba sólo la derrota de la Unión Soviética sino el derrumbamiento de una ideología que en los países del Este fue como una religión. En el caso de la ex-Yugoslavia esta ideología mantenía unidos pueblos con diferentes religiones, culturas… hasta las lenguas. Derrumbar el comunismo (aunque en Yugoslavia era muy suave) sin ofrecer a los pueblos una salida y ayudas en su transición democrática podía (y lo hizo) provocar el caos.
Parece que fuera y dentro del país hubo fuerzas interesadas en destruir Yugoslavia. En el caos y las aguas turbulentas siempre aparecen todo tipo de criminales y manipuladores, psicópatas y paranoicos. Pero esa fue la ‘solución’ que ofrecieron los nacionalistas y los clérigos de todos los pueblos. Empezó la manipulación y la propaganda bélica se instaló. Y se alimentó el miedo hacia los ‘otros’; hasta ayer vecinos, colegas y amigos.
Cuando los líderes empezaron a materializar sus planes, la gente ya había sido suficientemente intoxicada y preparada para luchar e, incluso, para cometer barbaridades. Prevalecía el mencionado ‘interés nacional’, lo que quería decir que “el objetivo justificaba los medios”. Por eso tanta crueldad, la limpieza étnica y los crímenes hasta llegar al genocidio.

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Sobre el papel de la comunidad internacional, ¿ha encontrado alguna respuesta al por qué de su actuación?
Desde el primer día fui muy crítico sobre el papel de la comunidad internacional, antes y durante la guerra. Actuaron tarde y mal. Ya he dicho algo sobre el abandono de los países socialistas y comunistas, después de la caída del Muro de Berlín. Después de la muerte del mariscal Tito, con tantos pueblos, lenguas y religiones y con la crisis identitaria, la situación en la ex-Yugoslavia era explosiva.
La crisis económica agravó la frustración. Los líderes occidentales lo sabían, pero, igualmente, no tomaron medidas. En el peor periodo de su historia (un año antes de la guerra) la deuda externa del país no llegaba a los 14.000 millones de dólares. Quiere decir que el precio que podría haber cambiado el curso de la crisis política y, quizás, impedir o frenar la devastadora guerra en Yugoslavia, fue el equivalente al del rescate de un pequeño banco en la crisis española. ¿Por qué el mundo no quiso intervenir antes del estallido de la violencia? ¿Por qué las fuerzas internacionales no tenían el mandato de intervenir y prevenir las masacres? ¿Por qué se impuso el embargo de armas al lado más débil? ¿Por qué se forzó el Tratado de Dayton cuando el ejército bosnio había empezado a preparar la ofensiva para liberar el país?
Últimamente se desvelan algunos secretos y salen a la luz testimonios que aseguran que los líderes occidentales no quisieron apagar la crisis porque Yugoslavia, socialista y relativamente próspera, no les interesaba sino todo lo contrario: preferían atomizar el país y, de este modo, controlar los estados que nacieran de sus cenizas (un escenario deseado por los neoliberales de Europa y de Estados Unidos). En Bosnia, los dichos documentos y testimonios también desvelan el miedo a que un “país unido, de mayoría de ciudadanos musulmanes, pudiera convertirse en un país islámico y fundamentalista” (como dijo el mismo Bill Clinton en una entrevista). El Tratado de Dayton y la constitución impuesta a Bosnia, lo confirman.
Con la conferencia y el Tratado de Dayton, los occidentales acabaron la guerra pero, al mismo tiempo, muchos piensan que, expresamente, dividieron el país e hicieron de Bosnia un estado ingobernable, insostenible y sentenciado a su desaparición.

(Toda la entrevista, íntegramente, apareció publicada en el número 03 de “EV”, en un monográfico especial sobre la guerra de los Balcanes)

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El número 03 de EV, ya está a punto

Dando un giro importante al proyecto, como ya avanzamos en un post anterior, este número 03 de “EV, entrevistas (y más) para lectores curiosos” girará alrededor de un tema específico, monográfico. En este caso, en el número 03, hemos tratado el tema de los 20 años transcurridos desde el final de la guerra de Bosnia y nos hemos centrado en la situación en Sarajevo tras estas dos décadas transcurridas dsde los Acuerdos de Dayton de 1995.

