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¿Qué pasó en la guerra de los Balcanes y cuál es hoy la situación?

Prácticamente no se habla de lo que está sucediendo en los últimos años en los Balcanes. Apenas alguna corta nota informativa con motivo de unas elecciones celebradas en uno de esos países pero poca cosa más. La situación, según los expertos, hoy por hoy es bastante más alarmante sobre la radicalización de determinados partidos y grupos de lo que uno pudiera pensar. De la guerra de los Balcanes de los años noventa, y muy especialmente de uno de sus peores episodios, el cerco sobre la capital bosnia de Sarajevo, este 2017  hace ya 25 años de su inicio.

Nosotros, en la revista “EV” dedicamos un número monográfico (el nº 03) en el que publicamos varias entrevistas con personas y testimonios que nos dieron una visión más profunda, cercana y detallada de lo que representó y lo que hoy está pasando. Una de esas personas fue el periodista de Radio Sarajevo, establecido en Catalunya y que saca nuevo libro “La vida y la muerte de Yugoslavia”, Boban Minic. Estas eran algunas de sus respuestas:

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En un artículo que publicó hablaba de la guerra de los Balcanes mediante expresiones como: “Eso escapaba a cualquier lógica”. ¿A qué se refería?
En ese texto, editado justo el día del vigésimo aniversario de la masacre de Srebreniça, me refería a lo ocurrido en ese pueblo bosnio. En el manuscrito de mi nuevo libro tengo un capítulo sobre ese crimen que convirtió esa pequeña ciudad en el símbolo de la guerra de Bosnia. Para escribirlo tuve que leer documentos, testimonios, opiniones y análisis. Así, al final, encontré las respuestas a (casi) todas las preguntas, excepto a una: ¿por qué?
Se escapa a la lógica que después de entrar en la zona protegida, separar a los niños y a las mujeres, empezaran a matar sistemáticamente a todos los hombres. No encuentro ni sentido ni lógica – militar, estratégica o política – para tal decisión. Podían intercambiar los prisioneros, incluso chantajear a los bosnios y a la comunidad internacional. Pero, los mataron. ¿Se trataba de una locura, de la maldad en estado puro o de la intención de, una vez por todas, “limpiar” el territorio, establecer nuevas fronteras e imposibilitar la vida común para siempre? Mi lógica no es capaz de entenderlo ni asumirlo.
Pero, la guerra en general se escapa a toda lógica. Después de tantas barbaridades, de tanta sangre, sufrimiento y destrucción en el nombre de los “intereses nacionales supremos”, la gente en toda la región vive peor que antes. Incluidos, Eslovenia y Croacia: países a los que pensábamos que les “había tocado la lotería” entrando en la UE. Según todos los parámetros, ellos también viven por debajo del nivel que tenían en la ex-Yugoslavia.
Y también, fuera de cualquier lógica, vemos como el nacionalismo beligerante y fundamentalista de nuevo crece en Serbia y Croacia – los países “étnicamente limpios”, o sea mononacionales -.

¿Cómo se comprende o intenta todo lo sucedido allí durante el conflicto?
Como una manipulación y un engaño a la gente normal. Mandaban los intereses tanto dentro de la región como a nivel europeo y mundial. Hay que regresar al año 1989: la caída del Muro de Berlín no representaba sólo la derrota de la Unión Soviética sino el derrumbamiento de una ideología que en los países del Este fue como una religión. En el caso de la ex-Yugoslavia esta ideología mantenía unidos pueblos con diferentes religiones, culturas… hasta las lenguas. Derrumbar el comunismo (aunque en Yugoslavia era muy suave) sin ofrecer a los pueblos una salida y ayudas en su transición democrática podía (y lo hizo) provocar el caos.
Parece que fuera y dentro del país hubo fuerzas interesadas en destruir Yugoslavia. En el caos y las aguas turbulentas siempre aparecen todo tipo de criminales y manipuladores, psicópatas y paranoicos. Pero esa fue la ‘solución’ que ofrecieron los nacionalistas y los clérigos de todos los pueblos. Empezó la manipulación y la propaganda bélica se instaló. Y se alimentó el miedo hacia los ‘otros’; hasta ayer vecinos, colegas y amigos.
Cuando los líderes empezaron a materializar sus planes, la gente ya había sido suficientemente intoxicada y preparada para luchar e, incluso, para cometer barbaridades. Prevalecía el mencionado ‘interés nacional’, lo que quería decir que “el objetivo justificaba los medios”. Por eso tanta crueldad, la limpieza étnica y los crímenes hasta llegar al genocidio.

