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Pare Manel: “No hay más Dios en el Papa que en cualquiera de nosotros”

El Pare Manel trabaja desde los años setenta en el distrito de Nou Barris. Es un sacerdote distinto, atípico, que viste de calle y que desde entonces se preocupa por sus vecinos. Acude a la cárcel, tanto de jóvenes como de mayores, y desarrolla actividades para los más pequeños y adolescentes mediante una amplia oferta de actividades de deportes, música, refuerzo escolar, ‘casals’ o comidas, entre muchas otras. Asegura que en la educación se encuentra unas de las claves para el futuro desarrollo de los chavales, ya que es esencial haber “experimentado experiencias de amor, comprensión, ternura o bondad” para interiorizarlas y poder proyectarlas en el futuro a los demás. Desde 2004 todos estos proyectos se transforman en su Fundación, que desarrolla un trabajo encomibale y fundamental en el barrio y que le han valido el reconocimiento de la ciudad y de Catalunya con la Cruz de Sant Jordi y la Medalla de Honor de Barcelona. Este año ha sido candidato a “Català de l’any”. Asegura sentirse abrumado por tantos reconocimientos, que no esperaba aunque él sigue con su actitud al lado de los más necesitados.

(En el próximo número de “EV” publicamos una amplia entrevista con él para conocer más sobre su persona. Aquí reproducimos un extracto de la misma)

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En un artículo sobre usted se usaba mucho el término “bondad” para referirse a su persona pero, ¿qué es para usted?

Para mí la bondad es la dimensión del ser humano donde se encuentra su realización a través de la solidaridad, la comunicación y el amor. Lo que pasa es que siempre no podemos ser buenos. Una persona no es mala porque quiere sino que muchas veces se debe a una serie de circunstancias o motivos.

Usted ha dicho que los presos en cierta manera también son “víctimas”.

Sí, generalmente vemos o juzgamos a los demás de forma espontánea de modo que uno sólo mira el mal que el otro le ha hecho pero no analiza ni contempla el mal que uno hace. Es muy delicado hablar sobre este tema porque con ello no pretendo justificar el mal pero sí subrayo que generalmente en todas las actitudes, el código penal, los juicios y en todo el sistema represivo no se tiene en cuenta el por qué. Hay que preguntarse por qué una persona roba, por qué una persona pega, por qué una persona tiene una deformación sexual… Sólo cuando nos preguntamos el por qué de las cosas podemos encontrar posibles soluciones. Y no quiero decir con ello que existan siempre. Yo no soy optimista con la vida, no puedo serlo porque veo demasiada mierda cada día. Y no sólo por lo que pasa en mi entorno sino por lo que pasa en general en el mundo.

Con esto tampoco quiero decir que no podamos hacer nada para que las cosas vayan mejor. Lo único que digo es que cualquier persona, un niño o una niña, que no ha encontrado desde su nacimiento una experiencia de amor, de crecimiento ni se ha sentido acompañado, es muy probable que luego no pueda o no sepa practicar la humanidad o la bondad.

En este sentido, ¿hasta qué punto cree que nos condicionan las circunstancias?

Dependerá de muchos casos pero, en general, de forma muy significativa. Si no puede haber un proceso de liberación, es complicado. Una niña que ha sido abusada por su padre o por su hermano, su tío o el abuelo, si no puede rehacer esta experiencia de violación, se le hace muy difícil. No digo que no pueda porque he conocido gente con experiencias traumáticas, hándicaps, y han sido capaces de superarlos pero sí que es muy complicado. En cualquier caso se trata de experiencias que marcan muchos, como nos marcan a todos.

Usted se estaba refiriendo a casos muy traumáticos y muy duros, pero refiriéndonos a experiencias menos extremas, ¿hasta qué punto podemos superar nuestras circunstancias?

Por supuesto que las personas pueden sobreponerse a circunstancias adversas, eso por supuesto. Cada uno tiene capacidad para superar sus defectos.

¿Por qué se acaba en el mundo de la droga, de la delincuencia…? Además, usted ha conocido muchos casos.

Imagino que porque en lugar de experimentar procesos de crecimiento, la persona vive procesos de deterioro. Ningún niño de siete años es malo pero dependiendo de qué educación reciba, puede acabar convirtiéndose en alguien malo; quiero decir en alguien que haga daño a otras personas o que las utilice para su beneficio. Esto último, en definitiva, es la esencia de la maldad: buscar el provecho propio independientemente de la forma o la finalidad.