Para ello, hemos entrevistado a cuatro personas que nos han ilustrado sobre el tema. El primero es Boban Minic, periodista en aquel entonces de Radio Sarajevo, que vivió la guerra in situ y que desde hace un tiempo está establecido con su família en L’Escala (Girona). Su testimonio es fundamental para entender lo que pasó y cuál es la situación hoy en el país. Slavko Mitric era un niño cuando la guerra tuvo lugar. Emigró a Chicago y llegó a a Barcelona apenas hace poco más de un año donde ha abierto un restaurante de comida balcánica. Estudió cocina y llegó a la capital catalana gracias a una amistad conocida en la ciudad norteamericana. Asimismo, del mundo de la universidad, Alfredo Sasso, doctorado por la UAB especializado en Bosnia, nos aporta el punto de vista más académico. Y Marc Casals, nos ofrece la experiencia de un traductor catalán que lleva desde 2010 viviendo en Sarajevo.

Además, entre otros, publicamos artículos sobre la historia de la guerra de los noventa, el éxito de la selección de fútbol que se clasificó para el Mundial de Brasil 2014 o las más de treinta películas rodadas cogiendo como eje el conflicto (hemos repasado algunas de las más conocidas).

Bosnia: la alarma del paro y la corrupción

Hace tiempo que tener estudios superiores no es garantía de tener un buen trabajo. Y ni tan siquiera sencillamente de tener trabajo. El que sea. En una crónica de Euronews se explicaba el caso de estudiantes universitarios en Bosnia que denunciaban que tuvieran que pagar cantidades entre 5.000 y 12.000 euros para hacer prácticas o tener trabajo en la administración pública. Alfredo Sasso, doctor por la UAB especializado en aquel país, coincidia en este tipo de denuncia en la entrevista que mantuvimos para el siguiente número de “EV.03”. Lamentaba los altos niveles de corrupción existentes. La BBC afirmaba que “Bosnia es uno de los países más corrutpos de Europa”. La revista Forbes y el Banco Mundial consideraban éste como uno de los problemas más graves que afronta el país y aseguraba que “es una de las principales barreras a la inversión extranjera y el crecimiento del país”. Sasso recordaba que un porcentaje alto de jóvenes quieren marchar del país y que el número de personas que abandonan sus fronteras buscando un futuro mejor es insostenible. Alguno de los destinos habituales se encuentran en Europa Central, Países Escandinavos, Estados Unidos o Australia, entre otros. Siempre intentan desplazarse, afirma Sasso , a lugares donde ya se tiene algún conocido que les facilite la llegada y la adaptación a una nueva realidad.

El otro grave problema, entre muchos de los que azotan a Bosnia, es el paro. El porcentaje oficial llega prácticamente hasta el 40%, aunque las cifras reales teniendo en consideración el trabajo no declarado, pueden bajar hasta cerca del 30%. Aún así, la cadena británica señala que es uno de los porcentajes más altos de toda Europa. Además, los sueldos son bastante bajos. La nómina media oscila sobre los 300 euros mensuales, una cantidad que contrasta con el nivel de vida en Bosnia, que una información de Euronews situaba “entre los más altos de la región“. Por contra, los salarios en la Administración son sensiblemente superiores y pueden multiplicar por mucho el de la mayoría de los trabajadores. Las cifras pueden moverse sobre los 2.000 o 3.000 euros mensuales. Esto explica que gran parte de la ciudadanía busque tener contactos en el sector público. Todo ello, a su vez, alimentando una corrupción creciente.