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Sobre el papel de la comunidad internacional, ¿ha encontrado alguna respuesta al por qué de su actuación?
Desde el primer día fui muy crítico sobre el papel de la comunidad internacional, antes y durante la guerra. Actuaron tarde y mal. Ya he dicho algo sobre el abandono de los países socialistas y comunistas, después de la caída del Muro de Berlín. Después de la muerte del mariscal Tito, con tantos pueblos, lenguas y religiones y con la crisis identitaria, la situación en la ex-Yugoslavia era explosiva.
La crisis económica agravó la frustración. Los líderes occidentales lo sabían, pero, igualmente, no tomaron medidas. En el peor periodo de su historia (un año antes de la guerra) la deuda externa del país no llegaba a los 14.000 millones de dólares. Quiere decir que el precio que podría haber cambiado el curso de la crisis política y, quizás, impedir o frenar la devastadora guerra en Yugoslavia, fue el equivalente al del rescate de un pequeño banco en la crisis española. ¿Por qué el mundo no quiso intervenir antes del estallido de la violencia? ¿Por qué las fuerzas internacionales no tenían el mandato de intervenir y prevenir las masacres? ¿Por qué se impuso el embargo de armas al lado más débil? ¿Por qué se forzó el Tratado de Dayton cuando el ejército bosnio había empezado a preparar la ofensiva para liberar el país?
Últimamente se desvelan algunos secretos y salen a la luz testimonios que aseguran que los líderes occidentales no quisieron apagar la crisis porque Yugoslavia, socialista y relativamente próspera, no les interesaba sino todo lo contrario: preferían atomizar el país y, de este modo, controlar los estados que nacieran de sus cenizas (un escenario deseado por los neoliberales de Europa y de Estados Unidos). En Bosnia, los dichos documentos y testimonios también desvelan el miedo a que un “país unido, de mayoría de ciudadanos musulmanes, pudiera convertirse en un país islámico y fundamentalista” (como dijo el mismo Bill Clinton en una entrevista). El Tratado de Dayton y la constitución impuesta a Bosnia, lo confirman.
Con la conferencia y el Tratado de Dayton, los occidentales acabaron la guerra pero, al mismo tiempo, muchos piensan que, expresamente, dividieron el país e hicieron de Bosnia un estado ingobernable, insostenible y sentenciado a su desaparición.

(Toda la entrevista, íntegramente, apareció publicada en el número 03 de “EV”, en un monográfico especial sobre la guerra de los Balcanes)

El número 03 de EV, ya está a punto

Dando un giro importante al proyecto, como ya avanzamos en un post anterior, este número 03 de “EV, entrevistas (y más) para lectores curiosos” girará alrededor de un tema específico, monográfico. En este caso, en el número 03, hemos tratado el tema de los 20 años transcurridos desde el final de la guerra de Bosnia y nos hemos centrado en la situación en Sarajevo tras estas dos décadas transcurridas dsde los Acuerdos de Dayton de 1995.

Para ello, hemos entrevistado a cuatro personas que nos han ilustrado sobre el tema. El primero es Boban Minic, periodista en aquel entonces de Radio Sarajevo, que vivió la guerra in situ y que desde hace un tiempo está establecido con su família en L’Escala (Girona). Su testimonio es fundamental para entender lo que pasó y cuál es la situación hoy en el país. Slavko Mitric era un niño cuando la guerra tuvo lugar. Emigró a Chicago y llegó a a Barcelona apenas hace poco más de un año donde ha abierto un restaurante de comida balcánica. Estudió cocina y llegó a la capital catalana gracias a una amistad conocida en la ciudad norteamericana. Asimismo, del mundo de la universidad, Alfredo Sasso, doctorado por la UAB especializado en Bosnia, nos aporta el punto de vista más académico. Y Marc Casals, nos ofrece la experiencia de un traductor catalán que lleva desde 2010 viviendo en Sarajevo.