“Can Culleretes”, el restaurante más antiguo de Catalunya

Obtuvieron el reconocimiento por parte del Libro Guinness de los Récords a finales de los años ochenta y, afirman, que fue completamente “por sorpresa”. Tal es así que sus propietarios pensaron que al poco tiempo tendrían que devolver el reconocimiento por ser de pago. La realidad es que no ha sido así y que dicha distinción luce en una de sus paredes desde entonces al lado de algunos cuadros costumbristas de dimensiones espectaculares y también cerca de un centenar de fotografías enmarcadas de comensales distinguidos como Plácido Domingo, Núria Feliu o el torero Mario Cabré. Gran figura, esta última, de la época, que se cuenta que inclusio tuvo un affaire con Ava Gardner y que el mismo Frank Sinatra tuvo que venir a buscarla para llevársela y casarse. Fue padrino de boda de una de sus alma mater y responsable de este restaurante, Montse Agut, que junto a su hermana Alicia, regenta este local, que data de finales del siglo XVIII y está situdo en el barrio gótico de Barcelona.

Dice que “suerte de los turistas”, porque gracias a ellos la crisis económica se ha supertado o se está superando algo mejor. Asegura que el éxito en su caso reside esencialmente en buscar (y encontrar) “una buena relación calidad-precio” y destaca de su menú, entre otros platos, “sus canelones”, que hacen siguiendo la receta tradicional aunque con su toque que los “hace muy suaves”.

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(A comtinuación os ofrecemos un pequeño extracto de la entrevista que publicamos en el número 06 de la revista “EV, entrevistas (y más) para lectores curiosos”).

Es el restaurante más antiguo de Catalunya y el segundo de España. Abiertos desde hace más de 200 años y con ustedes al frente durante ya casi 60 años, ¿cómo se consigue esto?

Nosotros estamos aquí desde el año 1958. Se consigue con mucho trabajo. Y también ayuda que muchos de nosotros somos familia. Siempre intentamos que alguno de nosotros esté en el restaurante. La clave es siempre intentar hacer las cosas bien. Hubo una temporada que las cosas fueron algo peor pero nosotros pudimos levantarlo un poco y conseguimos continuar. La cuestión es la relación calidad-precio: no abusar demasiado de precio y que siempre ofrezcas una calidad al nivel de lo que pides, de manera que te evites encontrarte sorpresas.

Dicen que si las paredes del restaurante hablaran explicarían muchos de los episodios de la historia de Barcelona. ¿Cuáles destacaría?

Sobre todo, los muchos personajes que han pasado por aquí. Y que pueden verse en nuestras paredes. Datan a partir de la llegada de mis padres, antes no había ninguna. Muchos de ellos eran ilustres. Nos han nombrado en alguna obra de teatro, Mercè Rodoreda lo hizo en un par o tres de sus obras. Recientemente tuvimos algunos actores que iban a actuar en el Teatre Nacional… Mercè Sampietro…

¿Podría decirse que entre estas figuras que comenta destacan sobre todo las de perfil cultural e intelectual o hay de todo un poco?

Hay de todo. También políticos, empresarios… Pero es verdad que también al estar tan cerca del Liceo tenemos a muchos cantantes. Cuando lo cogieron mis padres sí que venían muchos pintores y gente del ámbito cultural, que se reunían aquí. Incluso gente que venía de fuera. Ellos siempre tenían una mesa reservada y daba igual cuántos pudieran ser: podían ser diez, cuatro o no venir nadie pero siempre tenían la mesa reservada para ellos.

Otro dato interesante es el del nombre del restaurante: se dan algunas explicaciones sobre su origen.

Nosotros nos creemos la del “Nois, culleretes!”. Como era una chocolatería y se necesitaban muchas cucharitas, había un mostrador que estaba aquí (dentro del actual restaurante) y por eso era habitual escuchar esa expresión. La gente acabó por conocerlo como el “Culleretes”. Hablamos de finales del siglo XVIII, sobre 1786, cuando aquí había una señora y se necesitaban las cucharitas para las cremas y los chocolates.

La otra versión habla del primer sitio donde se usaron las cucharitas de metal, aunque yo me creo más la primera versión, que el cronista Lluís Permanyer también da como más creíble.

Circo y el restaurante más antiguo de Catalunya, en “EV 06”

Ya hemos cerrado y hecho dos entrevistas que saldrán en el próximo número (“EV 06”). La primera es con Louise Raluy, directora de uno de los circos más conocidos y de prestigio de España del último siglo: el Raluy, que desde hace poco ha pasado a llamarse Raluy Legacy. Pudimos asistir al espectáculo y presentó números increíbles de acrobacias, equilibrios, fuego, magia y otras habilidades (fútbol incluido). Todo aderezado con ‘gags’ de humor amable y efectivo. Con ella descubrimos qué es lo que más engancha de esta forma de vida y qué es lo que menos, si es o no compatible con un modo de vida más ‘estándar’ y cuál es el estado de salud de este sector, entre algunos temas.

