“La dependienta”, de Sayaka Murata

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Novela curiosa, singular, algo extraña pero muy interesante y parece que con muchos visos de describir parte significativa de la sociedad japonesa (y por extensión, muy probablemente también de muchos otros rincones del mundo, incluido el nuestro). Escrita por Sayaka Murata, fenómeno de las letras niponas tras ganar en 2016 el premio más importante de sus letras, el “Akutagawa” que la catapultó a los mercados interncionales, explica en esta obra las peripecias de una dependienta algo inadaptada que encuentra acomodo y sentido a su existencia entre las cuatro paredes de su establecimeinto comercial: un ‘konbini’, supermercado japonés abierto las 24 horas.

Sin estudios superiores y trabajando en dicha tienda a tiempo parcial, seguimos sus vivencias con sus compañeras de trabajo ( y un compañero muy particular con el que tendrá también una relación ‘diferente’, aunque sin ánimos de hacer ningún espolier), reflexiona a su vez sobre las exigencias sociales y el paso del tiempo. No está exenta precisamente de una dimensión, al margen de trivial y cotidiana, también más profunda y trascendente aunque sin tomárselo tampoco exageradamente en serio. Es precisamente esa especie de ligereza la que la dota de una delicadeza etérea, que la hace al margen de sus circunstancias muy digerible y con puntos más cómicos que trágicos.

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Pone sobre el tapete la importancia del colectivo y el valor de alguien para el conjunto si superados los treinta (la protagonista tiene 36 años y lleva 18 en el ‘konbini’) no ha tenido hijos ni tampoco ostenta un trabajo a tiempo completo considerado serio y que retorna, produce, lo que debe a la sociedad. El término ‘debe’ es el que más o menos aparece en esta novela como una especie de obligacion del individuo de contribuir, una vez hecho adulto, al bienestar común. Surgen temas como el sexo, la pareja, la familia… Como citan en la portada del libro, según The New York Times, es “una novela extraordinaria sobre lo difícil que resulta a veces formar parte del mundo”. Vogue, a su vez, la describe como “brillante, inteligente y dulce”. Buenos adjetivos, pensamos, bastante atinados en el caso de esta amena y ágil obra.

Con algo más de 160 páginas (162), se lee rápido y nos deja, eso sí, con ganas, de poder continuar el periplo vital de la protagonista, ya sea dentro o fuera de ese micro-mundo creado por ella en la tienda y donde todo sigue unas normas más o menos sencillas, predecibles y comprensibles. Décima novela de su autora, deja en las páginas de “La dependienta”, frases inteligentes como: “La gente se cree con derecho a escarbar  en aquello que considera raro hasta dar con una explicación”. Probablemente, sea cierto.