Además, entre otros, publicamos artículos sobre la historia de la guerra de los noventa, el éxito de la selección de fútbol que se clasificó para el Mundial de Brasil 2014 o las más de treinta películas rodadas cogiendo como eje el conflicto (hemos repasado algunas de las más conocidas).

“Mi familia es un ejemplo del sufrimiento causado por la guerra”

Slavko Mitric, cocinero croato-bosnio es uno de los protagonistas del próximo número de EV que dedicamos a “Sarajevo, veinte años después del final de la guerra”. Durante la guerra era apenas un niño de seis años que no entendía demasiado todo lo que estaba pasando pero que tuvo que vivir experiencias y ver escenas duras o muy duras para todo individuo; y más para un niño. En los peores momentos  del conflicto apenas podía ir al colegio y tenía que permanecer, junto a su madre y dos hermanos, escondido en el sótano de su edificio durante varios días seguidos para evitar ser alcanzado por alguno de los obuses que caían sobre su ciudad, Bugojno, en los bombardeos que sufrió durante aquellos largos meses. La convivencia entre comunidades “se vio afectada” y la escazez de todo tipo de cosas (“aunque sin llegar a pasar hambre”, según explica) se convirtió en norma.

Años después, con la guerra terminada, viajó dos veranos, gracias a los contactos de su iglesia, a Valencia para ser acogido durante algunos meses por una familia. Aquello le marcó hasta tal punto que, tiempo más tarde, y ya viviendo en Chicago (a donde emigró en 1999 junto con toda la familia), quiso recuperar el contacto con aquellos padres ‘adoptivos’. Esto le llevó a visitar varias veces España en esta última década y a conocer, también, Barcelona, gracias a un amigo catalán hecho en Estados Unidos. Hoy vive en la capital catalana desde hace algo más de un año y ha abierto un restaurante (Can Cirera) de auténtica comida balcánica (y muy buena, podemos decirlo de buena tinta) ayudado económicamente por uno de sus hermanos,  que vive en Nueva York. Su relato, por momentos, muy emotivo es el testimonio de una familia sacudida por los efectos de la guerra y su afán por seguir adelante.

A continuación reproducimos un fragmento de la entrevista que mantuvimos y que podrá leerse en toda su integridad en la versión en papel que publicaremos este comienzo de 2016:

¿Cuándo y por qué viene a Barcelona?
Hace poquito más de un año. Y la razón es un poco larga pero surge a raíz de un amigo catalán conocido en Chicago. Mucho antes, cuando yo tenía diez y once años vine a Valencia dos veranos fruto de la colaboración entre la iglesia católica de mi ciudad y una organización española. Pasé dos estancias, en 1998 y 1999, con una familia que acogía niños que habían pasado por la guerra. Aquella familia me trató como si fuera su propio hijo y guardo muy buen recuerdo de todo aquello y mantengo el contacto y afecto por ellos.
En 1999 toda mi familia salimos de Bosnia hacia Estados Unidos donde estuve quince años: desde 1999 hasta el año pasado, en Chicago.

¿Cómo fue esa experiencia?
Pasé quince años: desde los 12 hasta los 27 años. Vivíamos en una ciudad de 45.000 habitantes en la periferia de Chicago en una zona donde había muchos refugiados de múltiples conflictos como Vietnam, distintas partes de África o la propia Bosnia. Vivíamos en unos edificios llenos de inmigrantes.
Representó un cambio grande, un estilo de vida muy distinto, y hubo que acostumbrarse. Costó un poco. La ciudad era aparentemente grande pero parecía un pueblo y ofrecía pocas cosas a los jóvenes. Fuimos los cinco: con mis dos padres y dos hermanos (los dos mayores). Yo soy el pequeño.