El tercer problema y preocupante es el modelo administrativo imperante. Sasso recordaba en la entrevista las palabras de un diplomático británico hace más de una década cuando afirmaba que “Dayton fue un buen acuerdo para acabar con la guerra pero un pésimo acuerdo para construir un país”. El periodista bosnio Boban Minic, establecido en l’Escala (Girona), criticaba lo mismo y denunciaba que el actual modelo parece condenado al fracaso. Ambos hablaban de Bosnia, hoy, como un “estado fallido”. La razón de tan duro diagnóstico se encuentra en un país que cuenta con tres niveles administrativos de funcionamiento, con grandes competencias y poca subordinación jerárquica, además de muy poca voluntad política. Por detras del nivel estatal, que cuenta con una presidencia rotatoria cada ocho meses entre representantes de las tres comunidades principales del país (bosnio-musulmanes, serbios y croatas), se encuentran dos entidades: la República Sprska (serbia) y la Federación de Bosnia y Herzegovina (musulmana). En ambos casos el nivel de homogeneidad de sus comunidades es casi total (y, por lo tanto, escasa relación interétnica). Desde que se firmara el Acuerdo de Dayton en 1995, el acercamiento entre ambas ha sido escaso. La constitución, que tenía que ser temporal prácticamente no se ha tocado en estas dos décadas. Y si el modelo ya es complejo y de difícil encaje, hay que sumar el nivel cantonal por un lado; y por el otro, por encima de cualquiera, la figura de un Alto Representante de la Unión Europea, que vela porque se cumplan los acuerdos y que la situación entre todos se mantenga dentro de unos cauces asumibles. La realidad, en palabras de Minic, es que se está avanzando más hacia la escisión en el país y la independencia de alguna de sus entidades que hacia la construcción de una verdadera conciencia conjunta de estado.

Para acabar, hay que decir que no todos los organismos son tan pesimistas, si bien es la nota más habitual. El Banco Mundial describe a Bosnia como un país de renta media-alta y celebra el avance económico conseguido en este tiempo. Asegura, si bien Euronews discrepa, que la pobreza se ha reducido del 20% al 14% en estas dos últimas décadas.

Un traductor catalán en Sarajevo

Apasionado de la zona, fue el joven italiano doctorado por la UAB Alfredo Sasso el que nos introdujo al gerundense Marc Casals. Gracias a él supimos de este traductor catalán establecido desde hace algunos años en Sarajevo, para saber de su mano las impresiones que aquella ciudad genera en la actualidad, desde la perspectiva de los 20 años pasados desde el final de la guerra. El sufrimiento por entonces fue mucho y las heridas abiertas entre comunidades llegaron muy adentro. Hoy todo está demasiado a flor de piel, apuntan.

Marc Casals lleva unos cuantos años en Sarajevo pero no llegó allí desde Cataluña u otra destinación más -diríamos- corriente, llámese Londres, Berlín, París, etc. Ya hacía tiempo que residía en los Balcanes (Bulgaria y Croacia). Es, por lo tanto, lo que podría considerarse un entusiasta de la región, como también lo es Sasso. En este número 03 de “EV” reproduciremos íntegramente toda la entrevista, que es bastante amplia y no tiene desperdicio. El nivel de reflexión es serio y riguroso. Aquí, a modo de anticipo, publicamos un extracto de la misma, y descubrimos las razones de su interés por aquella parte de Europa.

¿Por qué fue a Sarajevo? ¿Y qué le llevó allí?
La fascinación constante por Bosnia desde el primer momento que puse los pies en el país. La combinación de mezcla y separación entre religiones y etnias, ver una sociedad luchando por escapar de una situación sociopolítica endemoniada y el trato personal con algunos bosnios en mi primer viaje allí rompieron por completo mis esquemas mentales e hicieron que enseguida sintiese una enorme conexión con el lugar. Durante años estuve viviendo en otros países balcánicos (Bulgaria y Croacia), pero cada vez que podía viajaba a Bosnia y con frecuencia acariciaba la idea de mudarme algún día aquí. En 2010 finalmente di el paso, llegué a Sarajevo con la idea de aprender el idioma y me he ido quedando hasta hoy.