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Con Montse Agut, por otro lado, tuvimos la oportunidad de visitar y conocer de primera mano la historia y curiosidades del restaurante, según el Guiness de los Récords, más antiguo de Catalunya y el segundo de España: Can Culleretes, en el centro histórico de Barcelona. Data de finales del siglo XVIII aunque en manos de esta familia se encuentra desde hace 60 años. Pudimos ver algunas de las baldosas originales o pisar dos de los comedores primigéneos. Asegura que su secreto se encuentra en hacer “buena comida a un precio razonable”. De momento, mal no les ha ido: van por la segunda generación y la tercera también participa del negocio. A título personal, nos trataron maravillosamente y con gran amabilidad. En las paredes destacan, además de cuadros urbanos de comienzos y mediados del siglo XX, un sinfín de fotografías de ilustres comensales firmadas que han pasado por sus mesas.

Tomás Sirvent, 4ª generación de maestros del turrón

¿A quién no le gusta el turrón? Entre sus muchas variedades, uno u otro acaba por entusiasmarnos. Los hay para todos los gustos y para todos los bolsillos. Hoy, como en muchos otros campos como el del pan o el vino, se vuelve a lo artesanal, a lo de toda la vida. Tomás Sirvent es la cuarta generación que se dedica a la producción de turrones. Están especializados en el de jijona, con planta propia en aquella zona de Alicante, y a su vez también han sabido diversificar extendiendo su oferta de productos a la horchata, postres y otras delicias. La mayoría del turrón lo venden por las fiestas de Navidad pero una pequeña parte la destinan a la exportación y sobre todo hacia Alemania y Europa Central donde el frío aprieta y productos hipercalóricos tienen un valor ‘extra’. Esto es lo que explicaba en la entrevista que mantuvimos y que publicamos (este febrero) en el quinto número de la revista “EV”.

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¿Qué cantidades venden a lo largo del año?

Nosotros sobre todo vendemos en Navidad aunque hacemos una pequeña producción también para vender durante el resto del año. Hay extranjeros (franceses, italianos u otros) que al pasar por aquí compran algo pero es poca cosa.

¿Hay alguna especie de relación entre el turrón y las temperaturas de esos días, con el frío?

Sí, correcto. El turrón necesita frío. Y además, cultural o emocionalmente se establece una asociación de ideas entre el frío, la nieve, la Navidad y el turrón.

¿Dentro del sector, como sucede en otros casos, se vuelve a lo artesanal?

El turrón es un producto que siempre ha sido muy artesanal aunque es cierto que hoy está todo más industrializado, con la incorporación de mayores tecnologías y todas las ventajas productivas derivadas, con menores costes de estructura, etc. La consecuencia también es una pérdida de calidad. El turrón ya no es igual. No se puede comparar con el trabajo de una persona que mima el producto, que sabe y le da el punto adecuado de cocción, etc. Por eso nosotros primamos la calidad y seguimos apostando por lo artesanal.

¿Cuántas variedades hay?

Hay muchas, hoy se hace turrón de todo tipo. Yo distingo entre el turrón tradicional y el turrón de obrador. Los tradicionales son el de jijona, alicante, guirlache… los de toda la vida. Y luego están los de obrador, que son los mazapanes con fruta, de yema quemada… Y ahora entramos en una nueva era, que son los chocolates y combinaciones con mazapán. Por lo tanto, hay dos grandes grupos que son los que dominan y, sobre todo, los tradicionales. Son los ‘jota, caballo y rey’ de los turrones.

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¿Es más o menos saludable?

Bien hecho es saludable pero es hipercalórico. A nivel de salud te aporta grasas vegetales, mucho mejores que las animales ya que son más solubles por el cuerpo que las retiene menos. Además, aporta muchas vitaminas, minerales… Pero se tiene que consumir con moderación y no cada fin de semana, por ejemplo. Hablamos, por supuesto, del turrón artesanal, no del industrial que va lleno de productos químicos, aditivos…

¿Existe alguna fórmula milagrosa para pasadas las Navidades no haber ganado peso, con tanta oferta de productos de buen sabor y altos en azúcares?

Es que esto me hace gracia. No se gana peso sólo por el turrón sino por todo lo que se come: canelones, caldo, cordero, vino, cava, postres… Y luego, el turrón. Así que se gana peso no sólo por el turrón sino por todo lo demás. Preocuparse por si el turrón engorda, en este contexto, no tiene tampoco demasiado sentido.

