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Muhammad Ali, “la leyenda”

Este año ha muerto el que está considerado por muchos como el mejor boxeador de todos los tiempos, Cassius Clay o como más tarde se hizo nombrar, Muhammad Ali. El día del funeral en Louisville (Kentucky) una muchedumbre, mayoritariamente negra, llenó las calles de su ciudad natal para dar el último adiós a su gran hijo prodigo. Entre los presentes, se contaron figuras destacadas y declaradas admiradoras del boxeador como el ex presidente Bill Clinton o los actores Billy Cristal o Wil Smith, que le interpretó en la película sobre la vida del gran luchador.

La historia de Muhammad Ali tiene de todo. Para empezar la leyenda cuenta que empezó a boxear a la temprana edad de 12 años después que le robaran su bicicleta roja y blanca. Cabreado y con ánimo de venganza entró en el gimnasio que estaba delante, para pedir explicaciones y dejar claras sus intenciones. El gerente, policía y entrenador de boxeo, le aconsejó que antes de meterse en líos, mejor aprendiera a luchar. Ahí comenzó una trayectoria que le llevaría primeros a ganar una medalla de oro olímpica en los Juegos de Roma en 1960 y más tarde a ser campeón del mundo de los pesos pesados en tres ocasiones. Protagonizó combates épicos contra grandes boxeadores como George Foreman o Joe Frazier. Algunos de ellos fueron considerados como los más grandes del siglo. Apareció en la portada de la prestigiosa revista Sports Illustrated en 40 ocasiones (sólo superado por Michael Jordan).

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Pero su leyenda trascendió los límites del ring. Fue un gran luchador por los derechos civiles, la igualdad para la comunidad negra, contra las injusticias o contra el Parkinson, que acabó finalmente con su vida. En los sesenta se convirtió al Islam, cambió de nombre y pasó a llamarse Muhammad Ali. Antes había conocido a Malcolm X, del que después se distanciaría. En esa misma década se negó a ir a Vietnam, se declaró objetor, se le retiró la licencia para luchar, perdió sus títulos y pesó sobre él la amenaza de pena de cárcel. Fueron tres años en los que su bolsillo pero sobre todo su popularidad fue muy cuestionada. Después las tornas cambiaron, el clima mutó drásticamente y acabó erigiéndose en una de las principales voces contra el sinsentido de la guerra.

Con motivo de su muerte este pasado verano, Barack Obama escribió ser un claro admirador del boxeador, por todo lo hecho sobre el cuadrilátero donde fue un gran innovador y aventajado a su tiempo, pero sobre todo por todo lo hecho fuera de él, donde llegó a ser embajador de la paz de Naciones Unidas  o reconocido por Amnistía Internacional.

(En el próximo número, publicamos un artículo sobre este extraordinario boxeador, Muhammad Ali).

 

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Hiroshima y Nagasaki, más de 70 años de un episodio que cambió la Historia

En 2015 se celebraron los 70 años de uno de los episodios más trágicos de la historia de Japón y de la Humanidad. Lanzadas a comienzos de agosto de 1945, las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki causaron cientos de miles de muertos y heridos en unas pocas horas poniendo fin de forma abrupta y brutal a la Segunda Guerra Mundial.

Estados Unidos quiso acabar de forma rápida la guerra que aún seguía en islas del Pacifíco y Filipinas tras la rendición de Alemania. Aunque la derrota de Japón parecía clara y evidente existían dudas sobre cuándo y en qué condiciones. Los expertos apuntan a la voluntad de terminarla de forma drástica como la principal motivación en el uso de la fuerza nuclear (nunca utilizada antes ni después en un conflicto bélico) pero también se habla de otras razones como el objetivo de reducir el número de bajas entre soldados de ambos lados en los enfrentamientos que todavía seguían o el deseo de lanzar un mensaje contundente al bloque soviético sobre la fuerza de Estados Unidos en el escenario global posterior al final del conflicto. De hecho , en las décadas seguientes, se producirían choques entre ambas potencias de forma encubierta y mediante regímenes interpuestos en diversos puntos de Asia Pacífico.

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Guillermo Martínez Taverner, especialista de Casa Asia con el que hablamos sobre este triste aniversairo en el próximo número de “EV”, considera que ambas bombas supusieron “un punto de inflexión” en la historia de Japón, que perseguía tras la restauración Meiji convetirse en la gran potencia comercial y militar de la región.

