“Indestructibles”, buen libro y buen periodismo sobre África (de Xavier Aldekoa)

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Xavier Aldekoa es un periodista -y dese hace unos años, escritor- apasionado de África, a donde lleva más de 15 años viajando -y en muchos momentos, viviendo- cubriendo temas de ámbito social y conflictos, sobre todo como corresponsal de La Vanguardia. “Indestructibles”, su último libro -ya ha publicado tres- cubre un amplísimo número de países y gran variedad de temas y realidades. Algunas más pequeñas e individuales, otras de gran repercusión mundial, interés y preocupación global. Debido a ello la extensión de los capítulos es desigual evidenciando en ocasiones el peso de algunos temas aunque también otorgando a otros el papel de contrapunto, muchas veces tan necesario.

Habla de realidades duras, graves, como el brote de ébola en África Occidental entre 2014 y 2016 -el peor desde que apareciera el virus en 1976 en Congo- o el drama de los viajes migratorios, señalando que mueren más del doble de personas en el desierto del Sáhara que en el Mediterráneo según datos oficiales de Naciones Unidas. También hay espacio para los minerales, los grandes protagonistas de la revolución tecnológica de las últimas dos décadas poniendo al cobalto, mineral azul, como uno de los más codiciados por su uso en las baterías recargables, cuya propiedad (80%) -de todas las reservas mundiales, según aparece en el libro- está bajo poder de China. Estados Unidos o Bélgica, por citar otros dos países, también aparecen en el libro y en dicho capítulo.

Boko Haram, que actúa entre Chad, Níger, Nigeria y Camerún, desgraciadamente también tiene su protagonismo. Es el grupo terrorista más mortífero en la actualidad del mundo por delante de Estado Islámico o los talibanes, a quien se atribuyen más de 50.000 muertes y miles de secuestros de civiles. En su paso por Uganda, Aldekoa cubre los matrimonios concertados con niñas menores y pone también cifras. Apunta que en África Central y Occidental cuatro de cada diez matrimonios son de niñas menores de 18 años. Y de Namibia, país rico en diamantes, oro y uranio señala que más de la mitad de la población vive con menos de dos dólares al día. El país, señala, no es pobre pero sí muy desigual.

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Por suerte también hay historias más bonitas o esperanzadoras. De hecho en muchos de estos capítulos aparecen pequeñas perlas, personajes, que ante las adversidades se crecen y tiran hacia adelante. Se cita por ejemplo que para 2030 se espera que cerca de 250 millones de africanos tengan acceso a energía solar o se recuerda que Kenia es una de las mayores y mejores cunas de atletas -posiblemente una de las más prolíficas del mundo sino la que más- con 96 medallas olímpicas y de ellas 30 de oro. Describe en Mali el caso de un fotografo anciano y figura en el país cuya carrera comenzó a finales de los años cincuenta cuando le compró una cámara a un joven militar francés que abandonaba el país, convirtiéndose a posteriori en uno de los grandes cronistas de los años siguientes a la independencia del país.

Durante el libro hace idas y venidas entre sus estancias en África y su piso y familia en Cornellá, donde según explica acababa de ser padre primerizo de su hija Lena. También hay espacio para colegas de profesión, cooperantes y fotógrafos. De uno de ellos, veterano personaje y fotorreportero, Kim Manresa, cita “no da lecciones: te las muestra. Con él aprendí que la principal herramienta  de nuestro trabajo son unos ojos y unos oídos abiertos”. Y también hay lugar para algo de sabiduría africana. En su visita al mayor pueblo nómada del mundo, de la etnia fulani, en Senegal, recupera tres de los pilares de su sabiduría: “paciencia y disciplina, modestia y respeto y finalmente esfuerzo y valor”. Buen libro.


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