 

Recuperamos alguna entrevista: Lama Wangchen, Casa del Tíbet de BCN

Llegamos este febrero al número 05 de la revista. Cuando se empieza cualquier proyecto no se sabe qué recorrido puede tener y es importante saber valorar cada uno de los pequeños pasos alcanzados. Nosotros celebramos de momento haber llegado al número 05 y con motivo de ello recuperamos algunas de las entrevistas realizadas como la del Lama Wangchen de la Casa del Tíbet de Barcelona. Fue interesante hablar con él tanto por la situación política en aquel país como por sus amplios conocimientos como monje budista y su cercanía al Dalai Lama.

(Aquí os facilitamos un amplio extracto del contenido publicado en nuestro número 02).

La Casa del Tíbet se funda en 1994 con la finalidad de “difundir y preservar la cultura tibetana”. ¿Cómo resumiría sus principales características?

Es una cultura muy humana, se basa en la filosofía budista. Desde el siglo VII que se introdujo desde India nuestra cultura se basa en la no violencia, la justicia y la libertad. Buda no obligó a nadie a seguir sus enseñanzas o a meditar. Él propugnaba que primero escucháramos y si, después considerábamos que nos podía ayudar, lo aplicáramos. Si no, que lo dejáramos y no forzáramos. Así que la libertad tiene un peso fundamental.

Respecto a la Casa del Tíbet se hacen muchas actividades y también podría decirse que actúa como una especie de consulado. Estamos abiertos a todo el mundo; de todo tipo. No hacemos proselitismo sobre el budismo o el Tíbet. No intentamos convencer a nadie sino sólo dar explicaciones.

Hablando precisamente del Tíbet, ¿cómo está la situación?

Hay muchas tensiones. Los tibetanos rezan por una larga vida del Dalai Lamai, de quien llevan una foto en el móvil, en casa o en cualquier parte. Desde fuera se ven más carreteras, edificios grandes, supermercados… se ha hecho mucho pero sobre todo para incrementar el control y la presencia de la administración china. Se ha construido la línea más alta de tren entre Lhasa y Pequín pero con la intención de facilitar la llegada de ciudadanos chinos. Ahora ya somos minoría en el Tíbet: seis millones de tibetanos por ocho millones de chinos.

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¿Se está lejos todavía de una solución?

Sí, pero hay que recordar que lo que pide el Dalai Lama no es la independencia sino una autonomía real, que no se quede sólo en buenas palabras. Tiene que haber respeto por los Derechos Humanos y las libertades de las personas, cosa que hoy no se produce. Hay que romper con el silencio y que se hable a todos los niveles y también en los organismos internacionales de la situación del Tíbet.

El Dalai Lama es el presidente de honor e inauguró la nueva sede en 2007 (hizo lo propio en 1994). ¿Cuál es su vínculo con esta figura?

La Casa del Tíbet no surgió gracias a una subvención de la Generalitat sino que la hizo posible la visión profunda del Dalai Lama, que me aconsejó montar un centro cultural del Tíbet en Barcelona. Y que éste no sólo fuera budista sino cultural evitando así cualquier tipo de problema de índole religiosa y abarcando un amplio abanico de temáticas desde, entre otros, historia o idioma a solidaridad o gastronomía. En 1994 un amigo alemán me dio su apoyo y todo se puso en marcha. El Dalai Lama vino entonces a la inauguración. Creo que en este tiempo estamos dando un buen servicio a la ciudad de Barcelona. Estamos contentos.

Y el Dalai Lama, ¿cómo es como persona?

Viví con él once años en Daramsala, así que lo conozco bastante bien. En 1982 vine a Barcelona. Para mí es un padre espiritual y guía político. Gracias a él, a su carisma y mensaje la causa del Tíbet está viva. Aunque no tenemos país, tenemos al Dalai Lama y eso nos hace estar contentos. Es una persona muy simple; es muy famoso pero su corazón es inmenso, grande y siempre ‘calentito’. Él siempre habla de la paz mundial; nos enseña a no tener rencor ni odio sino a ser pacientes.

¿Cuál es la principal enseñanza del budismo? Ya hace mucho tiempo que tiene un mayor peso en Occidente pero, muchas veces, no se tiene muy claro cuál es su mensaje principal.

Como muy bien dice ya hace mucho tiempo que ha empezado esta búsqueda. Occidente busca a Oriente y Oriente busca a Occidente dependiendo de donde nos encontremos. En el caso del budismo, que todavía es bastante nuevo aquí y que no debe entenderse como una religión sino como una filosofía para la vida cotidiana, nos ayuda a actuar, a hablar, a pensar correctamente para que cada uno pueda mejorar y también mejorar el conjunto, a los demás. Así,  su esencia es ser buena persona, tener buen corazón, hacer el bien a todos y no dañar a nadie. Es el mismo mensaje que encontramos en otras enseñanzas de Jesucristo, el Corán o el Bhagavad Gita. La esencia es la misma en todas las religiones: ser buena persona, tener buen corazón, ser compasivo y tener sabiduría.