Testigos de las bombas describen el escenario justo posterior a la explosión como un gran silencio y oscuridad. La temperatura en las zonas más cercanas al núcleo fueron de varios millares de grados. Las imágenes que relatan algunos de los supervivientes fueron “terribles”. Muchos de los heridos sufrieron vómitos o cansancio durante el resto de sus vidas.

Esta es la entrevista que mantuvimos con él y que publicamos en nuestro número 03 de “EV”.

Setenta años desde el lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, ¿cómo se interpretan aquellas acciones desde la distancia que da el tiempo?

Pienso que se trata de un punto de inflexión en la historia de Japón pero también desde una perspectiva global. Representa el fin del periodo que se conoce como el “Japón Meiji”, durante el cual el país deja de estar cerrado al exterior y quiere modernizarse convirtiéndose en un país rico con un ejército fuerte. Cosa que implica tener una economía industrializada pero también -como veían en otros países- seguir políticas colonialistas. Japón se suma, así, a seguir políticas imperiales y lo hace ya en 1895 con su victoria sobre China, en 1905 sobre Rusia, después llega en 1910 la ocupación de Corea y más tarde, en 1937, la segunda guerra sino-japonesa.

Entonces, todo este proceso de transformación tiene un punto de inflexión con el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Esto rompe con todas sus ambiciones de convertirse en la potencia de Asia Pacífico, termina esa ilusión y cambia incluso la consideración sobre la figura del emperador, que se tenía por una especie de ‘semi-dios’ que estaba liderando todo este proceso. Su mensaje de radio de 1945 lo humaniza de cara al conjunto de la población y obliga a Japón a encontrar otras fórmulas para el futuro.

En cualquier caso, a lo largo de su historia, Japón se ha visto en muchas ocasiones obligada a reinventarse y es por esto que es tan fascinante. Tiene dos características, una la acabamos de comentar, y la otra es su capacidad de pasar de actitudes o emociones como el amor y la empatía a la desafección y la indiferencia de forma muy rápida.

Una de las razones que se arguyeron fue que era una forma disuasoria de acabar la guerra pero existen informaciones que se conocieron a posteriori que ponen en duda esos argumentos.

Sí, de hecho ya hubo antes del final de la guerra reuniones entre las potencias aliadas sobre cuál iba a ser el modelo de ocupación que se iba a implantar en Japón, con lo que parece evidente que los líderes de ese bloque tenían muy claro que acabaría rindiéndose. Otra cuestión, no obstante, era cuántas vidas de militares y civiles podía costar llegar a esa rendición. El argumento que utilizaron para lanzar las bombas era que representaba la forma más contundente y rápida de acabar con la guerra y evitar así muchas muertes en enfrentamientos de soldados norte-americanos, japoneses, población… en los distintos enfrentamientos que se estaban produciendo en Filipinas y en muchas de las pequeñas islas de esa parte del mundo o en el propio Japón. Fue apostar por una política de hechos consumados.

De todos modos, la realidad posterior, ese reparto entre el bloque comunista y las democracias capitalistas occidentales, demostró que la amenaza que se cernía sobre la frontera norte de Japón eran los soviéticos y la posibilidad que éstos fueran sumando estados afines a su bloque. Limitar su capacidad de influencia en la zona fue otro de los motivos por los que se optó por lanzar las bombas atómicas.

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Precisamente sobre este punto, hay incluso quien apunta que se trató también de una demostración de fuerza ante el nuevo escenario mundial que se presentaba tras el fin de la Segunda Guerra Mundial como mensaje al bloque soviético.

Efectivamente, si nos vamos a la realidad posterior a la Segunda Guerra Mundial encontramos un campo de batalla en Corea, que después acabaría dividida en dos. Japón, como aliada de Estados Unidos, sirvió como gran ‘portaviones’ desde el que actuar en aquella región. Y se demostró entonces clave y así ha seguido siéndolo hasta la actualidad.

Hablando del día concretamente en que se lanza la bomba sobre Hiroshima, los supervivientes describen un gran silencio primero y oscuridad. Y muchos fuegos que van apareciendo y propagándose por la ciudad.

Sí, sobre todo aquello como gran referencia el libro “Black rain”, de Itso Mashusi, o muchos diarios de personas que presenciaron todo aquello. Todos coinciden en esos puntos de gran oscuridad y silencio. Y de devastación. De hecho existe mucha literatura sobre todo aquello e incluso un género en sí mismo: el ‘gembaku-mukaku’ que puede traducirse como ‘literatura de la bomba atómica’, con muchos autores. También hablan de algún tipo de olor muy específico, vinculado a todo aquello.