¿Cuál es su actividad actualmente? ¿Cómo es su día a día?
Soy traductor autónomo y trabajo desde casa, así que durante el horario laboral acostumbro a estar recogido en casa traduciendo. Después de comer y por la noche intento dar un paseo o salir a tomar algo para airear la mente y socializar. Los fines de semana, en primavera y en verano viajo por el país en coche y, en invierno, me quedo por Sarajevo o, si hay nieve en las montañas, voy a esquiar a las estaciones olímpicas cercanas a la ciudad.

¿Qué opinión tenía antes de ir a Sarajevo y cómo ha evolucionado ésta en este tiempo que lleva viviendo allí?
Antes de mudarme a Sarajevo no tenía ninguna opinión establecida, sino más bien una enorme curiosidad por un mundo que me parecía a la vez fascinante e incomprensible. Aún conservo esa fascinación, aunque un poco erosionada: con el paso de los años se pierde la novedad y lo que antes era excepcional se convierte en cotidiano. Eso sí, sigo pensando que Sarajevo es una ciudad única, una de las más especiales en las que he estado jamás.

¿Cómo ve la situación política, social y económica en la ciudad?
Por desgracia, tanto Sarajevo como Bosnia entera son víctimas de un sistema político absolutamente disfuncional que favorece el sectarismo y la corrupción y tiende a ahogar cualquier iniciativa independiente. Hasta que esta estructura no experimente ningún cambio significativo, todos los casos de éxito (que los hay) se deberán más a la persistencia e incluso a la heroicidad de sus protagonistas que a la existencia de cauces que favorezcan el desarrollo tanto de la ciudad como del país en general.

Dzeko, una historia que va más allá del fútbol

Era apenas un niño de 10 años cuando empezó a jugar a fútbol. Su padre lo llevó a un colegio que no estaba destruido por la guerra y tenía un patio en mínimas condiciones para correr y patear el balón. Ese fue el inicio de una afición que se convertiría en profesión y que lo ha llevado a ser considerado entre los mejores delanteros del mundo. Aquel colegio estaba en Sarajevo y todo sucedía a mediados de los años noventa. Edin Dzeko recuerda sus inicios en una entrevista concedida a la CNN y cómo salvó la vida gracias a su madre cuando un día lo hizo entrar en casa pocos segundos antes que el espacio en el que jugaba fuera bombardeado. Perdieron la casa de los padres y tuvieron que instalarse con los abuelos y quince familiares más. Vivió todo el conflicto en la capital bosnia en lo que, seguro, tuvo que marcar su infancia. Aún así, de aquella experiencia, saca una lección constructiva cuando asegura que con confianza siempre se puede mirar al futuro con optimismo.

En su caso aquella confianza se convirtió en una carrera deportiva hasta la fecha muy destacada y que lo ha llegado a situar entre la élite del fútbol mundial. Dejó Bosnia para ir a jugar a la República Checa y de allí pasó al Wolsburgo alemán. Más de 65 goles marcados en tres años y medio llamaron la atención de los mejores clubes, siempre atentos a la irrupción de nuevos y prometedores artilleros. Se fue al Manchester City y, con él, obtuvo varios títulos. Entre ellos, una Premier League inglesa. Sus números fueron buenos pero no extraordinarios. Alternó titularidad con suplencia e, incluso, durante alguna temporada, llegó a coincidir con Negredo -que tampoco triunfó y hoy se encuentra en el Valencia-. Hoy juega, junto a su compatriota Pjanic, en la Roma.

Y si a nivel de clubes puede hablarse de éxito, también puede emplearse la misma expresión para definir su actuación y rendimiento con la selección bosnia. Es el máximo goleador con más de cuarenta goles y ha conseguido jugar un Mundial. Lo hizo en el de Brasil 2014 encuadrado con Argentina, Nigeria e Irán. No pasaron de la primera fase con dos derrotas y una victoria frente a los persas que de poco sirvió. El seleccionador habló de éxito, por la clasificación para el Mundial, pero de sabor agridulce al sentir que con algo de mejor suerte y más fortuna (especialmente, en el partido frente a Nigeria) podrían haber pasado a octavos. Sea como fuere, tuvo que ser extraordinario saltar al césped ese día del estreno de Bosnia en un Mundial. El marco fue incomparable: el estadio de Maracaná. Y contra uno de los favoritos, la Argentina de Lionel Messi. Dzeko no estuvo demasiado fino, como tampoco el resto del equipo. Para el Europeo de este verano en Francia (2016) llegaron a la repesca contra Irlanda pero cayeron en un desempate bastante ajustado.