También se dice que el budismo promueve la sublimación del deseo como fuente de frustración pero éste es también un gran motor que mueve a la persona.

Cierto, el deseo por ser siempre mejor persona, por perseverar a nivel espiritual es bueno. También hay deseos que son positivos como la paz, felicidad o salud para todos pero hay otras que no. En el budismo existen dos corrientes: la Theravada, que promueve la autoliberación y el llegar a Buda, a la paz interior y felicidad a través de uno mismo; y el Mahayana, que es el budismo tibetano. Éste habla de un gran camino donde lo que importa es el conjunto, el valor está en los demás. Y es con ellos y gracias a la fuerza, al tiempo, dedicación, conocimiento… de todos que podemos estar mejor. Es por eso que siempre tenemos que dar gracias a los vecinos, al carpintero, lampista, jardinero… Es con la colaboración de todos que podemos ser felices porque nadie quiere sufrir. Ni los animales. Así que hay que cuidar de los demás. Y es, mediante esta corriente, que la iluminación debe plantearse como forma de ayuda a los otros. Llenarse de paz, compasión, paciencia… para después ofrecerla a los demás.

 

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En el centro dan clases de yoga y meditación. Cada vez hay más investigaciones hablando de sus beneficios. ¿Cuáles son éstos?

La meditación en Occidente es bastante nueva, sí. Pero en Oriente tiene más de dos mil años de tradición tanto en el budismo como en el hinduismo. Ésta no está sólo reservada para los religiosos, la puede practicar cualquier persona. Da igual su religión. Meditar significa pensar, conocerse a uno mejor, ser consciente de las emociones negativas y nuestros engaños mentales que son gran fuente de sufrimiento. Celos, envidia, orgullo… todas estas emociones alteran nuestra paz interior y nos hacen daño y a nuestro entorno. Y nos hacen perder la ilusión, amabilidad, armonía… La meditación te calma físicamente y te permite, a través de la respiración, mentalmente perder tus preocupaciones. Llegados a este punto, una vez tienes la mente vacía de malas emociones y estás en calma, lo que hay que hacer es llenarla de compasión, tolerancia, paz, alegría, felicidad… Y compartirla después con los demás.

Hace un tiempo circulaba por Internet una frase atribuida, creo, al Dalai Lama que decía que “en Occidente cuando se es joven se dedica todo el tiempo a ganar dinero y cuando se es mayor se dedica todo el dinero a ganar tiempo”. ¿Qué estamos haciendo mal en Occidente y qué podríamos hacer mejor?

En Occidente cuando se es joven se dedica toda la energía y conocimiento para conseguir un mejor trabajo para poder ganar más dinero. El problema es que no se disfruta del proceso y esto se traduce en mal humor, tristeza, enfado… Y así se envejece más rápido. Todo se deja para la jubilación pero entonces lo que falta es energía. De joven todo se deja para más adelante y más adelante falta energía para hacer las cosas pospuestas. Al final, la conclusión es que se pierde la vida dejando de hacer muchas cosas positivas para la persona. Nosotros apostamos por aprender cuando se es joven para poder ponerlo en práctica después. Y no dejar las cosas para un futuro que no sabemos si va a llegar o no. El budismo nos enseña a vivir y actuar en el presente. Eso es lo importante.

¿Está de acuerdo con aquéllos que aseguran que en Occidente estamos construyendo sociedades cada vez más deshumanizadas?

Podría ser, aunque todo es relativo dependiendo de dónde ponemos el foco. Es cierto que en el mundo moderno no hay mucho equilibrio entre interior y exterior, entre cuerpo y mente o entre las partes material y espiritual. La gente consume y sólo busca lo material, el dinero, pero está equivocada; la felicidad, la paz es algo que no depende del exterior sino que se encuentra en el interior. Los ricos, por serlo, no son más felices; sufren igual o más que las personas normales. Ahora el problema es que no hay equilibrio. El Dalai Lama siempre nos dice que “tenemos que tener un 50% material y un 50% espiritual”. 100% material es un problema: 100% espiritual es imposible en este siglo XXI.