También se relatan escenas y efectos sobre las personas verdaderamente “terribles”. En el núcleo se llegaron a temperaturas de hasta 6.000 grados. Murieron 100.000 personas y 100.000 más fueron heridas.

Si vas al museo de Hiroshima, que es bastante impactante y tiene un valor muy importante, te das cuenta como ellos, a través de ese museo tienen muy presente que están conservando una parte de la memoria global. Y es que en el fondo estamos hablando del máximo nivel de destrucción al que nos puede llevar la tecnología. El lanzamiento de las bombas es muy simbólico pero lo que sucede justamente después lo es todavía más. Y tiene un efecto sobre la cultura popular japonesa; a partir de entonces surgen muchas obras vinculadas a la devastación, al fin del mundo al que nos puede llevar la misma técnica. Aparecen visiones tremendistas, milenaristas… de la existencia humana.

Todo aquello sirve para recapacitar sobre el valor de la tecnología y Japón es un país intensivo en su uso pero aquél episodio les hace ser muy conscientes también de los efectos devastadores que puede tener.

Muchos de los supervivientes, conocidos como “hibakushas”, sufrieron vómitos, hemorragias, heridas que tardaban muchísimo más de lo normal en cicatrizar, se cansaban rápido, esterilidad: una enfermedad conocida como radiotoxemia.

Yo, sobre la enfermedad en sí, sólo conozco las características externas porque son las que vienen descritas en los diarios. Todos coinciden en señalar que las personas afectadas son inicialmente rechazadas por el resto de la sociedad y cómo, después, todo eso da un giro y son objeto de atenciones, ayudas, reparaciones…

Al poco de acabar la Segunda Guerra Mundial, la vuelta de los “retornados”, miles y miles de soldados que habían estado luchando por muchas partes de Asia, es muy tensa porque son representación de la derrota y de la humillación sufrida. Además, algunos habían cometido verdaderas atrocidades. Toda esa gente vuelve y se suma a un escenario de escasez de alimentos, mercado negro de todo tipo de cosas y los vicios sociales derivados de ello… Ahora, a partir de los años cincuenta, cuando termina la ocupación, aparecen oportunidades de trabajo… la gente se recupera rápido. Japón demuestra su capacidad de superar las adversidades.

La sociedad, ¿cómo reacciona? Porque se habla que en unos inicios se produce cierto rechazo hacia las víctimas, las personas afectadas por la radiación.

En un inicio se produce un rechazo y en un contexto de escasez. Pierden muchas de sus pertenencias, el propio país está devastado: la situación al principio es muy crítica. Pero también lo es, como comentábamos, para los soldados que vuelven porque son tratados como culpables y responsables de la humillación de Japón.

Se trata a los soldados como si fueran un estrato a parte del conjunto de la sociedad.

Se les culpabiliza de haber llevado al país a ese nivel: a la Guerra, a la ocupación, al lanzamiento de las bombas atómicas. Pero es un poco también lo que pasa en Alemania después de la Guerra, cuando parece que nadie formaba parte del sistema nazi.

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Muchos otros tenían que buscar trabajos que exigieran poco esfuerzo físico porque se cansaban rápido o necesitaban más días de reposo.

No conozco muy a fondo las secuelas pero sería interesante saber cómo viven entonces todo el proceso de industrialización en los años cincuenta, la fase dorada del crecimiento de Japón con promedios sobre el 7,8% del PIB anuales en los sesenta y setenta…

Surgieron también iniciativas como “las doncellas de la bomba A”, mujeres desfiguradas y con graves secuelas que fueron tratadas en Estados Unidos. ¿Cuál fue, precisamente, el sentimiento hacia los norteamericanos?

La clave es entender cuál es la relación que se establece con Estados Unidos. Ocupa el país, descabeza todas las élites pero recupera parte de las oligarquías, representantes de grandes empresas, políticos…  Y pronto devuelven la soberanía al país y se produce un fuerte intercambio comercial entre ambos países. Aparece una relación diferente entre ambos, en la que también Japón asume parte de responsabilidad en todo lo sucedido. Esto queda muy bien expresado en lo que se conoce como la “doctrina Yoshida” por la que Japón se centra en el crecimiento económico y deja la defensa y política internacional en manos de Estados Unidos. Los norteamericanos se convierten en una especie de ‘amigos necesarios’.

¿Cuándo se establece y aplica esta doctrina, dado que la herida surgida de las bombas atómicas tenía que ser muy profunda?