En líneas generales, la actuación de la selección es más que buena, sobre todo si recordamos los traumas sufridos apenas hace veinte años por la guerra y que se trata de un país joven con unos datos de crecimiento económico delicados y un contexto político y social tenso. Dzeko, en este tiempo, ha conseguido dejar atrás el escenario de aquel patio rodeado de destrucción por el de los estadios más importantes del Planeta. Y ha confirmado como buenas algunas de sus convicciones.

“Mi familia es un ejemplo del sufrimiento causado por la guerra”

Slavko Mitric, cocinero croato-bosnio es uno de los protagonistas del próximo número de EV que dedicamos a “Sarajevo, veinte años después del final de la guerra”. Durante la guerra era apenas un niño de seis años que no entendía demasiado todo lo que estaba pasando pero que tuvo que vivir experiencias y ver escenas duras o muy duras para todo individuo; y más para un niño. En los peores momentos  del conflicto apenas podía ir al colegio y tenía que permanecer, junto a su madre y dos hermanos, escondido en el sótano de su edificio durante varios días seguidos para evitar ser alcanzado por alguno de los obuses que caían sobre su ciudad, Bugojno, en los bombardeos que sufrió durante aquellos largos meses. La convivencia entre comunidades “se vio afectada” y la escazez de todo tipo de cosas (“aunque sin llegar a pasar hambre”, según explica) se convirtió en norma.

Años después, con la guerra terminada, viajó dos veranos, gracias a los contactos de su iglesia, a Valencia para ser acogido durante algunos meses por una familia. Aquello le marcó hasta tal punto que, tiempo más tarde, y ya viviendo en Chicago (a donde emigró en 1999 junto con toda la familia), quiso recuperar el contacto con aquellos padres ‘adoptivos’. Esto le llevó a visitar varias veces España en esta última década y a conocer, también, Barcelona, gracias a un amigo catalán hecho en Estados Unidos. Hoy vive en la capital catalana desde hace algo más de un año y ha abierto un restaurante (Can Cirera) de auténtica comida balcánica (y muy buena, podemos decirlo de buena tinta) ayudado económicamente por uno de sus hermanos,  que vive en Nueva York. Su relato, por momentos, muy emotivo es el testimonio de una familia sacudida por los efectos de la guerra y su afán por seguir adelante.

A continuación reproducimos un fragmento de la entrevista que mantuvimos y que podrá leerse en toda su integridad en la versión en papel que publicaremos este comienzo de 2016:

¿Cuándo y por qué viene a Barcelona?
Hace poquito más de un año. Y la razón es un poco larga pero surge a raíz de un amigo catalán conocido en Chicago. Mucho antes, cuando yo tenía diez y once años vine a Valencia dos veranos fruto de la colaboración entre la iglesia católica de mi ciudad y una organización española. Pasé dos estancias, en 1998 y 1999, con una familia que acogía niños que habían pasado por la guerra. Aquella familia me trató como si fuera su propio hijo y guardo muy buen recuerdo de todo aquello y mantengo el contacto y afecto por ellos.
En 1999 toda mi familia salimos de Bosnia hacia Estados Unidos donde estuve quince años: desde 1999 hasta el año pasado, en Chicago.

¿Cómo fue esa experiencia?
Pasé quince años: desde los 12 hasta los 27 años. Vivíamos en una ciudad de 45.000 habitantes en la periferia de Chicago en una zona donde había muchos refugiados de múltiples conflictos como Vietnam, distintas partes de África o la propia Bosnia. Vivíamos en unos edificios llenos de inmigrantes.
Representó un cambio grande, un estilo de vida muy distinto, y hubo que acostumbrarse. Costó un poco. La ciudad era aparentemente grande pero parecía un pueblo y ofrecía pocas cosas a los jóvenes. Fuimos los cinco: con mis dos padres y dos hermanos (los dos mayores). Yo soy el pequeño.

