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Lanzarote y sus muchos e impresionantes rincones volcánicos

Posiblemente no sea la isla canaria más conocida de todas y, en opinión de muchos, tampoco puede que sea la más espectacular. Nosotros no las conocemos todas pero si algunas y podemos decir que Lanzarote vale mucho la pena. Leemos que fue ocupada por lo menos desde hace más de dos mil años por pueblos bereberes, conocidos como ‘majos’ dedicados sobre todo a la agricultura -la que permite el terreno y que no es demasiada- , el pastoreo y la pesca. La llegada de comerciantes genoveses y castellanos a finales de la Edad Media es la que más tarde, a partir de principios del siglo XV daría pie a la conquista de la isla por parte castellana y que inicialmente comenzó mediante un pacto de amistad y no agresión con el rey de Lanzarote, Guardafia. El responsable de la delegación castellana fue el barón de la Graiville, Jean de Bethencourt, cuyo sobrino tiempo más tarde se casaría con la princesa de Teguise y daría lugar a la estirpe de los Bethencourt (y las diversas acepciones del apellido), de fuerte presencia en Lanzarote, las Islas Canarias y en América.

La historia de la isla tendría episodios muy remarcables como fueron las erupciones volcánicas de los siglos XVII y XVIII. La segunda duró seis años, entre 1730 y 1736, y fue la responsable de la actual orografía de la isla, imponente y marcadamdente volcánica en muchas de sus partes, de una naturaleza agreste y que llama mucho la atención. Gran muestra de ello es por ejemplo el Parque Nacional de Timanfaya, pero casi igual o más destacable es la Cueva de los Verdes: una gruta volcánica de varios kilómetros de largo (más de seis en total), entre el cráter y el mar y que puede visitarse en uno de sus tramos de cerca o algo más de un kilómetro. Y que cuenta incluso con una sala de conciertos, recientemente abierta tras el parón obligatorio causado por la pandemia de la Covid-19.

Muy cerca también se encuentra otro de los rincones interesantes, como es Los Jameos del Agua: un pequeño lago también de origen volcánico y bastante peculiar, hoy acondicionado y que cuenta con zona de restauración. El artista responsable de su diseño fue César Manrique, una de las grandes figuras de la isla, muy presente en todas partes, que cuenta con una casa-museo y fundación desde principios de los años ochenta del pasado siglo y que para algunos de los habitantes de la isla es también uno de los espacios de obligada visita.

Para nosotros lo fue, como también el Mirador del Río, con unas impresionantes vistas sobre el Risco de Femara, de más de 400 metros de alto y perspectivas sobre la pequeña isla de La Graciosa, a la que se puede acceder con un ferri -que dura sobre una media hora-. Allí, según destacan y podemos corroborar, se puede disfrutar de una isla que puede alardear de ser un de los pocos rincones de Europa que todavía no cuenta con carreteras asfaltadas. Nosotros dimos una buena vuelta en bicicleta descubriendo muchos de sus rincones. En general podemos decir que hay mucho por ver y dsifrutar en esta sorprendente Lanzarote, que iremos desgranando en varios artículos durante los próximos días.


(Más contenidos en nuestros perfiles en redes: @evrevista)

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