Pues es rápido, se aplica ya a mediados de los años cincuenta y tiene mucho éxito de forma inmediata, siguiéndose durante mucho tiempo.

¿Existe, entre la población, resentimiento hacia USA?

No fueron percibidos como los principales culpables y el crecimiento económico posterior permitió dejar un poco de lado todo lo que ocurrió.  El paradigma para Japón en muchos sentidos fue Estados Unidos.

Antes hablaba de la figura del emperador, ¿cómo se percibía en aquella época, en los años cuarenta, y cómo evoluciona su percepción social?

Hay que partir de la base que se trata de una figura muy polémica. Su implicación en la escalada militarista del país no está clara ya que existen partidarios y detractores en un sentido u otro pero lo que sí parece claro es que era considerado como una divinidad. Y esto sirvió en aquella época para tratar de legitimar determinadas decisiones avaladas por quien ellos consideraban como una especie de ‘dios viviente’. Al acabar la guerra se humaniza su figura y se convierte en una institución simbólica de la unidad nacional y la capacidad de recuperación de Japón, que es lo que representa hoy. En la actualidad se le sigue teniendo mucho respeto.

En el número 04 de “EV”, contaremos con Carme Ruscalleda

En el número 04 de “EV, entrevistas (y más) para lectores curiosos” publicaremos como personaje de portada a Carme Ruscalleda, que aparecerá en las páginas interiores en una entrevista. Trataremos de concoer detalles que nos acerquen a la persona que se esconde detrás de esta genial cocinera. Tocaremos temas muy diversos como el ‘boom’ que vive la Cocina pero también otros más personales sobre figuras o influencias que la han inspirado o preguntas tópicas pero interesantes como: ¿qué habría hecho si no hubiera sido cocinera?

Además, nos recomienda un libro, un viaje o una película. Con ella vamos conformando el elenco de personalidades que aparecerán en este cuarto número en el que tendrá tratamiento especial Egipto,con tres entrevistas, tras los cinco años transcurridos desde las revueltas de 2011.

Esperamos ir informando conforme este cuarto número vaya perfilándose y cogiendo forma. Y no pinta mal.

La guerra de Bosnia, en las ondas

En el próximo número de “EV” que dedicamos a la guerra de los Balcanes y más concretamente a la situación presente hoy en Sarajevo 20 años después del final del conflicto, hablamos con un periodista, Boban Minic, de Radio Sarajevo establecido desde hace ya algún tiempo en L’Escala (Girona).

Se trata de una persona que era por entonces un figura de cierta posición al inicio de la guerra y que, por las circunstancias de los enfrentamientos y el asedio sufrido por la capital bosnia, se vio obligado a emigrar. La alternativa profesional, una vez aquí, fue regentar una cafetería junto a su mujer, también periodista, y renunciar, tristemente, según reconoció en alguna entrevista, a muchos de “sus sueños”. En esto precisamente coincide con una confidencia que nos hizo para este número un cocinero croato-bosnio que junto con su familia emigró a finales de los años 90 a Chicago. En su caso, aseguró, que lo que ellos habían vivido era “un perfecto ejemplo de como una guerra podía destruir a una familia”. Demoledoras palabras que encuentran su contrapunto de esperanza cuando afirma que sus “padres se sacrificaron ” para que él y sus hermanos tuvieran un mejor porvenir. De hecho, él ha montado un restaurante de comida balcánica en Barcelona, ayudado económicamente por uno de sus hermanos que vive en Nueva York y  ha podido estudiar cocina en un importante centro de sello francés.

Pero volvamos a Boban Minic: para documentarnos para la entrevista hemos descubierto que su apellido es de origen serbio y su mujer, musulmán. Hoy una pareja de esas características en la Bosnia actual se hace harto improbable, atendiendo a la más que dificil y distante relación existente entre las distintas etnias que apenas han recorrido demasiado trayecto en el camino de la reconciliación. Y el futuro, por lo pronto, no parece tampoco demasiado halagüeño.

De entre sus declaraciones rescatamos también otras -y que serán tratadas en el número 03 que publicaremos a comienzos de 2016-, que llaman la atención; expresiones como que lo que pasó durante la guerra “escapaba a toda lógica”. O, sobre la cobertura informativa que se llevó a cabo por los distintos medios internacionales y que le llevó a asegurar:  “La verdad muere en la guerra. Y, sin verdad, todo está perdido”.