 

‘Marenostrum’, una supercomputadora en BCN

Cuando uno oye “supercomputadora” no sabe qué pensar. Lo lógico y normal es dejar volar la imaginación y recuperar imágenes de películas de ciencia-ficción de Stanley Kubrick, “Blade-runner” o, más populares y prosaicas, como “Star-Trek” o “La Guerra de las Galaxias”. Lo cierto -en referencia a este tipo de máquinas- es que la realidad no dista tanto de aquellas imágenes. Casi 50.000 procesadores y cerca de 100 kilómetros de cables alineados en grandes torres y dentro de una especie de enorme cubículo de paredes de cristal en el interior de una capilla es lo que uno se encuentra cuando visita las instalaciones del ‘Marenostrum’ en el Campus Norte de la Universidad Politécnica de Barcelona.

Su responsable de prensa nos recibe y muy amablemente nos acompaña explicándonos sus características. Es entonces cuando nos damos cuenta que lo que allí observamos escapa a nuestro entendimiento (al nuestro, individual, que es limitado). Tantos cientos de miles de datos trabajando en paralelo para realizar simulaciones o establecer relaciones o conexiones que, como nos comenta Gemma Ribas, de otro modo “hoy por hoy serían imposibles”. Las supercomputadoras, utilizando la misma tecnología que se usa en los PC’s (y cada vez más tablets o smartphones) pero a un nivel superlativo, están abriendo posibilidades hasta el momento impensables. Y gracias a su trabajo y al de decenas de investigadores del Barcelona Supercomputing Center están obteniendo logros extraordinarios en campos como la “medicina personalizada o farmacología”. Colaboran, entre muchas, en iniciativas como el Proyecto Genoma europeo o ha sido uno de los centros que ha participado en la detección de las ondas gravitacionales.

El ‘Marenostrum’ va por su tercera versión y existe una cuarta a la vista. De momento, con algo más de 10 años de vida, sus miles de chips se han usado de una forma u otra en más de 3.000 proyectos con resultados en muchos casos llamativos y deslumbrantes. Este superordenador es el más potente de España, bien posicionado también a nivel continental, compite en un ránking Top 500 que dominan los chinos aunque en dura competencia con Estados Unidos y que, como se actualiza dos veces por año, varía con cierta regularidad.

Aunque parece que la Ciencia queda lejos de escenarios recreados en películas como “Regreso al Futuro” con monopatines o coches voladores, en otros ámbitos puede que la distancia sea más corta o incluso se superen límites del conocimiento  hasta cotas décadas atrás inimaginables. Esta supercomputadora es una muestra de las capacidades humanas, a veces sencillamente excepcionales.

Hiroshima y Nagasaki, más de 70 años de un episodio que cambió la Historia

En 2015 se celebraron los 70 años de uno de los episodios más trágicos de la historia de Japón y de la Humanidad. Lanzadas a comienzos de agosto de 1945, las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki causaron cientos de miles de muertos y heridos en unas pocas horas poniendo fin de forma abrupta y brutal a la Segunda Guerra Mundial.

Estados Unidos quiso acabar de forma rápida la guerra que aún seguía en islas del Pacifíco y Filipinas tras la rendición de Alemania. Aunque la derrota de Japón parecía clara y evidente existían dudas sobre cuándo y en qué condiciones. Los expertos apuntan a la voluntad de terminarla de forma drástica como la principal motivación en el uso de la fuerza nuclear (nunca utilizada antes ni después en un conflicto bélico) pero también se habla de otras razones como el objetivo de reducir el número de bajas entre soldados de ambos lados en los enfrentamientos que todavía seguían o el deseo de lanzar un mensaje contundente al bloque soviético sobre la fuerza de Estados Unidos en el escenario global posterior al final del conflicto. De hecho , en las décadas seguientes, se producirían choques entre ambas potencias de forma encubierta y mediante regímenes interpuestos en diversos puntos de Asia Pacífico.

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Guillermo Martínez Taverner, especialista de Casa Asia con el que hablamos sobre este triste aniversairo en el próximo número de “EV”, considera que ambas bombas supusieron “un punto de inflexión” en la historia de Japón, que perseguía tras la restauración Meiji convetirse en la gran potencia comercial y militar de la región.

Testigos de las bombas describen el escenario justo posterior a la explosión como un gran silencio y oscuridad. La temperatura en las zonas más cercanas al núcleo fueron de varios millares de grados. Las imágenes que relatan algunos de los supervivientes fueron “terribles”. Muchos de los heridos sufrieron vómitos o cansancio durante el resto de sus vidas.

Esta es la entrevista que mantuvimos con él y que publicamos en nuestro número 03 de “EV”.

Setenta años desde el lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, ¿cómo se interpretan aquellas acciones desde la distancia que da el tiempo?