Antes comentaba que había vivido la guerra, ¿qué recuerdos tiene de aquello?
En mi ciudad, Bugojno, en Bosnia central, sentimos la guerra más profunda. Todo empezó a comienzos de los noventa y yo nací en 1986, así que por entonces era bastante pequeño. Con cinco o seis año vi cosas complicadas de explicar, duras. Sufrimos al comienzo muchos bombardeos desde las montañas.

Para un niño sería especialmente delicado…
Bueno, era distinto para mí que, por ejemplo, para mis hermanos que eran más mayores que yo. Cuando yo tenía 7 años el mediano tenía 12 y el mayor 17 y esas ya eran edades, sobre todo, en este último caso, que te permitían comprender algo más todo lo que estaba pasando. Para mí era distinto: me adaptaba como buenamente podía a esa forma de vida sin comprender demasiado nada de todo aquello. Lo vives como viene y haces caso de lo que dicen los padres y los adultos. Más tarde, conforme te vas haciendo mayor, vas interpretando todo lo que sucedió.

¿Hoy, cómo ve aquel conflicto?
Se puede analizar todo lo que queramos y reflexionar sobre ello pero lo triste es que afectara a tantas personas, a tantas familias destrozadas, tanta gente que tuvo que huir… Mi familia es un ejemplo perfecto del sufrimiento causado por la guerra aunque también de las ganas por seguir hacia adelante. Hoy estamos muy unidos pero, por entonces, nuestras vidas cambiaron radicalmente. Tuvimos que aguantar muchas cosas y acabar marchando en 1999 para buscar una nueva vida.

En el número 03: monográfico sobre Sarajevo

El número tres de la revista será un poco distinto. En nuestro empeño por ofrecer cada vez más un producto periodístico y editorial más adecuado a lo que pensamos que nuestros potenciales lectores pueden demandar, hemos decidido que este número tres de la revista gire alrededor, en este caso, de un eje temático como es Sarajevo y los 20 años transcurridos desde el fin de la guerra de los Balcanes con los Acuerdos de Dayton.

Yacontamos con tres entrevistas que, junto a una serie de artículos, pueden ofrecer una buena visión de conjunto de cuál es la situación hoy en aquella ciudad y en aquel país. Para empezar un doctor en Ciencias Políticas por la UAB especializado en Bosnia nos dará una buena fotografía sobre cómo es la realidad allí a fecha de hoy y la evolución -o falta de ella- experimentada durante estas dos últimas décadas. La segunda entrevista, y una de las emocionalmente más intensas, es el relato de un cocinero establecido en Barcelona de origen craoto-bosnio que vivió la guerra siendo un niño en una ciudad de Bosnia meridional y que en 1999 tuvo que emigrar junto con su familia a Chicago, donde vivió durante quince años. Con él conoceremos su experiencia de todo aquello de primera mano pero también representará una buena oporunidad para descubrir las particularidades de la cocina balcánica -y de la bosnia, más concretamente-. La tercera persona con la que hablaremos dará una visión distinta de todo ello: un traductor catalán que lleva viviendo en Sarajevo más de cinco años. Nos permitirá acercarnos a esa urbe a través de unos ojos cercanos a los nuestros y explorar costumbres, tradiciones y relaciones que nos podrán sorprender.

Como complemento a estas tres entrevistas y para ofrecer una buena visión de conjunto ofreceremos artículos sobre historia de los Balcanes y de la guerra, haremos un pequeño análisi del contexto político y económico a fecha de hoy y también nos aproximaremos a los grandes atractivos que ofrece Sarajevo como ciudad y lugar extraordinario de encuentro de civilizaciones, culturas y religiones a lo largo de los siglos. Además abordaremos el éxito cosechado por su selección de fútbol en 2014 al conseguir clasificarse para la fase final del Mundial de Brasil’14. Algo que nunca había conseguido en su historia y que, al margen de los grandes combinados de larga tradición, no está al alcance de demasiados equipos nacionales.