Colaboró con un documental (“Good morning, Sarajevo“) y ha escrito un libro sobre todo aquello: “Bienvenido a Sarajevo, hermano” (Editorial Icaria). Sin duda, Boban Minic es una voz más que acreditada sobre lo que allí sucedió durante esos años.

Historia de los Balcanes

Estamos preparando un artículo sobre la historia de los Balcanes a partir de la lectura de un lbro de un experto británico. Una pequeña aproximación a un espacio geográfico muy complejo y que algún autor ha tildado por comparación como “trampa” mientras otros en el siglo XIX hablaban del “enfermo de Europa”. Lo cierto, y aparece fantásticamente reflejado en esta obra, es que se trata de una zona que ha bebido de grandes y trascendentes influencias. Por ella han pasado tropas y administración romana (como parte hasta el siglo XV del Imperio oriental); burócratas, gestores, comerciantes… gentes de la “Sublime Puerta” (imperio turco-otomano); rusos (fundamentales en los procesos nacionalistas de la península, para la mayor parte de regiones pero especialmente para Serbia y Grecia); aristócratas llegados de centro-europa, que tuvieron y han tenido también un rol esencial en la aparición y desarrollo de destacados movimientos, incluso ostentando papeles de reyes en lugares como Bulgaria (casa de los Habsburgo, Imperio Austro-húngaro).

Y todo ello amenizado por ideas rupturistas y progresistas como las venidas desde Francia a finales del siglo XVIII y XIX, con la Revolución, Ilustración y el fenómeno bonapartista. O los cambios mentales y sociales ocasionados por la aparición de nuevos modelos económicos procedentes de las islas británicas. Mezclas, confrontaciones y superposiciones pasadas además por filtros porosos muy impregnados de profundas convicciones religosas de base musulmana, católica y ortodoxa.

Un cóctel, por lo tanto, complejo que encontró durante buena parte de su historia, sociedades básicamente agrarias, no especialmente bien comunicadas a nivel de infraestructuras ni con altos índices de alfabetismo; y con códigos internos de clanes muy particulares. Así, el escenario y panorama en aquella parte es heterogéneo y difícil pero también diverso, rico y apasionante.

 

 

En el número 03: monográfico sobre Sarajevo

El número tres de la revista será un poco distinto. En nuestro empeño por ofrecer cada vez más un producto periodístico y editorial más adecuado a lo que pensamos que nuestros potenciales lectores pueden demandar, hemos decidido que este número tres de la revista gire alrededor, en este caso, de un eje temático como es Sarajevo y los 20 años transcurridos desde el fin de la guerra de los Balcanes con los Acuerdos de Dayton.

Yacontamos con tres entrevistas que, junto a una serie de artículos, pueden ofrecer una buena visión de conjunto de cuál es la situación hoy en aquella ciudad y en aquel país. Para empezar un doctor en Ciencias Políticas por la UAB especializado en Bosnia nos dará una buena fotografía sobre cómo es la realidad allí a fecha de hoy y la evolución -o falta de ella- experimentada durante estas dos últimas décadas. La segunda entrevista, y una de las emocionalmente más intensas, es el relato de un cocinero establecido en Barcelona de origen craoto-bosnio que vivió la guerra siendo un niño en una ciudad de Bosnia meridional y que en 1999 tuvo que emigrar junto con su familia a Chicago, donde vivió durante quince años. Con él conoceremos su experiencia de todo aquello de primera mano pero también representará una buena oporunidad para descubrir las particularidades de la cocina balcánica -y de la bosnia, más concretamente-. La tercera persona con la que hablaremos dará una visión distinta de todo ello: un traductor catalán que lleva viviendo en Sarajevo más de cinco años. Nos permitirá acercarnos a esa urbe a través de unos ojos cercanos a los nuestros y explorar costumbres, tradiciones y relaciones que nos podrán sorprender.

Como complemento a estas tres entrevistas y para ofrecer una buena visión de conjunto ofreceremos artículos sobre historia de los Balcanes y de la guerra, haremos un pequeño análisi del contexto político y económico a fecha de hoy y también nos aproximaremos a los grandes atractivos que ofrece Sarajevo como ciudad y lugar extraordinario de encuentro de civilizaciones, culturas y religiones a lo largo de los siglos. Además abordaremos el éxito cosechado por su selección de fútbol en 2014 al conseguir clasificarse para la fase final del Mundial de Brasil’14. Algo que nunca había conseguido en su historia y que, al margen de los grandes combinados de larga tradición, no está al alcance de demasiados equipos nacionales.