Pienso que se trata de un punto de inflexión en la historia de Japón pero también desde una perspectiva global. Representa el fin del periodo que se conoce como el “Japón Meiji”, durante el cual el país deja de estar cerrado al exterior y quiere modernizarse convirtiéndose en un país rico con un ejército fuerte. Cosa que implica tener una economía industrializada pero también -como veían en otros países- seguir políticas colonialistas. Japón se suma, así, a seguir políticas imperiales y lo hace ya en 1895 con su victoria sobre China, en 1905 sobre Rusia, después llega en 1910 la ocupación de Corea y más tarde, en 1937, la segunda guerra sino-japonesa.

Entonces, todo este proceso de transformación tiene un punto de inflexión con el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Esto rompe con todas sus ambiciones de convertirse en la potencia de Asia Pacífico, termina esa ilusión y cambia incluso la consideración sobre la figura del emperador, que se tenía por una especie de ‘semi-dios’ que estaba liderando todo este proceso. Su mensaje de radio de 1945 lo humaniza de cara al conjunto de la población y obliga a Japón a encontrar otras fórmulas para el futuro.

En cualquier caso, a lo largo de su historia, Japón se ha visto en muchas ocasiones obligada a reinventarse y es por esto que es tan fascinante. Tiene dos características, una la acabamos de comentar, y la otra es su capacidad de pasar de actitudes o emociones como el amor y la empatía a la desafección y la indiferencia de forma muy rápida.

Una de las razones que se arguyeron fue que era una forma disuasoria de acabar la guerra pero existen informaciones que se conocieron a posteriori que ponen en duda esos argumentos.

Sí, de hecho ya hubo antes del final de la guerra reuniones entre las potencias aliadas sobre cuál iba a ser el modelo de ocupación que se iba a implantar en Japón, con lo que parece evidente que los líderes de ese bloque tenían muy claro que acabaría rindiéndose. Otra cuestión, no obstante, era cuántas vidas de militares y civiles podía costar llegar a esa rendición. El argumento que utilizaron para lanzar las bombas era que representaba la forma más contundente y rápida de acabar con la guerra y evitar así muchas muertes en enfrentamientos de soldados norte-americanos, japoneses, población… en los distintos enfrentamientos que se estaban produciendo en Filipinas y en muchas de las pequeñas islas de esa parte del mundo o en el propio Japón. Fue apostar por una política de hechos consumados.

De todos modos, la realidad posterior, ese reparto entre el bloque comunista y las democracias capitalistas occidentales, demostró que la amenaza que se cernía sobre la frontera norte de Japón eran los soviéticos y la posibilidad que éstos fueran sumando estados afines a su bloque. Limitar su capacidad de influencia en la zona fue otro de los motivos por los que se optó por lanzar las bombas atómicas.

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Precisamente sobre este punto, hay incluso quien apunta que se trató también de una demostración de fuerza ante el nuevo escenario mundial que se presentaba tras el fin de la Segunda Guerra Mundial como mensaje al bloque soviético.

Efectivamente, si nos vamos a la realidad posterior a la Segunda Guerra Mundial encontramos un campo de batalla en Corea, que después acabaría dividida en dos. Japón, como aliada de Estados Unidos, sirvió como gran ‘portaviones’ desde el que actuar en aquella región. Y se demostró entonces clave y así ha seguido siéndolo hasta la actualidad.

Hablando del día concretamente en que se lanza la bomba sobre Hiroshima, los supervivientes describen un gran silencio primero y oscuridad. Y muchos fuegos que van apareciendo y propagándose por la ciudad.

Sí, sobre todo aquello como gran referencia el libro “Black rain”, de Itso Mashusi, o muchos diarios de personas que presenciaron todo aquello. Todos coinciden en esos puntos de gran oscuridad y silencio. Y de devastación. De hecho existe mucha literatura sobre todo aquello e incluso un género en sí mismo: el ‘gembaku-mukaku’ que puede traducirse como ‘literatura de la bomba atómica’, con muchos autores. También hablan de algún tipo de olor muy específico, vinculado a todo aquello.

También se relatan escenas y efectos sobre las personas verdaderamente “terribles”. En el núcleo se llegaron a temperaturas de hasta 6.000 grados. Murieron 100.000 personas y 100.000 más fueron heridas.

Si vas al museo de Hiroshima, que es bastante impactante y tiene un valor muy importante, te das cuenta como ellos, a través de ese museo tienen muy presente que están conservando una parte de la memoria global. Y es que en el fondo estamos hablando del máximo nivel de destrucción al que nos puede llevar la tecnología. El lanzamiento de las bombas es muy simbólico pero lo que sucede justamente después lo es todavía más. Y tiene un efecto sobre la cultura popular japonesa; a partir de entonces surgen muchas obras vinculadas a la devastación, al fin del mundo al que nos puede llevar la misma técnica. Aparecen visiones tremendistas, milenaristas… de la existencia humana.