Antes comentaba que había vivido la guerra, ¿qué recuerdos tiene de aquello?
En mi ciudad, Bugojno, en Bosnia central, sentimos la guerra más profunda. Todo empezó a comienzos de los noventa y yo nací en 1986, así que por entonces era bastante pequeño. Con cinco o seis año vi cosas complicadas de explicar, duras. Sufrimos al comienzo muchos bombardeos desde las montañas.

Para un niño sería especialmente delicado…
Bueno, era distinto para mí que, por ejemplo, para mis hermanos que eran más mayores que yo. Cuando yo tenía 7 años el mediano tenía 12 y el mayor 17 y esas ya eran edades, sobre todo, en este último caso, que te permitían comprender algo más todo lo que estaba pasando. Para mí era distinto: me adaptaba como buenamente podía a esa forma de vida sin comprender demasiado nada de todo aquello. Lo vives como viene y haces caso de lo que dicen los padres y los adultos. Más tarde, conforme te vas haciendo mayor, vas interpretando todo lo que sucedió.

¿Hoy, cómo ve aquel conflicto?
Se puede analizar todo lo que queramos y reflexionar sobre ello pero lo triste es que afectara a tantas personas, a tantas familias destrozadas, tanta gente que tuvo que huir… Mi familia es un ejemplo perfecto del sufrimiento causado por la guerra aunque también de las ganas por seguir hacia adelante. Hoy estamos muy unidos pero, por entonces, nuestras vidas cambiaron radicalmente. Tuvimos que aguantar muchas cosas y acabar marchando en 1999 para buscar una nueva vida.

La guerra de Bosnia, en las ondas

En el próximo número de “EV” que dedicamos a la guerra de los Balcanes y más concretamente a la situación presente hoy en Sarajevo 20 años después del final del conflicto, hablamos con un periodista, Boban Minic, de Radio Sarajevo establecido desde hace ya algún tiempo en L’Escala (Girona).

Se trata de una persona que era por entonces un figura de cierta posición al inicio de la guerra y que, por las circunstancias de los enfrentamientos y el asedio sufrido por la capital bosnia, se vio obligado a emigrar. La alternativa profesional, una vez aquí, fue regentar una cafetería junto a su mujer, también periodista, y renunciar, tristemente, según reconoció en alguna entrevista, a muchos de “sus sueños”. En esto precisamente coincide con una confidencia que nos hizo para este número un cocinero croato-bosnio que junto con su familia emigró a finales de los años 90 a Chicago. En su caso, aseguró, que lo que ellos habían vivido era “un perfecto ejemplo de como una guerra podía destruir a una familia”. Demoledoras palabras que encuentran su contrapunto de esperanza cuando afirma que sus “padres se sacrificaron ” para que él y sus hermanos tuvieran un mejor porvenir. De hecho, él ha montado un restaurante de comida balcánica en Barcelona, ayudado económicamente por uno de sus hermanos que vive en Nueva York y  ha podido estudiar cocina en un importante centro de sello francés.

Pero volvamos a Boban Minic: para documentarnos para la entrevista hemos descubierto que su apellido es de origen serbio y su mujer, musulmán. Hoy una pareja de esas características en la Bosnia actual se hace harto improbable, atendiendo a la más que dificil y distante relación existente entre las distintas etnias que apenas han recorrido demasiado trayecto en el camino de la reconciliación. Y el futuro, por lo pronto, no parece tampoco demasiado halagüeño.

De entre sus declaraciones rescatamos también otras -y que serán tratadas en el número 03 que publicaremos a comienzos de 2016-, que llaman la atención; expresiones como que lo que pasó durante la guerra “escapaba a toda lógica”. O, sobre la cobertura informativa que se llevó a cabo por los distintos medios internacionales y que le llevó a asegurar:  “La verdad muere en la guerra. Y, sin verdad, todo está perdido”.

Colaboró con un documental (“Good morning, Sarajevo“) y ha escrito un libro sobre todo aquello: “Bienvenido a Sarajevo, hermano” (Editorial Icaria). Sin duda, Boban Minic es una voz más que acreditada sobre lo que allí sucedió durante esos años.