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Ávila y la gran muralla

Dicen que podría ser la muralla mejor conservada del mundo. Razones no les faltan y seguro que si no es la número uno, está entre las más destacadas. Las cifras son apabullantes. Una extensión de más de 2,5 kilómetros de largo, 87 torreones, nueve puertas y engloba una área interior de 33 hectáreas. Sobre su origen, hay diversidad de opinones. Hay autores que hablan que podría ser de finales del siglo XI, mientras otros la fechan entre la segunda mitad del XII y comienzos del XIII, como en murallas contruídas en puntos cercanos y en aquel periodo. En cualquier caso, origen medieval y un aspecto imponente, con muros de gruesos de tres metros y alturas de doce metros, cimentada sobre roca, de forma de cuadrilátero irregular y torres fechadas que sobresalen en semicírculos de ocho metros y establecidas cada veinte metros. La muralla es, sin ninguna duda, el gran símbolo de esta ciudad, de algo más de 55.000 habitantes, situada sobre unos mil metros de altura y capital de la provincia del mismo nombre.

Dentro de Ávila también destaca el edificio de la Catedral, erigida en el siglo XII por Alfonso VIII y que vivió remodelaciones hasta bien entrado el siglo XVII. En 1949 fue declarada como Monumento Nacional y está considerada como la primera iglesia gótica levantada en el país. No muy lejos, también es interesante el edificio del Ayuntamiento en la Plaza del Mercado Chico. Ambos fueron centros de la ciudad, junto a la Plaza de San Esteban. En el caso del edificio consistorial se habla que se construyó para albergar las reuniones del concejo en época de los Reyes Católicos, ya que hasta la fecha se venía haciendo en la puerta de la iglesia de San Juan. En el siglo XVIII todo el conjunto presentaba un aspecto ruinoso, así que se se transformó siguiendo un estilo isabelino.

También vale la pena el Convento y Casa de Santa Teresa, erigida donde originalmente se encontraba la casa natal de Teresa de Cepeda y Ahumada. De estilo barroco y carmelita, data de la primera mitad del siglo XVII. Se declaró Monumento Histórico en 1886 (iglesia y convento). Debajo está la cripta y museo, mientras en la plaza hay una sala de reliquias y pequeña tienda de recuerdos.

Y, saliendo de la ciudad y cruzando el río Adaja, llama la atención una pequeña ermita de San Sebastián, conocida popularmente como de «Los Cuatro Palos» y que conforman precisamente cuatro columnas dóricas unidas por un arquitrabe con el escudo de la ciudad. En el centro, una cruz granítica. Y sobre su origen, que es de 1566, nuevamente disparidad de criterios sobre el por qué de su ubicación. Hay quien dice que se levantó donde tiempo atrás hubo un templo romano mientras otros la relacionan con la figura de Santa Teresa. Tengan razón unos u otros, lo que es indiscutible es que es uno de los miradores más recomendables sobre esta imponente ciudad amurallada.


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