Todo aquello sirve para recapacitar sobre el valor de la tecnología y Japón es un país intensivo en su uso pero aquél episodio les hace ser muy conscientes también de los efectos devastadores que puede tener.

Muchos de los supervivientes, conocidos como “hibakushas”, sufrieron vómitos, hemorragias, heridas que tardaban muchísimo más de lo normal en cicatrizar, se cansaban rápido, esterilidad: una enfermedad conocida como radiotoxemia.

Yo, sobre la enfermedad en sí, sólo conozco las características externas porque son las que vienen descritas en los diarios. Todos coinciden en señalar que las personas afectadas son inicialmente rechazadas por el resto de la sociedad y cómo, después, todo eso da un giro y son objeto de atenciones, ayudas, reparaciones…

Al poco de acabar la Segunda Guerra Mundial, la vuelta de los “retornados”, miles y miles de soldados que habían estado luchando por muchas partes de Asia, es muy tensa porque son representación de la derrota y de la humillación sufrida. Además, algunos habían cometido verdaderas atrocidades. Toda esa gente vuelve y se suma a un escenario de escasez de alimentos, mercado negro de todo tipo de cosas y los vicios sociales derivados de ello… Ahora, a partir de los años cincuenta, cuando termina la ocupación, aparecen oportunidades de trabajo… la gente se recupera rápido. Japón demuestra su capacidad de superar las adversidades.

La sociedad, ¿cómo reacciona? Porque se habla que en unos inicios se produce cierto rechazo hacia las víctimas, las personas afectadas por la radiación.

En un inicio se produce un rechazo y en un contexto de escasez. Pierden muchas de sus pertenencias, el propio país está devastado: la situación al principio es muy crítica. Pero también lo es, como comentábamos, para los soldados que vuelven porque son tratados como culpables y responsables de la humillación de Japón.

Se trata a los soldados como si fueran un estrato a parte del conjunto de la sociedad.

Se les culpabiliza de haber llevado al país a ese nivel: a la Guerra, a la ocupación, al lanzamiento de las bombas atómicas. Pero es un poco también lo que pasa en Alemania después de la Guerra, cuando parece que nadie formaba parte del sistema nazi.

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Muchos otros tenían que buscar trabajos que exigieran poco esfuerzo físico porque se cansaban rápido o necesitaban más días de reposo.

No conozco muy a fondo las secuelas pero sería interesante saber cómo viven entonces todo el proceso de industrialización en los años cincuenta, la fase dorada del crecimiento de Japón con promedios sobre el 7,8% del PIB anuales en los sesenta y setenta…

Surgieron también iniciativas como “las doncellas de la bomba A”, mujeres desfiguradas y con graves secuelas que fueron tratadas en Estados Unidos. ¿Cuál fue, precisamente, el sentimiento hacia los norteamericanos?

La clave es entender cuál es la relación que se establece con Estados Unidos. Ocupa el país, descabeza todas las élites pero recupera parte de las oligarquías, representantes de grandes empresas, políticos…  Y pronto devuelven la soberanía al país y se produce un fuerte intercambio comercial entre ambos países. Aparece una relación diferente entre ambos, en la que también Japón asume parte de responsabilidad en todo lo sucedido. Esto queda muy bien expresado en lo que se conoce como la “doctrina Yoshida” por la que Japón se centra en el crecimiento económico y deja la defensa y política internacional en manos de Estados Unidos. Los norteamericanos se convierten en una especie de ‘amigos necesarios’.

¿Cuándo se establece y aplica esta doctrina, dado que la herida surgida de las bombas atómicas tenía que ser muy profunda?

Pues es rápido, se aplica ya a mediados de los años cincuenta y tiene mucho éxito de forma inmediata, siguiéndose durante mucho tiempo.

¿Existe, entre la población, resentimiento hacia USA?

No fueron percibidos como los principales culpables y el crecimiento económico posterior permitió dejar un poco de lado todo lo que ocurrió.  El paradigma para Japón en muchos sentidos fue Estados Unidos.

Antes hablaba de la figura del emperador, ¿cómo se percibía en aquella época, en los años cuarenta, y cómo evoluciona su percepción social?

Hay que partir de la base que se trata de una figura muy polémica. Su implicación en la escalada militarista del país no está clara ya que existen partidarios y detractores en un sentido u otro pero lo que sí parece claro es que era considerado como una divinidad. Y esto sirvió en aquella época para tratar de legitimar determinadas decisiones avaladas por quien ellos consideraban como una especie de ‘dios viviente’. Al acabar la guerra se humaniza su figura y se convierte en una institución simbólica de la unidad nacional y la capacidad de recuperación de Japón, que es lo que representa hoy. En la actualidad se le sigue teniendo mucho respeto.